viernes, 26 de diciembre de 2014

Navidad contextual

En una felicitación navideña que entregaba a los alumnos de mi tutoría de Bachiller, incluía la siguiente frase: “Hay dos tipos de Navidad: las que tienen en cuenta a Dios y las que lo excluyen”. Sirva este punto de partida para realizar un acercamiento a la Navidad que no se deslice por los derroteros de la ñoñería o lo espiritualmente correcto.

Llama la atención la frecuente dificultad que muchos hombres y mujeres contemporáneos tienen/tenemos para gestionar la Navidad. Cierto es que mucho de esto tiene que ver con el consumismo, con las complejas relaciones familiares, con la adicción al trabajo y otros muchos factores, pero todos ellos son, en mi opinión, secundarios y accidentales, respecto al único factor decisivo de la Navidad que no es otro que el espiritual y su conexión con el Absoluto, esto es, con Dios. Y esta situación conlleva tal profundidad que no sólo afecta a los creyentes sino que tampoco excluye a los ateos e increyentes, y de ahí la magnitud de este malestar.

Espiritualidad y Navidad, o espiritualidad navideña, como toda espiritualidad auténtica no es lo que a uno le gustaría que fuese sino lo que realmente es /lo cual, por cierto, no es fácil de discernir). Y es ahí donde aparece Dios o, mejor dicho, es a partir de ahí desde donde tenemos que empezar a rastrear las huellas de Dios en nuestras vidas. Visto o leído así, no es extraño que el hombre contemporáneo experimente tanta dificultad para vivir la Navidad. Es por ello que me parece urgente la recuperación de una propuesta navideña que sea contextual.

Y, ¿en qué puede radicar dicho contexto? Se me ocurren algunos enfoques pero, sin duda, el más universal es el antropológico, entendiendo por tal, el que es capaz de hacer que cada persona pueda verse reflejada en el espejo experiencial que se le ofrece en la propuesta navideña original. Dicha propuesta nos remite a la antropología bíblica y a situaciones tan humanas como los sueños, el conflicto entre los planes personales y los planes comunitarios, la riqueza de la sencillez, la importancia de las promesas y del sentido, la adoración como consecuencia del reconocimiento de algo grandioso, etc.

En esta Navidad 2014, mi reflexión y mi ejercicio espiritual es profundizar, rezar y vivir desde esta clave contextual del misterio navideño. Ojalá que los frutos de la misma sean como la estrella que guía los pasos hacia el objetivo último de la Navidad que es conectar con el otro gran misterio cristiano: la Pascua.

domingo, 13 de julio de 2014

La traición de las creencias

Apelando a la célebre distinción orteguiana entre ideas y creencias, de un modo superficial por querer ser más directo al precio de ser menos preciso, últimamente me llama la atención el daño que algunas creencias de la sociedad actual está causando en personas, hombres y mujeres de carne y hueso. Ortega nos avisa de que recurrir exclusiva y acríticamente a las creencias puede sobrellevarnos a un estado de alienación que degenera en una vida inauténtica (nombre que Ortega da al fracaso y a la inmoralidad).

El bombardeo absolutista al que nos someten ciertas ideologías dominantes hacen pagar un alto precio personal y existencial a personas, entre las que se incluyen gentes con formación y espíritu crítico, que pese a todo ceden al empuje teórico de la ideología aunque la obstinación de la realidad les lanza constantes señales de que la opción adoptada es errónea.

Traigo como ejemplo el caso de la maternidad/paternidad (más el de la maternidad, por razones contemporáneas patentes) y la inmensa cantidad de personas que han hipotecado o sacrificado su proyecto vital en aras de una visión ideológica que por muy atractiva y poderosa que se muestre en lo teórico, acaba haciendo aguas en lo práctico y estrictamente vital. Es cada vez más notorio el número de personas que se lamentan de esta situación: parejas o individuos que apuran sus opciones de ser padres/madres o personas que se encuentran solas o simplemente han sacrificado su vida personal en el altar de su vida profesional, son los casos más frecuentes.

Más allá de esta denuncia, que puede ilustrarse con otros muchos ejemplos, se proyecta otra más profunda que señala a aquellas víctimas de la ideología que de modo consciente o inconsciente, persisten en la defensa vehemente de sus creencias, erigiéndose en portavoces y colaboradores de la misma. Es este caso el ejemplo de la traición de las creencias, pero mucho peor aún, de la traición de uno mismo y de la verdad radical que, como diría Ortega, reside en la vida.

En esas encrucijadas vitales, tiene su frontera preferencial la gracia y en ellas ha de hacerse manifiesta su presencia en la acción evangelizadora de la Iglesia, tal y como ha preconizado la Doctrina Social de la Iglesia.

lunes, 23 de junio de 2014

Una visión idealista de Felipe VI

No hace falta ser un gran conocedor de la filosofía ni de la política para saber que su relación nunca ha sido fácil. Al contrario, ha sido una relación más bien tormentosa e incluso antagónica. De hecho, podría decirse que la filosofía vive de su amor por la sabiduría y por la verdad, mientras que, desgraciadamente, la política (“con minúsculas”, como diría Ortega, precisamente una de las víctimas más ilustres de esta relación) se nutre de la ignorancia y de la mentira. En definitiva, mientras la filosofía busca ahondar en el meollo más auténtico de la cuestión, la política se recrea en el recurso a las etiquetas y a los prejuicios equívocos.

