lunes, 17 de marzo de 2014

Una Cuaresma con San Agustín (I)

La lectura de algunos extractos de los Sermones de San Agustín me inspiran una visión concreta para la Cuaresma. Siguiendo los parámetros de la oración, la penitencia y el ayuno-limosna, se nos propone un itinerario espiritual y concreto para la Cuaresma.

Comenzaremos con la oración, apoyándonos en la experiencia gozosa y amorosa que de Dios tiene, a través de la misma, el santo de Hipona. ¿Cómo lo explicaría hoy San Agustín?

En primer lugar, la oración es el sonido de Dios en nuestra intimidad. Si bien esta resonancia es un doble eco pues, como es sabido, para Agustín, Dios es más íntimo para nosotros mismos que nuestra propia intimidad. Es por ello, que la Cuaresma nos ofrece un tiempo propicio para escuchar lo que verdaderamente tiene un poso en nuestros corazones, de modo que podamos mantener lo bueno y cambiar lo menos bueno.

También, la oración es comunicación del aliento divino, en forma de fuerza espiritual y de gracia para afrontar los retos de nuestra existencia. En este sentido, Agustín hace una recomendación precisa: "Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas" (Sermón 43). Oración y gracia son así dos polos de una corriente continua entre el creyente y Dios que nos impulsa, más allá de las tentaciones, al encuentro de la salvación.

Finalmente, la oración es expresión gozosa de acción de gracias por la vida. Ello no obsta para que en ocasiones la oración pueda ser de petición ante situaciones difíciles y dolorosas, pero el trasfondo es un contexto de alegría existencia por saber que uno no está solo y que Dios siempre nos acompaña en todo momento. De esta forma, podemos entender la famosa sentencia agustiniana: “El que canta, ora dos veces”. Es el canto orante de quien se sabe en sintonía con uno mismo y con el plan salvífico de Dios.

Este último pensamiento me remite al hecho de que ocurre igual para todos los creyentes y por eso muchas veces es deseable unirse a la oración comunitaria. Todas las oraciones conforman así una plegaría en concierto que expone la vida de la comunidad ante los brazos acogedores de Dios. Orando, cantando, viviendo... vamos mostrando nuestro anhelo de caminar al encuentro de Dios.

Para ilustrar este sentimiento, he querido recordar la canción Yo canto de Laura Pausini, que dejo aquí en vídeo adjunto en su versión del concierto en el estadio de San Siro en Milán. Quizás verlo cantando su estribillo, pueda ser una forma de profundizar en el objetivo pascual que rige la Cuaresma: “Yo Canto / La vida entera canto / La primavera canto / Rezando tambíen canto /Alguien me escuchará / Quiero cantarle / Siempre cantarle”.

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