lunes, 25 de abril de 2011

¡Aleluya, ha resucitado!

¡Feliz Pascua! Con el final de la Semana Santa, llegamos a la Luz de la Pascua y por fin podemos gritar radiantes que Jesús ha resucitado. Sin embargo, se trata de una profesión de fe, esperanza y amor que ha de tener consecuencias patentes y significativas en nuestras vidas.

Junto al clamor alegre por la resurrección de Cristo, en la noche pascual y en la consiguiente mañana de Resurrección brota de lo más profundo de las entrañas humanas una pregunta inquietante: ¿Realmente creo que Jesucristo ha resucitado?

Y esto no sólo de pensamiento, sino también de palabra y obra. Experimentar que Jesús ha resucitado es algo más que un mero ritual de cada año o un simple lavado de cara a nuestra vida y sus fundamentos. La Resurrección de Jesús es, para los cristiano, el acontecimiento central de nuestra fe y por ello contiene el potencial más que suficiente como para revolucionar nuestra vida y, como el grano de mostaza, poco a poco llegar a revolucionar el mundo entero. Este es el gran desafío del cristiano: convertirse a la revolución del Evangelio, vivirla y gozarla en primera persona y, finalmente, transmitirla compasivamente como el que se sabe portador de una Buena Noticia.

El día a día y las circunstancias de la vida determinarán hasta qué punto Jesucristo ha resucitado o ha revolucionado nuestras vidas. Si eres uno de los que ya lo ha experimentado, ¡Feliz Pascua! Si eres uno de los que está en el proceso de experimentarlo, ¡Feliz Pascua!

Si eres alguien ajeno al sentido profundo de lo que supone la revolución del Evangelio, también te invito a intuirla junto a los demás con la ayuda de una canción muy elocuente de la cantante mexicana Julieta Venegas y que precisamente se titula Revolución.

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