Sin embargo, lo más apasionante de esta relación es que ambas dirimen sus fuerzas en el inefable terreno de la realidad, donde la política esgrime la potencia de su dialéctica mediática frente a la obstinación crítica y discrepante de la filosofía que, casi más por anciana que por sabia, es capaz de esperar pacientemente los frutos de su reflexión.

Precisamente, en el juego mediático propuesto a partir de las etiquetas republicana y monárquica, que trata de mantener a los ciudadanos distraidos y apasionados, surge un rayo de luz filosófico esbozado hace más de 2400 años por Platón, otro filósofo que fue víctima de sus escarceos con la política. ¿Quién hubiera podido sospechar que la teoría política de Platón podría contribuir varios siglos después a ofrecer una visión más serena, mejor dicho idealista -en honor a su pensamiento-, del acceso al trono del rey Felipe VI?

Sin duda, el rasgo más característico de la filosofía política platónica es su propuesta de una aristocracia intelectual. Si hay algo que Platón tenía claro desde su perspectiva idealista es que quien aspirase a ser el filósofo-rey no sólo había de ser capaz de serlo sino que había de involucrarse en un proceso formativo que garantizara y procurara tal capacidad. Así, en el ciclo educativo que tenía en mente el filósofo ateniense, el gobernante había de estar preparandose para su tarea durante treinta y cinco años que se desglosaban de la siguiente manera: los veinte primeros procuraban una formación elemental que recibían quienes formasen parte de la clase ciudadana y militar recibiendo una cultura física, moral e intelectual; los diez posteriores procurarían una selección de candidatos a gobernantes en función de materias como aritmética, logística, geometría, astronomía, entre otras; y, finalmente, los últimos cinco años concedían el auténtico poso de un gobernante en virtud del estudio de la dialéctica.

Este aspecto es decididamente relevante en la actualidad hasta tal punto que ni los detractores de la monarquía ignoran que es un factor diferencial respecto a los posibles candidatos a una supuesta presidencia republicana -pues ninguno de ellos podría avalar una preparación tan completa y adecuada para la función- ni los partidarios más afines a Felipe VI (como la infanta Critsitna y su marido Iñaki Urdangarín) e incluso el propio interesado han dejado de recordarnos que el único destino de la preparación a la que había consagrado su vida era llegar a desempeñar la función para la que había sido designado no sólo dinástica sino también constitucionalmente.


Pero ésta no es la única analogía con el pensamiento político de Platón, aunque sí la más directa. Otras son más colaterales, como la que habla de la condición mixta de la enseñanza y que en condiciones normales establecería de modo teórico el acceso de una mujer a la función gobernante, cosa que en el caso de nuestra monarquía parlamentaria se encarnará en la futura sucesión prevista.


Sin embargo, el último guiño platónico viene de la mano de la postura más idealista de Platón en su pensamiento político y que va asociada a su interpretación de la historia que en coherencia con su estilo de pensamiento considera que la historia va a peor y, dentro de ella, la política no es una excepción. Desencantado por su experiencia política con el tirano de Siracusa, Platón explica que todo sistema político pasa por un ciclo degenerativo que va desde una Edad de Oro a otras etapas o estados menos interesantes. De esa explicación podemos extraer dos detalles muy significativos. El primero es que aristocracia y monarquía van de la mano ya que entre los mejores, el monarca es el uno, el mejor. Si el monarca ejerce bien su gobierno, estará a la altura aristocrática de su función. De lo contrario, el ciclo degenerativo se pondrá en marcha y sobre él se cernirían serias amenazas que se han comprobado ciertas a lo largo de la historia. De todas ellas, hoy algunas se perciben indudablemente muy lejanas o irreales, pero hay otras que son más verosímiles. La principal, y probablemente la más cuestionada por Platón, es la que se muestra como una democracia que no es, en su opinión, sino el gobierno de los menos aptos en provecho de intereses particulares, razón por la que Aristóteles, el principal discípulo de Platón, denominó demagogia a la democracia que servía a los intereses ilegítimos en lugar de apostar por el bien común.


De todo ello, se establece una condición filosófica que no sólo Platón sino cualquier ciudadano establecería como elemental para asumir la función de un Jefe de Estado democrático: velar en fondo y forma por el bien común de los españoles no es sólo un ideal sino un compromiso que le permita realizar su vocación monárquica al tiempo que desterrar debates y planteamientos interesados que obstaculicen el desarrollo de la legitimidad constitucional que, por imperfecta que pueda ser, está llamada a generar estabilidad y prosperidad a todos los ciudadanos.

Quizás por ello, más allá de esta condición, trascendiendo los ruidos políticos y mediáticos, sobresale una última precisión platónica que no sólo parece atinada para un gobernante sino para todos los ciudadanos libres que participan en debates y especialmente en el proceso de ejercer su propia libertad y su propio destino político. Platón, en su diálogo Menón, dice así: “El lenguaje impreciso no es sólo un error; implanta el mal en las almas de los hombres”.

lunes, 19 de mayo de 2014

Fe + trabajo = la fórmula de la gracia

“Si se cree y se trabaja, se puede”. Con estas palabras tan directas, un entrenador de fútbol conmueve a una masa de aficionados apoyado, entre otros argumentos, en la experiencia directa y común de quien lo ha vivido y compartido en su vida cotidiana. Es la versión mediática, actual y futbolera de lo que un viejo refrán castellano expresa como “A Dios rogando y con el mazo dando”. Pero, ¿qué enjundia teologal esconden estos tres momentos?

