miércoles, 1 de septiembre de 2010

Las liturgias en el fútbol

La relación entre el fútbol y la religión ha sido considerada y estudiada por los sociólogos, los filósofos, los literatos y, también, por los teólogos. Es evidente que se trata de dos dimensiones que, sin ser idénticas, confluyen en el objetivo de trascender lo mundano para sumergirse en niveles más elevados de la realidad. Ninguno de los dos son absolutos pues el fútbol no deja de ser un juego o un negocio que dinamiza una pasión y la religión es una mediación dirigida a conectar con lo más espiritual del hombre, lo totalidad o lo totalmente otro.

Por ello, ambos contienen símbolos, signos y ritos que en ocasiones se articulan en forma de liturgias expresadas en celebraciones que no sólo reúnen a la asamblea sino que la hacen interactuar, le indican cómo actuar o cómo vestirse, y le proponen y suponen una serie de consecuencias para su vida más allá de ese mismo momento litúrgico.

Así, podemos hablar comparativamente de estadios y de catedrales (incluso de estadios que se denominan cariñosamente La Catedral), de cantos y de cánticos, de alineaciones y de salmos, de relatos e historias, de bufandas y estolas, de camisetas y de trajes de los domingos, de butacas y de bancos, etc.

Y esto, no es sólo una cuestión descriptiva sino también valorativa pues conviene no olvidar que igual que hay quien dice no captar ni ser influido por la fuerza de los símbolos, los signos y los ritos, lo que es indudable es que hay especialistas en emplearlos de modo poderoso, unas veces con fines enriquecedores y otras con fines manipuladores. ¡Hay que estar alerta ante la fuerza atractiva de los símbolos y sobre todo antes las intenciones de quienes los manejan!

Hace unos días, en Mónaco, organizado por la “iglesia” futbolística europea (la UEFA) se celebró la final de la Supercopa de Europa entre los dos campeones de las competiciones continentales. En el periodo previo al comienzo del tiempo de juego, se desplegó sobre el césped toda una batería de escenificaciones, desfiles y parafernalias de claro contenido “litúrgico” desde un punto de vista futbolístico. La interacción de los espectadores puso de manifiesto la eficacia de estas pautas de una forma sobrecogedora tanto en su dimensión positiva (la interacción humana y deportiva) como en la negativa (la alienación social y económica bajo una tapadera futbolística).

El fútbol ofrece hoy una riqueza litúrgica que expresa bien a las claras la necesidad que tiene el ser humano de ejercer su dimensión simbólica. A este respecto, en muchos aspectos puede ofrecer elementos de aprendizaje a otro tipo de liturgias (incluida la religiosa) a la vez que elementos de reflexión crítica sobre el uso de estas dinámicas. No es un tema menor y por tanto requiere la consiguiente atención.

Ah, por cierto, en Mónaco, siguiendo el tradicional y cuasilitúrgico deseo y saludo futbolístico, ganó el mejor.

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