jueves, 6 de octubre de 2011

La aventura de casarse

Si la vida en sí misma es una gran aventura, entre sus partes más apasionantes se puede incluir sin ningún género de dudas la aventura de casarse. Como tal, cualquier intento de imaginarlo, proyectarlo o controlarlo es nimio en comparación con la espectacularidad de su auténtica dimensión.

A ello se une que cuando un buen proyecto de pareja desemboca en un buen proyecto matrimonial la potencialidad del mismo se multiplica por muchísimos enteros. Casarse no es sólo una experiencia humana fundante (y para muchos fundamental) sino que en mi caso personal ha supuesto dar valor a cosas que uno ya había incorporado en su vida, a la vez que ha dinamitado definitivamente prejuicios erróneos que el ruido mediático vierte acrítica e irresponsablemente sobre el matrimonio.

Donde se vende la imagen de una relación marcada por los desencuentros y las dificultades, el paso del noviazgo al matrimonio supone un salto de calidad que sólo puede experimentarse cuando uno lo hace por sí mismo y en compañía de la persona amada.

Donde se duda sobre tradiciones, liturgias y ritos porque presuntamente atenazan la libertad de los individuos, allí, precisamente ahí, he encontrado la fuerza, el aliento y la libertad que da sentido al matrimonio.

Donde se insinúa que la gente acude sin preparación ni concienciación al matrimonio, me he encontrado gente honesta que acude a cursillos y charlas preparatorias con el corazón en la mano y las ganas de compartir en pareja y con los demás las ilusiones y los temores que tal paso les plantea.

Donde esperaba encontrar cariño, generosidad y presencia, he encontrado familiares, amigos y conocidos que han superado superlativamente las expectativas creadas y me han regalado una gran dosis de afecto que me invita a devolverlo con la misma gratuidad con la que lo he recibido. ¡Qué alegría saber de primera mano que la gente de siempre estará a tu lado siempre!

Donde esperaba recibir el aliento de Dios, no sólo lo he encontrado sino que he experimentado su gracia con una intensidad tal, que hoy puedo expresar mejor lo que supone un sacramento entendido como signo visible de la presencia de Jesucristo en mi vida o como encuentro con Dios.

Y, lo mejor de todo, es que la aventura de casarse no ha hecho si no empezar y el gran gozo es saber que cada instante y cada experiencia del camino la vas a compartir con alguien muy especial. Con esa sensación indescriptible, uno puede sentirse ilusionado con los regalos que le tenga preparada la vida y sentirse preparado para las adversidades.

Por si no ha quedado explicado claramente, me permito ayudarme de este vídeo que os invito a mirar.

1 comentario:

  1. Ese vídeo que pones al final se lo ponen mis padres a las parejas que van a los cursillos prematrimoniales.
    La verdad es que es un resumen muy bueno sobre lo que en realidad es el matrimonio.
    Como ya te dije el domingo, ¡mi más sincera enhorabuena, Miguel!

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