jueves, 20 de junio de 2013

100 días del papa Francisco

Pasando por una cafetería con una gran pantalla de televisión, vi el titular de la fumata blanca y el nombre del cardenal Bergoglio y un sentimiento de curiosidad me invadió como supongo que lo hizo con los corazones de tantos y tantos católicos en el mundo. Hoy 100 días después de aquel momentos, esa curiosidad se ha visto correspondida por una serie de rasgos que paso a enumerar:

1) Un papa que expone y que se expone. Las intervenciones del papa son bastante sencillas en el sentido de que, en el fondo de las misma no radica su novedad, sino en el hecho de hacerlas con sencillez, con humildad y con afecto. En este sentido, el papa se vuelve cristianamente vulnerable y eso, aparte de poner de los nervios a su escolta, está rompiendo esquemas mentales a mucha gente tanto intra como extraeclesialmente. Y además lo hace sin alardes y sin dejar en evidencia a sus antecesores o a otras instancias eclesiales (tal y como es y como debe ser, por otra parte, pues la Iglesia es una y actúa desde la unidad esencial).

2) Volver a lo fundamental. Si hay algo que define el mensaje preferencial del papa Francisco es que va a lo fundamental (al Evangelio) y lo pregona sin negociaciones ni rebaja alguna. Supongo que la razón es obvia: lo fundamental no admite disquisiciones que lo puedan diluir. Este discurso fundamental (que no fundamentalista) llega al corazón de la gente y transmite una ilusión especial porque quien lo pregona se compromete y ese compromiso del papa, llega como una bocanada de aire fresco a mucha gente que la esperaba.

3) De abajo a arriba. Mucha gente destaca los gestos y la cercanía del nuevo papa. A imagen de Pío IX parece tratarse más de un párroco que de un pontífice. No obstante, se puede interpretar en esta postura de Francisco una opción mucho más eclesiológica y que consiste en que siendo fundamentalmente obispo de Roma, Francisco logra ser de manera más auténtica papa de la Iglesia católica. Y es que en temas de cercanía el orden de los factores sí altera el producto.

4) Un papa de todos y para todos. Es más que destacable la delicadeza que el papa está teniendo con todos los sectores eclesiales, incluso con aquellos a los que corrige. Sus palabras y sus obras han logrado llegar a los jóvenes, a los ancianos, a los tradicionalistas, a los que se consideran progresistas, etc. Y entre esos sectores, me han llamado la atención sus referencias directas a la curia y, especialmente, a la vida religiosa. En sus intervenciones hay un elocuente signo de implicación y de autocrítica que es loable por su complejidad y por su relación con dichos sectores.

5) Animado por el coraje evangélico. No quisiera terminar si mencionar que el papa está siendo firme tanto en la misericordia como en la corrección fraterna. No le tiembla el pulso ni para acercarse a la miseria humana y al pecador, pero tampoco ahorra energía alguna en señalar la raíz del mal que está afectando a personas e instituciones. El cristianismo siempre ha sido cuestión de valentía y en este sentido, la implicación del papa en estos 100 días, me parece la guinda a una presentación de un pontificado que está llamado a dar mucho fruto. Quizás por eso, muchos somos los que hoy, 100 días después, pensamos “¡Ché, Francisco, que bueno que viniste!”

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