1) La FE. Se dice, y no con poca razón, que el primer paso de un gran proyecto es el más difícil. Traducido al discurso que nos ocupa, se puede decir que no siempre es fácil creer en la viabilidad de un proyecto, ¡ni siquiera incluso cuando se supone que Dios está detrás de nosotros apoyando! Y es que la fe es un arte de equilibrio dinámico entre extremos perniciosos como la credulidad, el fatalismo, el realismo y otros muchos que ponen las cosas muy difíciles al creyente. No obstante, el sentido bíblico más genuino de la fe ofrece un criterio discriminador casi infalible: en la Biblia la fe no se opone a la increencia, sino que se opone al miedo. Mientras que éste paraliza, la fe moviliza y pone en camino tras las huellas de Dios. Así pues, tener fe es no tener miedo y hacer nuestras las palabras del arcángel: “No temas, para Dios nada hay imposible”.

2) El TRABAJO. El componente trabajo es un aspecto esencial de la humanidad, Hasta tal punto que posiciones tan alejadas como marxismo y cristianismo, encuentran en su auténtica dimensión un medio preferencial de realización del hombre. En cristiano, el trabajo es una forma especial de encarnar la fe y de implicarse en el proyecto salvífico que Dios tiene para cada persona. Trabajar es actuar por, desde y en el Reino de Dios y por ello es un acto cómplice de la humanidad que busca el horizonte divino que hay detrás de toda empresa humana.

3) La GRACIA. Pero tras la fe y el trabajo viene el paso más sofisticado: dejarse empapar por la gracia. Si la fe y el trabajo nos estimulan a la acción humana, la gracia demanda una actitud más pasiva en el sentido de dejarse hacer y de dejar a Dios ser Dios. Su dificultad radica en que una vez que uno ha dado pasos de gigante, al creyente le corresponde hacerse más pequeño que nunca para que, en contra de la racionalidad humana, los últimos sea los primeros y los primeros últimos, hacerse niño y comprender al máximo eso de que “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co 12, 10).

Así pues, mi enhorabuena a todos aquellos que han sido capaces de llegar hasta el nivel de experimentar exitosamente la gracia. Más allá de su fe inquebrantable y de su trabajo ejemplar, estoy convencido de que queda el legado de una experiencia espiritual capaz de marcar la vida en un antes y en un después. ¡Acaso puede esperarse de la gracia algo más maravilloso?

jueves, 13 de febrero de 2014

La chica del baloncesto

Paseando por la calle Játiva en Valencia, me sorprendió la figura de una mujer que hablaba por teléfono intentando contactar con un centro deportivo donde presuntamente daba algún tipo de clinic o campamento para niños y jóvenes. Sin embargo, más aún me sorprendió su manera de presentarse o identificarse: “Soy Amaya, la chica del baloncesto”. En ese momento reconocí su voz y supe que se trataba de la mejor jugadora española de baloncesto de todos los tiempos (ganadora en varias ocasiones de la WNBA) que con la misma sencillez con la que paseaba entre la multitud por la calle, se presentaba ante un desconocido por teléfono, como mostrando a quien quiera, pueda o sepa verlo, que la sencillez es antesala de la gloria, cosa que no está garantizado que ocurra al revés.

El final del año 2013 nos ha dejado la noticia de que Amaya Valdemoro se retira del baloncesto. Parece ser que a la triste noticia para este juego se contrapone la alegre noticia de que seguirá vinculada al baloncesto a través de los medios de comunicación. Si hoy traigo aquí su historia no es por su palmarés deportivo sino por esta humilde enseñanza que sirve para abrirse a la gracia: la sencillez es la puerta a la salvación. ¡Ahí va esa pelota! Y quien no la coja a la primera, que procuré estar muy atento al rebote.

lunes, 3 de febrero de 2014

La última lección de Luis Aragonés

Una de las características que, en mi opinión, mejor refleja el salto entre generaciones radica en la ingenua manía de muchos jóvenes de tomarse muchas cosas a broma, no sólo demasiadas, sino también algunas absolutamente improcedentes. En ello hay otros dos factores que tampoco me despiertan mucho entusiasmo: uno me dice que a través de un humor simple y rancio se venden mensajes e ideas absurdas o incluso nocivas que se aceptan de modo aséptico; la otra me dice que no necesariamente la generación más adulta goza de un peor sentido del humor, lo cual es, como mínimo, digno de reflexión.

A pocas horas de la muerte de Luis Aragonés, persona y personaje con el que he simpatizado por razones diversas desde muy joven, y tratando de superar la hipocresía y la exageración con la que se ha informado durante estos días de su vida y milagros, me ha venido a la memoria un suceso de ejemplarizante recuerdo sobre aquellas cosas que se pierden entre risas enlatadas de un espectáculo televisivo y la frágil memoria de quien ni quiere ni puede acordarse. Pues bien, sirva esta breve ilustración para recordar y recordarme que lo importante ni es motivo de broma ni es digno de ser olvidado.

