sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad: fe y compromiso

El misterio de la Encarnación, de la Navidad, demanda un acto de fe que, al correr el riesgo de quedarse en meras palabras, ha de expresarse en un compromiso o estilo de vida. Al vivir la Navidad solemos reparar en el grandioso gesto amoroso de Dios al comprometerse con el ser humano compartiendo con él todo, excepto el pecado. Sin embargo, hoy sugiero que revisemos esta dimensión desde nuestro propio lado. ¿En qué sentido nos compromete a los seres humanos la Navidad en relación con Dios?

Fe y compromiso incitan a “fiarse con”, es decir, a establecer una relación de CONFIANZA, en la que una parte espera de la otra lo mejor para alcanzar el estado o el objetivo al que se aspira. En Navidad, el cristiano no sólo recibe o experimenta la confianza de Dios sino que también deposita su confianza en Él. Para ilustrar algunos rasgos de esta confianza, recurriremos a escenas bíblicas de clara índole navideña. Para ser breves, diremos que:

a) La confianza del creyente en Dios es como la de María que, pese a su confusión y sus temores, entiende que “para Dios nada hay imposible” y por ello no hay que perder ni la calma ni la paz.

b) A veces, esa confianza es incluso más costosa, porque viene mediada por la presencia de otras personas. Este es el caso de José, que desde su amor por María es capaz de entender con benevolencia que las personas que realmente nos aman son más que importantes para nuestra vida. Más allá de todo, si nada tuviera sentido, no hay nada en lo que creer, siempre queda alguien en quien creer. Esas personas, con Dios detrás de ellas, serían esos “alguienes” en los que creer.

c) El ejemplo de los pastores evoca la sencillez de la confianza que no puede (y seguramente no debe) fundarse en lo accesorio, lo aparente, lo superficial. Al igual que la confianza nos habla de lo más interior de nuestra persona y de la de aquellas en las que confiamos, sus fundamentos y sus referencias también deben ser profundas y alejadas de la distracción de los venenos inmediatos.

d) Y, por último, el creyente no puede olvidar que la confianza en Dios viene teológicamente expresada de modo sin igual en la confianza que Jesús tiene en Él. En Jesús vemos expresada la naturaleza divina y humana, también en su forma de abrirse y acoger la voluntad del Padre, percibimos lo más esencial y genuino de la confianza, la relación entre la fe y el compromiso: “dos impulsos en un solo ser”.

Este año, para felicitar la Navidad me he querido inspirar en una canción preciosa de Luz Casal, titulada “Mi confianza”. En el vídeo que adjunto más abajo, se recoge una síntesis de lo que aquí se dice, arropado por la letra de una canción que os invito a saborear.

¡Feliz Navidad a todos!

video

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Montesinos y Blancanieves

El 21 de diciembre de 1511, un fraile dominico español, en nombre de la comunidad a la que pertenecía, dirigió un gemido de humanismo que hoy es conocido de modo histórico como El grito de La Española. Bajo amenaza de pecado mortal para quienes esclavizaban a los indios, aquel cuarto domingo de Adviento, fray Antonio de Montesinos lanzó para siempre al aire una pregunta que sigue interpelando a quienes creen firmemente que una persona tiene valor en sí misma por el mero hecho de serlo.

Aquella pregunta (“¿Acaso estos no son hombres?”) supuso un hito, pese a su poca notoriedad, en la historia de la humanidad con evidentes repercusiones jurídicas, filosóficas y teológicas. Sin embargo, junto al propio contenido de la pregunta, tampoco carecen de valor datos como quién y a quién se dijo, cuándo y dónde, pero sobre todo por qué y para qué.

En estos días de homenajes y vanaglorias sobre el enorgullecedor episodio de La Española, muchas personas e instituciones se apuntan el tanto de una historia que tiene su valor principal más bien en el desafío que nos plantea que en la absurda autocomplacencia con que lo presentamos. ¡Es tanta la sordera moral, quinientos años después de El grito de La Española!

En cualquier caso, la pregunta de Montesinos es hoy un espejo en el que poder reflejarnos. Como en el cuento infantil de Blancanieves, el espejo de Montesinos es una prueba obstinada que permite determinar si lo que buscamos es la belleza en sí misma o la forma de maquillar nuestras propias fealdades. Mientras la actualidad de su pregunta sigue siendo un debate irrenunciable, la memoria de su gesto profético yace adormilada como si hubiera mordido una manzana envenenada por otros intereses o ideales que nos distraen de lo fundamental.

