lunes, 1 de agosto de 2011

Y, de repente, Stiglitz

En boca cerrada no entran moscas y en la mía, nada más señalar que lo del 15-M estaba paradito pues resulta que resucitan las marchas, las acampadas y las asambleas. ¡Me alegro por ello y espero que sea para bien!

En algunas de esas asambleas ha resultado llamativa la presencia de una figura mundial como la del premio Nobel de Economía, J. Stiglitz. He de confesar que esta presencia ha suscitado en mí ciertas inquietudes que pueden resumirse en lo siguiente:

1. ¿Un Nobel de economía? Indudablemente el eco mediático y el apoyo moral que supone la simpatía de un premio Nobel de Economía por el movimiento 15-M es impagable, pero contiene algunas espinas. La primera es la jerarquía que el citado movimiento quiera dar a la economía y a la política. Entiendo que el 15-M aboga por un mayor protagonismo de la política por encima del determinismo económico que rige el modelo neoliberal, luego entonces, ¿por qué recurrir a un especialista en economía? La segunda consiste en que por muy válida que sea la postura de todo un premio Nobel de Economía, no podemos olvidar que la verdad de la economía es una verdad científica y que por tanto esta sujeta a los valores por los que se rigen los economistas que la propugnan. ¿Coinciden los valores fundamentales de Stiglitz con los del movimiento 15-M? Más abajo hablaremos de ello.

2. “Yo a ti te conozco”. Stiglitz es un personaje célebre. Lo suficiente como para conocer sus méritos pero también otros aspectos de su biografía intelectual (la personal, obviamente la dejamos para su intimidad). Personalmente no sabría explicar muy bien el resumen del trabajo que le llevaron a merecer el Premio Nobel, pero sí conozco algo de sus críticas al modelo neoliberal y a sus proyecciones nefastamente globalizadoras. Y puedo decir que, en general, estoy de acuerdo con ellas. Sin embargo, la figura de Stiglitz es también conocida por otras actividades. De hecho es probable que mucha gente le conozca por su relación de colaboración con el PSOE, especialmente a través de la Fundación Ideas, vinculada al partido. Lógicamente, las preguntas vuelven a suscitarse: ¿para Stiglitz ha de primar la política sobre la economía o viceversa?; ¿se puede estar de acuerdo en los puntos más fundamentales con las dos partes de un litigio, léase partido en el gobierno y movimiento de indignados?

Dejo las posibles respuestas a juicio de cada cual y al paso del tiempo que, seguramente, nos ofrecerá nuevas claves de interpretación. No obstante, con Stiglitz o sin él, me atrevo a sugerir un desafío que el movimiento 15-M debe considerar cuanto antes. No existe denuncia honrada sin asumir el riesgo a proponer un anuncio alternativo a lo que se está denunciando.

Así pues, sería deseable conocer una propuesta lo más concreta posible de lo que el movimiento 15-M ofrece a la democracia española. Y para ello sería conveniente que reconsidere su postura acerca de ofrecer un cauce político que permita al pueblo español pronunciarse sobre la aceptación que obtiene dicha propuesta. ¿Veremos en breve una opción política que incluya en un programa electoral básico una serie de aspectos propugnados por el 15-M y deseados por muchos españoles, condicionada al único plazo de la puesta en ejecución de las mismas? Estaría bien, no sólo por su interés político, sino también porque no hacerlo es marear la perdiz y en estos tiempos de confusión y depresión los españoles no estamos para más bandazos.

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