lunes, 19 de julio de 2010

El retorno de Electra (II): simbolismo de los personajes

Electra es un drama simbólico en el que se pone de manifiesto la lucha entre la libertad y la reacción; entre el adelanto y la superstición; entre la verdad y la mentira entre el mal disfrazado de bien y la bondad humana que intenta romper las mallas de la suprema injusticia. Esta obra galdosiana sería “un himno soberano a la vida; a la vida como no la podrán comprender nunca los sombríos ‘pantojas’; a la vida eternamente renovada; a la vida que triunfa de todo; a la vida en que hay mucho mal, pero mezclado con mucho bien; a la vida que, contemplada desde ciertas alturas, sólo inspira una caridad ardiente y una universal indulgencia”.

Para entender mejor el contexto inmediato de Electra hay que saber que en el año 1900, estalló el caso Ubao en el que la prensa implicó a la opinión pública para dar mayor énfasis al ya de por sí controvertido suceso. Las crónicas cuentan que Adelaida Ubao e Icaza, menor de edad y heredera de una gran fortuna, ingresó en el convento de las Esclavas del Corazón de Jesús bajo la sugestión de los ejercicios espirituales de un jesuita, el P. Cermeño, y sin la autorización de su madre viuda.

El desarrollo de la narración dramática adquiere tintes de descripción de la realidad social en torno a cinco actos en los que se cuenta como un joven científico, Máximo, se enamora de Electra, y tiene que enfrentarse al siniestro Pantoja, que cree ser el padre natural de la muchacha y que, sintiéndose con derecho a condicionar su vida, pugna por recluirla en un convento. A partir de esta idea central, todos los personajes aportan su simbolismo en torno al eje central del personaje de Electra, centro y sentido de toda la obra. Así, ¿cuál sería el simbolismo de cada uno de los personajes?

En primer lugar tenemos a la protagonista Electra quien simboliza a España, a la situación social que se vive en ese tenso final del siglo XIX y comienzo del XX. Electra tiene inserto en su corazón lo que se ha dado en llamar el problema o los problemas de España. Además, no faltan otras opiniones que asignan a Electra, el simbolismo de la protesta y de la rebelión de la juventud contra toda tiranía que trate de oprimirla y sujetarla.

Junto al protagonismo de Electra encontramos dos alternativas principales que se le ofrecen como opciones de vida para encarar su futuro. El primero de ellos es Máximo, el joven científico que se enamora de ella. Su papel responde al rol de representante del liberalismo y del progreso científico. En Máximo, Galdós trata de recoger los valores de la libertad y del progreso, así como las contribuciones que los mismos pueden hacer para lograr la regeneración del país.

Salvador Pantoja representa sin duda los valores siniestros del jesuitismo y del oscurantismo. Presentado enteramente de negro, toda su figura evoca el signo negativo: mala salud, tristeza, fondo egoísta e hipócrita. Pero Pantoja simboliza ante todo le tenebrosa personalidad del salvador de almas que, apoyado en una ascética del converso, no repara en medios para lograr sus fines

El matrimonio García Yuste, tíos de Electra, representa a la alta burguesía heredera de la vieja aristocracia en declive. Habitan en un flamante y lujoso palacio, pero ello no puede ocultar la evidencia de su esterilidad social y de su falta de futuro, subrayada por la falta de hijos y por sus donaciones a las órdenes religiosas y sus inversiones en la bolsa. Evarista, la tía de Electra y, a los efectos, su madre adoptiva no es una mujer ni buena ni mala, sino que responde al modelo de lo que se consideraba en la época una beata sociable.

Leonardo Cuesta, que aparece como supuesto padre de la criatura y como corredor de bolsa de los García Yuste, quien fiel a su simbólico apellido de marcado carácter moral vive obsesionado por querer limpiar su conciencia con la ofrenda de la paternidad, llevando “a cuestas” la responsabilidad de sus desvelos por Electra o subiendo la “cuesta” que le supone sentirse como contrapunto de Pantoja.

Otros personajes como el marqués de Ronda y sor Dorotea han sido interpretados a partir del drama de Don Juan de Zorrilla. El primer, casado con Virginia (una beata doña Inés), parece haber sido catequizado por ella pero no lo suficiente como para evitar que su rebeldía propia de don Juan le empuje a aliarse con Máximo para rescatar a Electra. Por su parte, Sor Dorotea (el equivalente de sor Brígida y “regalo de Dios”, en griego), la monja que acompaña a Electra en sus días en el monasterio, se muestra como la víctima de los infinitos pantojas que nos rodean, pero logra jugar un papel destacado en el plan para liberar a Electra.

La sombra de Eleuteria, la madre natural de Electa, se aparece en la obra como la Verdad que iluminará el destino de felicidad de su hija, como la Verdad que destruye la obra inicua de la serpiente. Su irrupción ha sido interpretada como una proclama del “Dios está en todas partes” que recuerda que la religión y la vivencia de la libertad religiosa van más allá de las formas que siempre tratan de controlarla y manipularla. De ahí que el drama acabe simbólicamente con un grito liberador: ¡Resucita!

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