jueves, 28 de octubre de 2010

Wikileaks da la razón a Francisco de Vitoria

La publicación de una serie de documentos clasificados sobre la guerra de Irak ha puesto de manifiesto la crudeza de una realidad tan dura como es un conflicto bélico. A la propia dinámica más externa de toda guerra puede ir asociada otra más oculta que resulta inaceptable desde cualquier punto de vista humanista y moral.

Esta simple afirmación no requiere de una gran dosis de sentido común o de sabiduría, sino que demanda que sea el sentido común y la sabiduría quien rija los designios de las principales actividades que afectan en cierta magnitud a los seres humanos. Nos guste o no, la guerra es una de ellas y por tanto incluso para una actividad tan destructiva e indeseable se requiere un mínimo de formación y de cultura que permita un saber hacer en planos tan importantes como el legal, el político o el moral.

En el siglo XVI, un fraile dominico, fray Francisco de Vitoria, haciendo gala de cierto sentido común y de una extraordinaria sabiduría escribió una interesantísima obra titulada Sobre la guerra. En ella aplicaba, en buena medida, la mayoría de los principios e ideas que habían abundado en su obra jurídico-teológica y que, en el tema que nos ocupa, puede resumirse en la siguiente sentencia: El hombre no es un lobo para el hombre, sino hombre.

Leyendo a Vitoria podemos entender que en todo en la vida, incluso para actuar como un lobo con los demás hombres, hay que procurar actuar con sabiduría, tratando de saber lo que se tiene entre manos. A raíz de las reflexiones de este dominico humanista se pudo distinguir entre el ius ad bellum -que analiza los posibles criterios que harían justificable el recurso a la guerra para solucionar un conflicto- y el ius in bello -que expone las normas básicas de la guerra-.

Lo que nos cuentan los documentos publicados en Wikileaks afecta más bien a esto segundo y a lo que su desarrollo histórico tradujo en forma de Convención de Ginebra. Entre esas normas en la guerra, destacan que no se cause destrucción innecesaria y que se respete el principio de inmunidad de los no combatientes.

En el fondo lo que está en juego es el fundamento humanista de los valores occidentales que han propiciado lo que hoy entendemos por Derechos Humanos. Ante quienes consideran que estos hechos deberían haberse camuflado porque suponen un balón de oxígenos para terroristas y extremistas, habría que oponer la invitación a hacer una autocrítica occidental que nos ayude a recordar por qué creemos en dichos valores.

Mientras eso ocurre o no, lo que está claro es que este caso de los sucesos desvelados por una filtración documental no dejan de dar la razón a Francisco de Vitoria. Y es que con su reflexión, propuesta hace casi cinco siglos, el dominico no cayó en un idealismo ingenuo sino que proclamaba la primacía de la sociabilidad humana frente al miedo cainista y el autoritarismo de las leyes absolutistas y totalitarias. Vitoria sabía perfectamente que donde hay amor no se precisan leyes, pero que a veces se precisas normas legales debido a la ausencia de amor. Dejar este tipo de situaciones al azar o al arbitrio del más fuerte, es tan absurdo e irracional como delegar el arte de la guerra a gente que no sólo no sabe de qué va la cosa, sino que ni siquiera es capaz de atisbar de lejos en donde radica la esencia de la dignidad humana.

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