lunes, 23 de enero de 2012

Principio básico del ecumenismo

El horror de las persecuciones religiosas en estos días, especialmente en Nigeria, tiñe de luto y de sinsentido la celebración de una semana ecuménica como la del Diálogo por la Unidad de los cristianos. Aunque el problema responde al ecumenismo en sentido amplio o diálogo interreligioso, y la celebración ecuménica se refiere al ecumenismo en sentido estricto, lo traigo aquí para apelar a un principio básico del ecumenismo.

Este principio, junto al criterio de verdad y de espiritualidad que defienden la auténtica dimensión del ecumenismo por encima de falsas unidades logradas a cualquier precio, no es otro que el supremo respeto de la libertad religiosa y de cualquier derecho humano para evitar que queden hipotecados por una falsa concepción de la religión, especialmente la que emana de los radicalismos.

Una entrevista a un arzobispo y a un imán nigerianos denuncian algo de esto al proclamar que “Nigeria no se puede romper en dos países o bloques religiosos”. Se trata de una denuncia elemental, pero que no puede quedarse en lo político sino que llega hasta lo moral como dimensión que puede tomar parte de lo teológico. Ni más ni menos, pues sólo así la oración de Jesús puede cobrar su auténtico sentido: “Que sean uno”.

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