Veamos el escenario de la realidad y la apariencia o de la seriedad y la broma: cuando el asunto consistía en afrontar con seriedad y profesionalidad un proyecto que, el tiempo mostró que era muy importante para la sociedad, el presunto humorista procede a la facilona tentación de hacer sangre de una situación ventajosa e incidiendo en la falacia ad populum de hacer parecer gracioso lo que no es sino falso, inmoral y dañino (anteponer la vanidosa y mediática voluntad de un futbolista caprichoso frente al proyecto colectivo de un grupo humano liderado por alguien que sabía y decía saber lo que había que hacer para conseguirlo). Y, mira por donde, el tiempo y el logro del objetivo valioso demostró que la bromita pasa y lo importante permanece, si bien podría haber ocurrido en sentido inverso y ni siquiera hoy acordarnos de ello. Para ilustrarlo, aquí adjunto vídeos del suceso (Vídeo 1) (Vídeo 2).

Alguien pensará que me he puesto muy criticón, pero esta última lección de Luis Aragonés no la voy a dejar pasar en balde. Lo importante se defiende ante y contra todo, con veracidad, yendo de frente, aguantando mecha pero sin desfallecer en el aliento de recordarse a uno mismo que se puede y que es tu deber luchar por sacar adelante aquello que crees importante. Y hoy, recordando la semblanza de Luis Aragonés me satisface pensarlo y escribirlo, pero sobre todo recordármelo a mí mismo para que, por si acaso, se me iba a olvidar, ya no se me olvide nunca jamás. ¡Gracias, Luis!

lunes, 20 de enero de 2014

¿Es que Cristo está dividido? (1 Co 1, 1-17)

Esta pregunta de San Pablo a los cristianos de la comunidad de Corinto sigue siendo una pregunta desafiante y estimulante para todos los cristianos en general, y para cada una de las iglesias en particular.

En el comienzo de su carta escrita ante las divisiones y los partidismos de los cristianos corintios, Pablo alude a la unidad del Bautismo que hemos recibido de Cristo y que nos conduce a la salvación por la que Él entregó su vida. En en este contexto de división y de discordias entre los corintios cuando Pablo dirige su hermoso himno al amor (que nos hemos acostumbrado a arrinconar en las lecturas de las bodas) al que de modo previo antecede una exhortación inequívoca: “a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre vosotros y viváis en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir” (1 Co 1, 10).

En medio de una nueva semana ecuménica de oración por la unidad de los cristianos, tenemos una buena oportunidad para cuestionarnos qué fundamento espiritual es el que dinamiza nuestra fe cristiana. Y no me refiero sólo a las filias y fobias que he señalado en la entrada anterior, sino sobre todo a la capacidad de trascender nuestras sensibilidades e ideologías eclesiales para que no impidan percibir la luz de Cristo que nos exhorta a ir más allá y a vivir en este mundo sin ser de este mundo. Sé que se trata de un desafío casi tan gigantesco como el proyecto ecuménico (¡aunque San Pablo fue capaz de experimentarlo y vivirlo!) pero su vigencia es tan evidente que la traigo aquí como un termómetro de fe y de experiencia de Dios que en caso de orientarnos puede aportar mucha energía evangélica no sólo a la cuestión ecuménica en particular, sino a todas las misiones evangélicas en general.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Providencia y perseverancia

El evangelio de este domingo pasado (17 de noviembre) acaba con una sentencia muy gráfica y no siempre fácil ni de interpretar ni de aplicar: “El que persevere hasta el final, se salvará” (Lc 21, 19).

Y digo que no es fácil de interpretar ni de aplicar porque providencia y perseverancia no son conceptos teológicos que seduzcan al ser humano por la epidermis teológica sino que requieren mucha profundidad, mucha contemplación y mucha sabiduría teologal que no siempre son fáciles de alcanzar cuando el creyente vive en el barullo de lo cotidiano, del ruido mediático y de los bandazos sociales.

Lejos de pretender una entrada analítica y exhaustiva sobre tan compleja cuestión, me quiero apoyar en una visión cinematográfica de gran hondura estética y simbólica que seguro no deja a nadie indiferente. Me refiero a la preciosa escena evocadora de la última cena en la película francesa De dioses y hombres en la que los acordes de El lago de los cisnes emocionan al espectador de forma superlativa.

Esta emoción teologal no alcanza su máximo nivel por la estética de la escena, ni por la peculiaridad de la historia que es aún más significativa dado que está más que basada en una historia real (la del martirio de los monjes cistercienses de Tibhirine), sino por la repercusión directa y existencialista en la propia biografía del creyente que entiende que no hay providencia sin perseverancia. Y es que la providencia entendida como designio divino conlleva un compromiso vital que otorga relevancia sagrada a la propia vida y a la de los demás de modo que el propio compromiso es la única puerta (¡aunque a veces muy estrecha en comparación con la anchura de las excusas y las huidas) para acceder a la salvación. ¡Y si no que se lo digan al propio Jesús de Nazaret en su conflicto mesiánico en el Huerto de los Olivos!

Cuando el cristiano comprende que entregar la vida es vivir en plenitud, llora por su desconcierto, pero en el fondo de su alma, comienza a reír por su auténtica salvación. ¿Duro?, No, muy duro, pero a la vez apasionante y exigente a la altura de la vida que Dios nos promete y nos ofrece y que desde nuestra humilde atalaya humana no siempre somos capaces siquiera de atisbar y menos aún de comprender del todo.

