lunes, 7 de abril de 2014

Solidaridad con amenazados de muerte en Colombia

A través de la ONG Acción Verapaz, me llega una petición para solidarizarme con las comunidades de Trujillo (Colombia), donde algunas personas están amenazadas de muerte por defender la justicia y los Derechos Humanos en la región.

Dejo aquí un enlace a la web de la ONG, para que los que estén interesados se informen del caso y, si así lo deciden, puedan enviar una carta solidaria de petición de ayuda y justicia para estas comunidades.

¡Ánimo a toda la gente de Trujillo!

jueves, 3 de abril de 2014

Una Cuaresma con San Agustín (y III): limosna salvadora

Tras la oración y el perdón, la Cuaresma nos ofrece la vía del ayuno y, especialmente, de la limosna para acceder a la salvación que nos promete. Precisamente, esta dimensión ascética y práctica de la Cuaresma es la que más se diluye en los tópicos cuaresmales inculcados a fuego en las catequesis antiguas en el formato simplista de “no comer carne los viernes de Cuaresma”. Pero San Agustín puede aportar aquí una visión más genuinamente tradicional que ilumine su riqueza teologal.

Dos enfoques son los que me interesa destacar: la importancia de los medios y sus detalles y, en segundo lugar, la necesidad de proporcionar la relación entre lo que se ofrece y lo que se espera.

El primer enfoque es una llamada a la auténtica introspección sobre lo que realmente supone el ayuno en nuestras vidas. Y no es otra cosa que la humildad, en el sentido teresiano, de reconocer la verdad. Cuando el creyente ayuna es más capaz de reconocer la auténtica dimensión de sus anhelos personales y espirituales, ¡y por ello es capaz de asumir su coste ascético! Y no todo queda ahí, pues ese ejercicio de humildad también le permite conocer mejor a Dios y a los demás. En ese juego relacional, el creyente aprende a poner nombre a su realidad y entre ellas a las realidades (cosas y situaciones) que le impiden crecer espiritualmente. Así, desaparece la opción de la comparación con los demás y la vanidad de confundir el efecto espiritual de la limosna con su resultado . “Ellos dan la décima parte; si tú dieses la centésima, te jactarías ya de ejecutar una proeza. Porque atiendes a los que otro no hace, no a lo que Dios te manda hacer. Te mides por comparación con otro peor, no con lo que manda otro mejor. No porque el otro no haga nada ya has hecho tú algo grande (…) No miráis a cuántos pobres dejásteis atrás: queréis superar a los más ricos. En cambio, en la limosna se defiende el modo” (Serm. 9, 19).

El segundo enfoque nos exhorta a darlo todo si es que realmente aquello a lo que aspiramos también es todo. Se abre así el juego de perder la vida para poder ganarla. Y no ganarla sólo en su momento final, sino también en todo su trayecto, aligerando la carga estéril de nuestra existencia y aligerando el espíritu para vivir como realmente aspiramos a vivir. Por eso, nuestra mejor limosna no es la de los bienes materiales sino la entrega de la vida de uno mismo por el Reino. Dicho en palabras de San Agustín: “No te extrañes si alguna vez el justo padece hambre mientras se ve al inicuo eructar indigesto. El primero es probado, el segundo condenado. Es probado el que en la indigencia alaba a Dios y es condenado el que en la abundancia le ofende. (…) ¿De dónde procede tu gemido, ¡oh, rico!? ¿De qué no tienes dónde colocar tu carga? Hay un lugar. No quiero verte gemir. Mira al hambriento y ya tienes dónde colocarla. ¿Temes perderla? Al contrario, es entonces cuando no la pierdes (Sermón 107 A).