martes, 25 de marzo de 2014

Una Cuaresma con San Agustín (II)

La dinámica de conversión propia de la Cuaresma nos permite analizar lo que estamos haciendo bien y lo que podemos cambiar y mejorar en nuestra vida. Querer cambiar y no poder es una limitación, pero poder cambiar y no querer es un error, un pecado en terminología religiosa, que pese a su estupidez, sí que tiene el perdón de quien no se cansa nunca de apelar a la misericordia en pro de la redención. Y es que si uno no es capaz de percibirse a sí mismo con misericordia, es posible que tenga hermanos cerca que lo hagan y, en el terrible caso de que tampoco los haya, siempre queda la incondicional presencia de Dios.

En el perdón cristiano suele ser relevantes la mirada del prójimo, la intimidad de Dios y, especialmente, la propia conciencia. Cuando San Agustín nos enseñó aquello de que Dios nos es más íntimo que nuestra propia intimidad, conectó de modo entrañable la verdad, con la conciencia y con la salvación. Por eso, el perdón es una cuestión de verdad, de conciencia y de salvación.

Esta intuición es refrendada por San Agustín en otra ocasión con las siguientes palabras: "Tú estás seguro, has pesado bien los pros y los contrae, estás seguro de que es él quien ha pecado contra ti y no tú contra él. «Si dices, estoy seguro». Que tu conciencia descanse tranquila en esta certeza. No vayas a buscar a tu hermano que ha pecado contra ti, para pedirle perdón; te basta con estar presto a perdonar de corazón. Si estás dispuesto a perdonar, ya has perdonado. Te queda todavia pedir a Dios por tu hermano". (SAN AGUSTIN, Sermón 211, sobre la concordia fraterna).

Sirva esta propuesta agustiniana para reafirmar nuestro anhelo cuaresmal de querer cambiar nuestra vida a mejor. Nuestra disposición y nuestra voluntad son esenciales, pero ello no puede ser obstáculo para tener como objetivo último experimentar la gracia divina. Es por ello que el perdón nos invita a abrirnos a los demás y entre ello, el gesto hacia uno mismo ,hacia los hermanos y hacia Dios es fundamental. Hoy, subrayo este último, los otros son el siguiente punto de reflexión cuaresmal.

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