Dejo aquí el enlace a la preciosa escena y dado que en estos días algunas instituciones, entre ellas alguna muy querida, celebran la fiesta de la Providencia, junto a mi esperanza en que guste la escena, envío mis mejores deseos para todos.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Ganas de vivir

 Uno de los regalos de la paternidad ha sido poder ver cada día gestos y detalles de la nueva vida que refrescan algunos ya vividos y despiertan otros ya adormecidos. Encontrarse cara a cara cada vez con un bebé no deja de ser un momento muy gozoso y afortunado pero también un momento que requiere, entiéndase bien, el coraje de apostar por la vida que se ofrece y se despliega frente a nosotros sin que la podamos entender todo lo que quisiéramos o, más aún, pudiéramos.

En mi caso, puedo estar bien feliz porque en casi todos los despertares soy recibido con una sonrisa plena y luminosa que contagia todo lo que contienen que no es otra cosa que las ganas de vivir, de aprovechar cada minuto del día para reír, para jugar, en definitiva, para vivir con plenitud.

En estos días de septiembre, en el que muchos nos estamos haciendo a la idea de volver a nuestra rutina, es
también una oportunidad de evaluar cómo están nuestras ganas de vivir y en qué medida apostamos por ellas y hacemos lo posible para que los demás también puedan vivirlas y contagiarlas.

Y es que hay cosas grandes que se dirimen en los detalles pequeños. Quizás por eso un feliz bebé me ha proporcionado esta sencilla lección de vida que hoy comparto y reasumo en el espíritu de Jesús de Nazaret expresado en que “de los que son como niños es el Reino de los Cielos” (Mt 19,14).

viernes, 16 de agosto de 2013

¿Un Dios prohibido?

Puede que se trate de un error de percepción, pero lo cierto es que sólo por una coincidencia he podido enterarme de la existencia de una película española que se estrenó el pasado 14 de junio. Semanas después, lo cierto es que sigo sin haber tenido referencia alguna de la misma en los medios de comunicación principales.


Una posible explicación es que se tratara de una película de escaso nivel, con temática poco relevante y con actores desconocidos, pero sin embargo resulta que parece que ése tampoco es el caso dado que se trata de un largometraje que trata -¡cómo no!- sobre la Guerra Civil española y en ella aparecen actores que se mueven en el primer nivel de la escena y la prensa rosa española.

Y entonces, ¿dónde está el problema? Ignoro cuál es la hipótesis verdadera, pero si la misma contemplara que se trata de una película con un fuerte trasfondo religioso (evangélico para más señas) y que ilumina la perspectiva de la contienda española desde otra vertiente que no coincide con la que predomina en la mayoría de películas sobre el tema, sería algo más que lamentable.

En cuanto me sea posible, procuraré ver la película y sólo espero que si hay gente que tiene en su mano ayudar a difundir obras de arte (películas u otras) lo haga sin miedo de exponer un punto de vista que como mínimo merece ser contemplado, por si acaso las ideologías nos traicionan tanto en el fondo como en la forma de comprender las cosas.

¡Ah, por cierto!, la película se titula Un Dios prohibido, y humildemente la he propuesto en el espacio que a tal motivo tengo en la pestaña que se encuentra en la columna derecha de este blog.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Cuando lo Down es Up

Cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad, puede percibir con facilidad la enorme capacidad sensitiva y afectiva de las personas afectadas por el síndrome de Down. Su cariño y su alegría son más que comunes y con frecuencia logran llenar de ternura los ambientes en los que se encuentran.

Es por ello que no resulte extraño que se trate de personas que son muy queridas y acogidas por sus entornos, si bien a veces la sociedad no siempre es capaz de mostrar toda la comprensión que unas personas de tal condición demandan y, sobre todo, merecen.

Esta situación de doble cara la veo reflejada con cierta frecuencia en mis desplazamientos habituales en el metro, cuando coincido con una joven muchacha con síndrome de Down que se dirige a su ocupación (presupongo que laboral o formativa) sumergida felizmente en las melodías de su reproductor de música. La escena llega a su máximo esplendor cuando ella entra en el vagón con gente medio dormida y la canción que escucha alcanza su punto de apogeo y su escuchante la canta con voz potente (como ocurre siempre que uno escucha música con auriculares) y de forma tan apasionada como desafinada.

En ese momento, me uno a las personas que se despiertan de verdad y esbozan una sonrisa sincera de quien se alegra con la felicidad ajena. Y es que un momento como ese que no se sabe bien si es maravillosamente incordiante o incordiantemente maravilloso es uno de esos momentos donde podemos recordar que la vida es del color del cristal con el que se mira. Y mi experiencia es que las personas con síndrome de Down la ven con alegría, ternura e ilusión. Eso es lo que podría catalogarse como que “lo Down es Up”.

martes, 30 de abril de 2013

La alegría de verte

El día de Santa Catalina me ha traído como regalo la visita sorpresa de un buen amigo, de un hermano. En ella he podido volver a saborear la satisfacción y la dicha de una amistad cuajada de buenos y no tan buenos momentos en los que se ha ido labrando una parte del carácter y la personalidad de cada uno de nosotros.

