viernes, 8 de enero de 2010

Aún es Navidad


Los tópicos y las inercias nos empujan hacia el vértigo de las rutinas que, siendo necesarias e incluso a veces sanas, nos sumergen en espirales de acciones que no siempre son las que nos gustaría vivir o no nos conducen adonde querríamos ir. Y que mejor mes que Enero (junto a Septiembre) para representar esto: rebajas, cuesta de enero, estrés posvacacional, y bla, bla, bla.


Pero resulta que no es humano dejarse arrastrar por las inercias. Menos aún para los cristianos que se supone que deberíamos haber cargado las pilas espiritualmente en Navidad. Quizá lo que nos pasa es que a veces no enchufamos nuestros cargadores espirituales en las fuentes de energía adecuadas porque hemos permitido que gente que no sabe o no vive lo mismo que vivimos nosotros nos haya usurpado nuestros valores y símbolos navideños.

Podríamos señalar varios casos sobre esto, pero dada la fecha de hoy me quedaré con el fin de la Navidad. ¿Cuándo acaba la Navidad para un cristiano? Sí, ya sé eso de que “todos los días es Navidad” o el refrán popular que dice que “hasta San Antón, -17 de enero- Pascuas son” (al que recurrimos para darnos tiempo a fundir los excedentes de dulces navideños acumulados en los salones de nuestros hogares). Sin embargo, la Navidad litúrgica acaba el primer domingo después de la fiesta de la Epifanía del Señor (6 de enero, ¡y fiesta de Navidad para los cristianos ortodoxos!). En esa fecha celebramos el Bautismo del Señor con todo el simbolismo que conlleva esta celebración como culmen de algo que indirectamente comenzó el primer domingo de Adviento cuando María, la madre del Señor, tuvo conciencia de que algo muy importante estaba gestándose en su vientre y en su vida.

Después de este domingo nos incorporaremos al tiempo ordinario pero con la fuerza no sólo de la preparación del Adviento, de la alegría propia de la Navidad, sino también de renovar nuestro compromiso bautismal que radica en disponer nuestra vida en virtud de la voluntad de Dios, es decir, contar con Él y hacerle saber que Él también puede contar con nosotros. Por eso, quizás, otra fecha de fin de Navidad es el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el templo.


Si después de esto todavía hay gente que en estos días quiere dejar el mejor hueco de su corazón a las rebajas o a la cuesta de enero, ya es problema suyo. Pero si miramos bien a los grandes símbolos y motivos espirituales y simbólicos de nuestra tradición cristiana seguiremos viendo cada día del año esa luz auténtica y especial de la que hablaba en mi felicitación de Navidad. Felicitación que sigo reactualizando dada su vigencia, pues ya sabemos que la Navidad, al menos para los católicos, aún no ha terminado. ¡Feliz Navidad!

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