lunes, 17 de junio de 2013

Inocencia interrumpida

Tanto en el plano más personal como en el más mediático, me he topado con las sonrisas truncadas de personas que por diversas razones, entre las cuales está la traición de sus expectativas más vitales por parte de personas en las que confiaron mucho, han sufrido un duro traspiés en sus vidas.

Esta experiencia desgarradora puede expresarse como una pérdida madura de la inocencia, pues nunca se pudo llegar a pensar que la traición, la injusticia y la mentira pudieran emponzoñar de tal manera algo que en lo más profundo del corazón humano está llamado a ser colmado por la fidelidad, la justicia y la verdad.

Esta experiencia de pérdida de la confianza en la condición humana puede encontrar su sentido en la misma capacidad humana para levantarse y enfrentarse a la realidad hasta ser capaz de dotarla de sentido. Sin embargo, para el creyente, para el cristiano, esa conexión con la propia opción de sentido conecta de modo absoluta con la presencia cercana, amorosa y misericordiosa de Dios que más allá de cualquier otra visión declara de manera justa y providente la justificación y la inocencia de la víctima dolorosa, dañada o perjudicada.

“El justo vivirá por su fe” - se dice en el libro del profeta Habacuc (2, 2-4)- y es ese anhelo de henchir su alma de la justicia de Dios, el creyente confía y espera que la acción de Dios es la que puede propulsar nuestra humanidad a rehacer la vida por encima de las acciones ignominiosas e hipócritas que a veces anidan en algunos corazones.

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