Tener buenos amigos es tener muchas perspectivas para rastrear la verdad profunda de la vida. Por eso, y quizás sólo y siempre por eso, encontrarse y re-encontrase con un buen amigo es también de alguna forma encontrarse con uno mismo. Y hoy, en cada gesto, en cada recuerdo, en cada mueca de duda, de alegría o de desconcierto he podido ver reflejados los fundamentos comunes que configuran, según Aristóteles, la auténtica amistad, las que se cuentan como máximo con los dedos de una mano.

martes, 26 de marzo de 2013

Silencio que habla


Hace más de tres semanas que mi blog está en silencio y, sin embargo y de modo paradójico, nunca dijo tantas cosas. ¿Qué puede haber más importante que la acción predicadora? ¿Quién o qué tiene autoridad para acallar la predicación hasta el silencio más absoluto?

Obviamente tiene que ser algo muy grande, algo muy importante, algo que nos trasciende, nos supera, nos deja callados (si es que no nos deja con la boca abierta). Algo que en fenomenología de la religión se denomina como misterio y que tiene una doble vertiente, a la vez antagónica y complementaria: mysterium tremens y mysterium fascinans.

Más allá de lo “muy importante” material (como las obligaciones del quehacer cotidiano o la crisis del euro) y más allá incluso de lo “muy importante” espiritual (como la elección y acalamación de un nuevo papa o el ritmo cotidiano del propio espíritu) hay algo/alguien todavía más relevante que lo “muy importante”.

Esa realidad omniabarcante se manifiesta de forma “tremenda” y “fascinante”, esto es, rompe los esquemas y empuja a dar lo mejor de uno mismo. Y lo más tremendo y fascinante de su manifestación es que no se expresa de forma ostentosa o llamativa sino incluso de un modo especialmente sutil, humilde y sencillo.

Y he aquí entonces la mayor experiencia de fe, la mayor experiencia de Dios, que un creyente, que un ser humano pueda tener. Pero, por si fuera poco y a modo de ejercicio crítico, el predicador no puede permitirse el lujo de dejarse llevar por lo efímero y superficial de esta experiencia fundante, sino que ha de saborearla para intentar comprenderla en la máxima magnitud posible (que nunca es total y absoluta) y cerciorarse de que se conecta de modo adecuado con su mensaje experiencial.

Y es entonces cuando el silencio, que quiere adentrarse de modo honesto en el misterio, habla, clama o, mejor dicho, proclama la experiencia de Dios...

jueves, 28 de febrero de 2013

La Pasión, su último secreto

La cuaresma nos ofrece este año 2013 de la mano de Producciones Narea una atractiva puesta en escena de laPasión de Cristo, bajo el sugerente título de “su últimosecreto” que se desarrolla según tres invitaciones no menos sugerentes: Vivirás con Él, morirás con Él, resucitarás con Él.

De esta obra se pueden extraer dos observaciones reseñables. La primera es el meritorio empeño de hacer una interpretación de un texto por el que no pasan los siglos pero que no goza de toda la aceptación que algunos prejuicios que pretenden imponerse en la actualidad. Que unos artistas y unos productores arriesguen con este planteamiento no puede catalogarse sino de osado y desafiante. Vaya desde aquí mi enhorabuena y mi gratitud por la iniciativa.

La segunda, es una observación que realizo desde el conocimiento del impacto que la representación ha causado entre los alumnos de mi colegio que han asistido al teatro para verla. Como además me consta que este impacto ha trascendido a otros grupos escolares y que ha sorprendido y agradado positivamente a los miembros del elenco, no sólo me congratulo por ello sino que felicito a todas aquellas personas que han hecho todo esto posible.

En medio de un tiempo en el que no es ni mucho menos fácil encontrar una profunda relación entre arte y cristianismo, iniciativas como la de Producciones Narea son un aliciente y una oportunidad que, como no sólo se ofrece al ámbito escolar sino a todos los públicos, merece ser aprovechada y promovida en el presente y en forma de otras producciones similares en el futuro.

lunes, 25 de febrero de 2013

Toni Cantó y lo políticamente correcto

Un titular de prensa pone al lector en alerta acerca de una noticia de presunto interés informativo. Sin embargo, más allá de la realidad lo cierto es que quizás debería plantear el asunto como unas declaraciones (además en redes sociales) de un político célebre por su actividad extrapolítica, sobre un tema polémico (la violencia de género) que es demasiado importante como para reducirlo a inagotable combustible polémico, y en un contexto y unas formas que no coinciden ni por asomo con lo que, ¿hipócrita o sutilmente?, se suele llamar “lo políticamente correcto”.

Sólo este simple vistazo debería servir para reflejar el fondo, las formas y los aderezos con los que la sociedad maneja determinadas problemáticas y situaciones. Del fondo, vuelve a quedar puesto de manifiesto que si quieres ser “aniquilado mediática o socialmente” sólo tienes que intentar procurar hacer el mas mínimo intento de argumentación sobre un tema candente y el resto lo hará la marabunta. Desde ese momento, la verdad (si es que alguna vez importó) se echa a la cuneta para dejar el camino expedito a la forma. Una forma en la que cualquier táctica que no contemple ni lo racional, ni lo razonable, ni mucho menos lo respetuoso, no tiene la más mínima opción de sobrevivir ante la exitosa opción del grito, la interrupción, el aplauso postizo y la demagogia que apela a teclas demasiado fáciles de pulsar.

