martes, 24 de diciembre de 2013

Migrar hacia Dios

Navidad es ante todo misterio de Encarnación y por ello es difícil experimentarla y sentirla plenamente si no la vivimos en nuestras propias carnes. Podría decirse que no es posible conectar con la dimensión divina de la Navidad si no nos implicamos antes con su dimensión humana. Y uno de los hechos más humanos de la Navidad es que la familia de Nazaret se ve obligada a emigrar: ¡la llamada Sagrada Familia es una familia de emigrantes y refugiados! Y esto, ¿qué puede aportarnos hoy en nuestra Navidad de 2013?

1. No hay Evangelio ni Navidad sin caridad. Aunque no es necesario apoyarse en argumentos de autoridad como la Escritura (1 Co 13) o el reciente recordatorio del papa Francisco en su última Exhortación Apostólica Evangelium gaudium, lo cierto es que esta observación es más que evidente y muestra la certeza de la conexión entre Encarnación y Navidad con la honestidad del creyente. En este sentido, puede decirse que en la fe y en la verdad, la honestidad es clave y la fe, la verdad y la Navidad son para vivirlas más que para gestionarlas simplemente.

2. ¿Quién es emigrante y quién es inmigrante? A raíz de lo anterior, la realidad de la inmigración es más que un problema social, moral o económico. La inmigración es, principalmente, un problema humano y, como tal, nos vuelve a remitir a la honestidad. Porque si somos honestos, al conectar nuestra existencia con respecto a
Dios, podemos preguntarnos si somos emigrantes o si, por el contrario, somos inmigrantes en relación a Él. En la doctrina cristiana se nos pregona que venimos de Dios y a él debemos volver. Sirva entonces esta afirmación para entender que respecto a Dios y respecto a los demás somos a la vez emigrantes e inmigrantes y esta profunda experiencia humana, de honda raíz antropológica y teológica, puede servirnos de estrella para vivir honestamente la Navidad.

3. Vivirlo en primera persona. No es sencillo entender lo que realmente significa la Navidad. ¡Quizás es que sea imprescindible vivirla para poder entenderla! Igualmente ocurre con la inmigración. Sería facilón y sensacionalista utilizar los terribles ejemplos que en este año hemos vivido en Lampedusa, Italia, para hablar de migración y Navidad (¡y no por falta de elocuencia de lo que debo decir!), pero mi intención quiere apelar a algo más personal. El punto de conexión de Navidad, honestidad y migración es la experiencia de vivir en uno mismo lo que supone la experiencia de tener que dejar todo lo que tienes por obligación para poder soñar con un futuro. Ahora que en algunos países volvemos a recordar en nuestras propias carnes qué es ser inmigrante, paradójicamente, podremos entender mejor qué es Navidad. Para expresar musicalmente esto, adjunto un enlace a la canción En tierra extraña, interpretada por Concha Piquer y cantada con mucho sentimiento desde su propia experiencia personal.


Moraleja: No es posible vivir la fe y la Navidad, sin honestidad. La propia historia de Navidad nos propone una dinámica de migración que debe ser surcada para poder entender lo que realmente significa. El misterio de la Encarnación nos enseña, entre otras cosas, esto: Dios emigra de su condición divina para ser un inmigrante de la condición humana. Pero ni siquiera eso basta si no se vive y experimenta en la propia vida del creyente, lo cual devuelve a la persona a la pregunta última por el sentido no sólo de la Navidad, sino de la fe y de tantas cuestiones relevantes de nuestra existencia.

¡Feliz Navidad, predicaseguidores! ¡Feliz Navidad a todos!

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