lunes, 19 de diciembre de 2011

Jugar con la gente

¿En qué se parecen la publicidad y el anuncio del Evangelio? Aparentemente en nada, pues una tiene una finalidad marcadamente comercial y el otro es de carácter religioso. Sin embargo, ambas ofrecen algo que pudiendo ser claramente beneficioso para sus interlocutores, puede llegar a ser algo engañoso si no cumplen con su auténtico cometido.

Este aspecto que puede darse de modo accidental o no intencionado, tiene su peor versión cuando se produce de forma maliciosa, manipuladora o incluso dolosa. Esto es así, porque sea con un fondo comercial o religioso (o el que sea), no es de recibo jugar con la gente y con lo que las define (sus sueños, sus ideales o, sencillamente, con sus necesidades materiales o espirituales).

Un ejemplo de esto, ocurre con la última campaña de Movistar, de la cual me siento incapaz de juzgar su intencionalidad, pero de la que me quedan pocas dudas de que ha ofendido y decepcionado a mucha gente. En dicha campaña no sólo se tergiversa el espíritu del movimiento 15-M, sino que se hace de una forma tan chabacana y facilona que me consta que mucha gente se ha llegado a sentir molesta. Por ello, tanto los publicistas como los responsables de la compañía podrían dedicar unos minutos a hacer un simple sencillo de autocrítica por su bien y por respeto a sus clientes. Y de paso, a raíz de la versión navideña de su anuncio, si no es mucho pedir, podrían revisar su comprensión de la Navidad como algo mucho más que un chanchullo comercial con elementos horteras extraídos de una visión infantilista del sustento religioso que la motiva.

Igual el lector puede pensar que estoy exagerando o que estoy muy enfadado (de hecho, mientras escribo esto, aparece un anuncio de Coca-Cola en la misma línea de lo que aquí critico), pero si es así o no es lo de menos: lo importante es cómo se siente la gente. Y prueba de ello es que algunos se hayan decidido a hacer un contra-anuncio que os adjunto a continuación. ¡Cosas de atreverse a jugar con la gente!



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