domingo, 1 de abril de 2012

Iglesia y reforma laboral

En estos días de agitación sindical y política, en la mente de muchos creyentes y de algunos no creyentes ronda la pregunta acerca del posicionamiento de la Iglesia ante esta polémica y compleja problemática de la reforma laboral. Responder a esta pregunta no es sencillo por el simple hecho de que la Iglesia es plural y su manifestación no escapa a esta realidad, tal y como se ha puesto de manifiesto, ni en sus formas ni en su fondo lo que no implica que su propuesta doctrinal sea más que concreta: la Doctrina Social de la Iglesia.

En lo que a las formas se refiere, es conveniente recordar que la Doctrina Social no sólo se desmarca de cualquier ideología, sino que se enfrenta decididamente a ellas cuando considera que atentan de manera inequívoca contra los valores fundamentales del Evangelio. Es por ello que en estos días hayan podido despistar los malentendidos entre algunos arzobispados y algunas comisiones y asociaciones eclesiales especialmente implicadas en cuestiones de moral social (como HOAC y JOC, con la economía y las relaciones laborales entre sus principales preocupaciones). Tanto en las reflexiones y escritos de dichas asociaciones como en la forma de corrección episcopal se han podido percibir posicionamientos ideológicos que son inaceptables por superponerse a algo que nunca puede ser reducido a una idea: el Reino de Dios.

Sin embargo, sin salir del propio ámbito episcopal, y con ello me refiero más a las cuestiones de fondo, en estos días hemos podido escuchar el valiente posicionamiento de D. Antonio Algora, obispo de Ciudad Real, que ha realizado un clarividente análisis que, en mi humilde opinión, cumple con dos requisitos que son esenciales: desmarcarse de la tentación ideológica y apelar al magisterio de la Doctrina Social de la Iglesia, consciente de que sus enseñanzas no son improvisaciones sino lecciones que han superados serios exámenes vitales durante años y en condiciones tan o más complejas como las que vivimos ahora. Quizás la mejor prueba de que D. Antonio lo ha hecho bien radica en que en su planteamiento ofrece argumentos de la DSI y los barniza de un talante teologal y dialogante de tal modo que logra que los medios de comunicación afines a las ideologías políticas mayoritarias se revuelvan entre molestas e inquietas.

Para terminar sólo queda añadir un aspecto fundamental para el humanismo cristiano y que no es otro que elevar a la persona a la máxima expresión de relevancia en el marco de la moral social y económica. Cuando hablamos de reforma laboral se habla más de déficits, derechos y recortes que de personas (entre las cuales hay trabajadores y empresarios) con nombres y apellidos, con necesidades y posibilidades,... personas que en su dimensión espiritual y ética tienen mucho que decir y que esperar. Y ahí es donde la Iglesia ha estado, está y estoy convencido de que estará.

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