De los aderezos, sólo con pensar que una frase, una mueca o una mala idea de alguien (incluso de uno mismo) puede ser la indispensable carnaza para que las pirañas y los leones anónimos de la masa que opina en lugar de meditar, que juzga en lugar de escuchar y que pulsa botones en lugar de buenos sentimientos, pueden ser más que suficientes para que lo amarillo (nótese que no he optado por otros colores más “simbólicos”) pueda ser verde y no ser verde a la vez y viceversa.

Andemos con cuidado en este mundo aparente empeñado en alabar cada día la advertencia del mito de la caverna de Platón, porque los peligros que afrontamos son sólo los reales. El problema es si son más reales los peligros que considero como tales u otros más sutiles y lesivos que, con perdón por la “tibieza”, podemos denominar los peligros presuntos aparentes.

jueves, 14 de febrero de 2013

El eco del papa

La noticia de la renuncia del papa, aparte de un trocito de historia, ha dejado un montón de aspectos reseñables. Sin embargo, hay uno que me ha llamado bastante la atención: la capacidad mediática que tiene la Iglesia y la figura del papa en los medios. Se puede decir en cierta manera que, aunque no se admita con facilidad, muchas de las cosas que dice la Iglesia y el papa tienen eco directo e indirecto en la sociedad.

Es cierto que este eco puede resonar desde el cristianismo (fe y religión cristiana) o bien desde la cristiandad (ropaje y contexto social, político y cultural que se ha ido incorporando al cristianismo a lo largo de la historia), pero la reacción de los medios de comunicación y de la opinión pública refleja que la referencia de la Iglesia es real.

Entre esas referencias, una de las más evidentes es la referencia moral o de autoridad. Sea para criticarla, para escucharla, para sentirla presente, la referencia eclesial, en general, y papal, en particular, es una referencia moral que se ha puesto de manifiesto en estos días.

En concreto me refiero a la proporción inversa que se ha manifestado estos días entre la aparente aceptación de lo que representa el papa y la Iglesia y la repercusión social y periodística que ha adquirido.

Y es que, de alguna manera, todos demandamos referencias y también podemos ser referencias. Esta evidencia no puede ser infravalorada ni por la Iglesia, ni por el papa, ni por quienes se contrastan con ella aunque se perciba desde el cristianismo, o aunque se perciba desde la cristiandad. Y esto es lo que no puede olvidar la Iglesia: que la eficacia y la presencia de su evangelización se muestra aceptable y válida desde la conexión con lo más profundamente humano. Y en eso, en estos días, puede que haya resonado con mayor fuerza el eco del gesto del papa.

lunes, 4 de febrero de 2013

Escrutando los designios de Dios

Tal y como escuchaba en el sermón dominical de este domingo, las lecturas del evangelio nos hablan de la toma de conciencia mesiánica, profética y vocacional de Jesús respecto al Padre. Esa toma de conciencia requiere de la implicación, de la interpretación espiritual y de la voluntad decidida de Jesús.

De modo análogo, el creyente realiza esa toma de conciencia y la vive y la asume con la máxima honestidad posible sin incurrir en posiciones interesadas o ideológicas.

Esta dimensión fundamental de la fe me recuerda hoy, días después de la jornada de vida monástica, una curiosa anécdota que ocurrió hace unos pocos años en un monasterio de monjas contemplativas durante la visita de su superior. Ante la crisis espiritual y vocacional del monasterio, una de las religiosas del monasterio se autojustificó ante su visitante esgrimiendo un argumento infantilón. “Estamos tranquilas porque sabemos que Dios no va a dejar que este monasterio desaparezca”. A lo que el superior, con cierta sorna, le replicó: “No esté tan segura. Recuerde que permitió que crucificaran a su propio hijo”.

Y es que a la hora de escrutar los auténticos designios de Dios, junto a la opción sincera y teologal, siempre coexiste la tentación de hacer decir o hacer a Dios lo que uno quiere que haga. Y eso, aparte de absurdo e ingenuo, es sencillamente imposible.

miércoles, 30 de enero de 2013

¿La suma de todos?

Los difíciles momentos sociales que estamos viviendo y de los cuales no está exenta la sanidad pública, me hacen reflexionar sobre el lema de la Comunidad de Madrid y que se incluye en los mensajes relacionados con su Consejería de Sanidad: La suma de todos.

Dejando a un lado falsos romanticismos e intereses ocultos disfrazados de reivindicaciones justas y universales, lo cierto es que las penurias de la sanidad pública dejan a las claras que el fin de la austeridad presupuestaria no justifica los medios de abusar de los esfuerzos y sacrificios de muchos ciudadanos y contribuyentes de bien. Y este mal que es inaceptable de por sí, se recrudece cuando afecta a ciudadanos desvalidos por cuestiones de edad, físicas y otras.

Entonces, ¿hasta qué punto la sanidad pública española responde al ideal de ser la suma de todos? ¿Qué se le puede decir a las personas y a las familias que quedan excluidas de esa totalidad?

Visto desde una perspectiva justa, la situación de la sanidad y su repercusión en la sociedad , y más en concreto en los más desfavorecidos, es una cuestión que clama al cielo. Pero lo es mucho más si la contemplamos desde el Evangelio y desde la Doctrina Social de la Iglesia. Esta última, a partir de su principio del bien común, entiende la solidaridad humana en clave de fraternidad y de comunión. Quizás por eso, y no sólo por eso, la denuncia del debilitamiento de la sanidad pública y otros derechos sociales en pro de nutrir otros intereses y valores menos relevantes, e incluso a veces indeseables, es una reivindicación justa, humana y evangélica.

