martes, 27 de septiembre de 2011

La España alcoholizada

Imagino que cuando Ortega y Gasset escribió La España invertebrada, no esperaba ni por asomo que años después y constatada la decepción de la República real respecto de la ideal que él soñó y apoyó, diría aquella famosa sentencia: “no es eso, no es eso”.

En un paralelismo lejano, aunque quizás no tanto, la decepción entre lo que realmente ofrecemos a los jóvenes en realidad y lo que deberíamos ofrecerles, se me escapa un lamento idéntico al orteguiano: “no es eso, no es eso”.

Como muestra me ceñiré al escandaloso ejemplo que nos ofrece el consumo de alcohol entre un amplio sector de la población juvenil española. "Balconing", botellones incívicos, consumo incontrolado, o suciedad intolerable son sólo algunos reflejos de lo que esta realidad esconde. Y algo de lo que se esconde en este fenómeno alcoholizante es la soledad, la impersonalidad o la incultura.

La primera se refleja en el abandono y la soledad que experimentan muchos jóvenes para quienes sus progenitores no tienen mucho más que ofrecerles que bienestar, que en ocasiones financia el carísimo vicio de gastarse decenas de euros semanales en alcohol. La impersonalidad se manifiesta fundamentalmente en expresiones como “sin beber no soy capaz de divertirme ni de expresarme tal y como soy”. La nueva fachada de la apariencia es la cortina de alcohol tras la que algunos jóvenes necesitan esconder su auténtico rostro del que seguramente no tienen por qué avergonzarse sino que más bien han de mostrarlo a los demás. Finalmente, la incultura se plasma en la incapacidad de un país en transmitir su cultura, que incluye el amor y el cuidado de un buen consumo de alcohol, especialmente de los vinos, y que se ha resignado a que esta cuestión se aproxime más a la barbarie que a la conciencia de saber lo que uno se trae entre manos.

No todo está perdido, ni mucho menos. Empezando por que no son pocos los jóvenes que no entran por la dictadura de este cliché alcoholizante ni tampoco son pocas las personas que no están de acuerdo con esta versión de la España alcoholizada. Veo que por la tele promocionan una campaña para sensibilizar de que el consumo de alcohol tiene sus riesgos. Algo es algo, pero de nuevo me temo que se echa de menos un mensaje más positivo: se trata de transmitir con pasión lo bueno de la vida y no de dejarlo a la inercia de la ignorancia y la dejadez. No es difícil, aunque el pudor de la sociedad por re-encauzar esta cuestión me avisa de que tampoco es cosa baladí. Mientras las instituciones públicas siguen moviendo ficha, lo mejor será que cada uno hagamos lo posible y lo imposible por cambiar esta versión indigna del consumo de alcohol. ¡Brindo por ello!

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