lunes, 9 de mayo de 2011

Severiano Ballesteros o qué implica tener talento en España

Dice el sabio refrán: “El día que te cases saldrán tus faltas y el día que te mueras tus alabanzas”. No diría que en el caso del gran golfista español Severiano Ballesteros haya sido exactamente así, pero tampoco anda desorientado este refrán pues aunque el reconocimiento que obtuvo a lo largo de su vida fue notable, eso no fue óbice para que su trayectoria no estuviera salpicada de dificultades y algunos desencantos.

Por ejemplo, me vienen a la mente los lamentos que el deportista cántabro profesaba ante el periodista José María García porque no se había contado con él para ser portador de la antorcha olímpica cuando ésta pasaba por la puerta de su casa en su Cantabría natal.

Ballesteros fue un pionero y un profeta del golf que, como tal, tuvo muchísimo más éxito lejos de su tierra que en la suya propia. Las reseñas de obituarios en la prensa internacional son un buen ejemplo de ello. Es fácil, aplaudir a un grande cuando está en la cresta de la ola, pero el mérito de Seve es haber sido capaz de desarrollar su inmenso talento en un contexto adverso y todo ello sin dejar de creer en sí mismo y en disfrutar de su gran pasión consciente de que no sólo le beneficiaba a sí mismo sino también a mucha gente que le encantaba verle jugar. Quizás por eso declaró en una ocasión que su mayor éxito fue convertir el golf en un deporte popular.

En estos días de homenaje a Severiano Ballesteros, me han venido a la mente dos cosas: la primera, las imágenes jubilosas y geniales de sus golpes geniales en grandes torneos como el Open Británico y el Masters de Augusta (que mucho vimos de niños por televisión a altas horas de la madrugada); y, la segunda es el paralelismo de su vida y logros con los de otros grandes talentos de nuestro país. En concreto, me acuerdo de Ramón y Cajal y su libro Los tónicos de la voluntad, en el que expresa de forma apasionada su convicción de que es posible encauzar el talento en España y que éste depende más de la voluntad del propio sujeto que de las zancadillas y las excusas que uno pueda encontrarse.

No nos engañemos, en ocasiones nuestras querida España es país de envidias, cuchicheos y patetismo intelectual y cultural, pero la voluntad y la pasión del auténtico talento no son fáciles de frenar. Y si no, miremos el caso de Ballesteros: érase una vez un joven de Pedreña que se empeñó en vivir pegado a los palos de golf, llegando a lograr no sólo grandes triunfos sino a revolucionar el modo en que Europa entendía este deporte. El resto de su historia, convertida en leyenda, ya la conocemos y frente a ella todas las demás circunstancias, especialmente las negativas, son peccata minuta.


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