Siempre he pensado que si la Doctrina Social de la Iglesia se conociese más a nivel general, obtendría un respaldo y reconocimiento masivo. Hoy, en este contexto de dificultad social, la Iglesia tiene no sólo la oportunidad sino también el deber de desplegar, mostrar y ejercer su doctrina y compromiso social. Y en eso si que estamos todos a sumar, a hacer posible que una verdadera solidaridad o fraternidad sea la suma de todos.

viernes, 25 de enero de 2013

Convertirse sí, pero ¿en qué?

La fiesta de la Conversión de San Pablo pone de relevancia, un año más, la importancia fundamental de la conversión en la vida de cualquier persona en general y del creyente cristiano en particular. Dada por supuesta esta realidad del auténtico progreso y desarrollo en el ser humano, la cuestión que procede hacerse es la siguiente: ¿Convertirse en qué?

Mirando como ejemplo el relato de la conversión de San Pablo podemos extraer un esquema orientativo sobre las pautas de una auténtica conversión en clave cristiana:

1) Convertirse a Dios. La conversión de San Pablo refleja que hay experiencias intensas, extremas e incluso límites, que se nos muestran como oportunidades de cambio radical conformando de esa manera un antes y un después de quien las vive. Si Pablo pasó de máximo perseguidor a máximo propagador del cristianismo, el creyente vive en algún momento de su vida la experiencia profundamente transformadora de encontrarse con Dios cara a cara y no sólo eso, sino que esa experiencia viene mediada por una circunstancia rotundamente comprometedora. De ahí que la auténtica conversión suscite una inquietante pregunta: ¿cuál es el compromiso fundamental de mi existencia?

2) Convertirse a uno mismo. Cuando Pablo se levanta para seguir su camino hacia Damasco posiblemente una pregunta rondaba su cabeza: ¿quién soy yo realmente? Pablo vive y responde esta pregunta de forma radical (desde la raíz): “Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20). Hay muchas formas de entender este planteamiento, pero desde una óptica genuinamente cristológica la vivencia desde Cristo no ha de concebirse como una anulación de la propia personalidad, sino al contrario, como una promoción de la misma hasta extremos de índole escatológica.

3) Convertirse a los demás. En el proceso de conversión quizás el paso más difícil sea el de acoger a los demás y, especialmente, el de dejarse acoger por los otros, especialmente de aquellos que no son tan afines a mi forma de ser y de pensar. Si Pablo tuvo que dirigirse a la comunidad cristiana de Damasco y dejarse interpelar por ellos y su recelo ante su llegada, el creyente en su conversión expresa de forma especial su fe a la hora de apostarlo todo por el futuro al que se abre y en el que pretende volcar toda su vida.

Por todo ello, a modo de conclusión, se puede decir que la auténtica conversión conlleva un planteamiento comprometedor de la propia existencia que promueve la personalidad del creyente en todas sus dimensiones de tal modo que le posibilita abrirse al futuro con toda la confianza de poner en juego la vida entera.

domingo, 13 de enero de 2013

2013: la importancia de la mentalidad

Año Nuevo y el número 13 son dos ingredientes sugerentes para reflexionar acerca de cuáles deben ser algunos de los auténticos fundamentos no sólo de nuestros buenos propósitos sino de nuestro proyecto de vida en su totalidad. Es decir, tanto los propósitos como las supersticiones son irrealidades y ficciones que dejan su realización o su posibilidad de realización a merced de la voluntad y el permiso de quien los enfrenta o se los plantea.

Si para muchos el número 13 es motivo de pesimismo o superstición, lo cierto es que para otra mucha gente lo es de todo lo contrario, aparte de que como toda superstición la obstinación de la realidad deja ver a las claras que las supersticiones sólo pueden subsistir en la mente de los que les conceden credibilidad.

Sin embargo, hay otra razón vinculada a lo ya citado que nos hace descartar radicalmente el presunto poderío de la superstición y esa razón no es otra que la convicción teológica, cristiana, católica de que la historia está abierta y que sus principales capítulos están por escribir. Sea ante la adversidad o ante los acontecimientos favorables, la acción humana (presuntamente libre y responsable) tiene algo que decir -quizás mucho más de lo que cree-.

Ante esta panorámica, ¿será el año 2013 un año proclive al pesimismo o al optimismo? Quisiera decir que es un año orientado hacia el optimismo, pero para que no se quede en una ilusión o en una mera opinión parcial o ventajista, lo mejor es mentalizarse para comprometerse a lograr que esa perspectiva se convierta en realidad.

Siempre es la hora de la mentalidad. Y una mentalidad positiva puede lograr grandes cosas, al igual que una mentalidad negativa puede lograr teñir de sombras el futuro. Por eso, más allá de supersticiones y de otras circunstancias, el 2013 es una invitación a revisar nuestra mentalidad. Estamos llamados a lo positivo y a lo grandioso. Es más, podemos y debemos gritar que ¡nos merecemos algo mejor! El 2013 es el primer campo de trabajo para empezar a hacerlo realidad. ¡Ánimo en el empeño!