viernes, 1 de abril de 2011

Preguntas erróneas, respuestas desorientadas

Muchos filósofos y pensadores nos han puesto sobre aviso de la amenaza intelectual que suponen las preguntas erróneas a la hora de poder realizar una hermenéutica correcta y con ellas aspirar a lograr el máximo y mejor conocimiento posible de una situación o un problema. H. G. Gadamer, uno de los más célebres filósofos del siglo XX, nos ha ayudado a entender la profundísima dimensión de una pregunta inteligente, señalando aspectos como el reconocimiento de la propia ignorancia y de la ajena, el establecimiento de un marco de inteligibilidad del tema en cuestión, y la revelación de la esencia de la realidad que nos rodea y de las personas que procuramos desvelar el sentido último que está presente en ella.

A raíz de la crisis nuclear de Japón, Ulrich Beck, uno de los sociólogos más influyentes de la actualidad, ha señalado que plantear el debate sobre la energía nuclear en términos de todo o nada, es decir, o bien estar a favor o bien estar en contra de la energía nuclear es un enfoque erróneo. Su tesis se basa en el hecho de que renunciar a la energía nuclear no sólo no es una opción realista en sí misma dadas las necesidades energéticas del planeta sino también porque la oposición a la energía nuclear se fundamenta desde la ingenua aspiración de controlar el riesgo que este tipo de energía supone. En resumen, en su opinión la pregunta adecuada sería más bien plantearse en qué condiciones puede asumirse y se puede recurrir al uso generalizado de la energía nuclear.

Si traigo este ejemplo a la palestra, no lo hago para hablar de las bondades o maldades de la energía nuclear sino de la importancia del enfoque hermenéutico de un problema para asegurarnos de que todas las personas afectadas por el problema en cuestión estén bien informadas y las decisiones que se han de tomar en consecuencia sean las más idóneas.

Otros ejemplos de la actualidad como la polémica sobre las capillas universitarias podrían servir igualmente para ilustrar esta situación. Vivimos en una sociedad de la información y la comunicación que pudiendo ofrecer fácilmente datos y detalles relevantes sobre múltiples situaciones, con la misma facilidad también puede desorientar y manipular tal información y comunicación con preguntas erróneas que desvían la atención de la ciudadanía del auténtico fondo de la cuestión.

Hacerse preguntas y buscar respuestas forma parte de lo más profundo del ser humano. Tenemos, nos guste o no, que seguir haciéndonos preguntas. Y ya sean sobre la energía nuclear, sobre capillas universitarias u otras cuestiones, es prudente y, quizás más aún, sabio hacerlas con la suficiente inteligencia para orientarse hacia la verdad y no dejarse embaucar por otras distracciones e intereses paralelos.

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