Hace quinientos años, Antonio de Montesinos supo construir su aventura existencial y predicadora en base a los pilares del humanismo, el cristianismo y el dominicanismo, en orden estrictamente necesario y no conmutativo. Y esto es así, porque precisó de la fuerza y el espíritu necesario para acometer una empresa que, por su magnitud y sus circunstancias, seguramente le hizo sentir pequeño (“enanito”) pero al mismo tiempo fortalecido por poder ir a trabajar y atender con alegría la llamada a la defensa de la humanidad doliente. De esta forma, Montesinos nos ayudó a unir en la humanidad común nuestros miedos, nuestros sueños y, por supuesto, nuestros derechos fundamentales. Y lo demás, en comparación con esto, sí que son cuentos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Jugar con la gente

¿En qué se parecen la publicidad y el anuncio del Evangelio? Aparentemente en nada, pues una tiene una finalidad marcadamente comercial y el otro es de carácter religioso. Sin embargo, ambas ofrecen algo que pudiendo ser claramente beneficioso para sus interlocutores, puede llegar a ser algo engañoso si no cumplen con su auténtico cometido.

Este aspecto que puede darse de modo accidental o no intencionado, tiene su peor versión cuando se produce de forma maliciosa, manipuladora o incluso dolosa. Esto es así, porque sea con un fondo comercial o religioso (o el que sea), no es de recibo jugar con la gente y con lo que las define (sus sueños, sus ideales o, sencillamente, con sus necesidades materiales o espirituales).

Un ejemplo de esto, ocurre con la última campaña de Movistar, de la cual me siento incapaz de juzgar su intencionalidad, pero de la que me quedan pocas dudas de que ha ofendido y decepcionado a mucha gente. En dicha campaña no sólo se tergiversa el espíritu del movimiento 15-M, sino que se hace de una forma tan chabacana y facilona que me consta que mucha gente se ha llegado a sentir molesta. Por ello, tanto los publicistas como los responsables de la compañía podrían dedicar unos minutos a hacer un simple sencillo de autocrítica por su bien y por respeto a sus clientes. Y de paso, a raíz de la versión navideña de su anuncio, si no es mucho pedir, podrían revisar su comprensión de la Navidad como algo mucho más que un chanchullo comercial con elementos horteras extraídos de una visión infantilista del sustento religioso que la motiva.

Igual el lector puede pensar que estoy exagerando o que estoy muy enfadado (de hecho, mientras escribo esto, aparece un anuncio de Coca-Cola en la misma línea de lo que aquí critico), pero si es así o no es lo de menos: lo importante es cómo se siente la gente. Y prueba de ello es que algunos se hayan decidido a hacer un contra-anuncio que os adjunto a continuación. ¡Cosas de atreverse a jugar con la gente!



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Vivir de puentes o vivir colgados

Este curso académico 2011-12 viene regado de una serie de puentes más que interesantes. Buenas noticias para el tiempo de ocio y para disfrutar de otras facetas de la vida que requieren un tiempo más tranquilo y específico. Sin embargo, los puentes también pueden ser un intervalo intermedio que lejos de ayudar a vivir el presente se convierten en excusa para no interpretar el pasado y desentenderse del futuro.

Seguro que muchos de los lectores del blog conocen a alguien que en los días previos a este puente le ha recordado el tiempo que quedaba para que éste llegara. Es la versión recalcitrante de algo que se repite cada semana: vivir el lunes pensando en el viernes y vivir el fin de semana pensando en el lunes. ¡Hay tanta gente que en lugar de vivir el puente o el fin se semana, vive colgada en el tiempo y una semana sin fin!

Son muchos los sabios y los grandes filósofos que nos han prevenido sobre la importancia de disfrutar y aprovechar el presente. Desde el clásico carpe diem hasta el eterno retorno de Nietzsche, no han escaseado los avisos para vivir el presente sin dejarse condicionar en exceso por el pasado ni obsesionarse ni impresionarse por lo que pueda deparar el futuro.

Un puente, un fin de semana o cualquier momento del que dispongamos de tiempo para nosotros es una oportunidad de evaluar nuestro modo de vivir. No se tratan de tiempos para esconderse y perderse en excusas que impidan cambiar lo que no funciona, sino de un espacio privilegiado para saborear lo que se tiene o las ganas de que las cosas que no funcionan vayan mejor. Cuando esta dinámica se impone, podemos estar más ciertos de ser sujetos protagonistas de nuestras vidas, cosncientes de que la vida es para vivirla y disfrutarla y no tanto para capotearla o sobrevivirla. ¡Feliz puente a todos!

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Y ahora qué?

No sé si muchos más han reparado en el triste hecho de que la mayoría de los principales candidatos a las elecciones estaban más vistos que el tebeo, por no decir que son auténticos profesionales de la política que obligan a uno a cuestionarse hasta qué punto serían capaces de sobrevivir sin recurrir a ellas y a sus pomposas colateralidades.

En un medio de comunicación “escocido”por un resultado no por esperado menos impertinente se critica -ignoro si con razón o no- a un político del partido más votado, olvidando acaso que en el suyo no escasean políticos, empezando por su líder electoral, que llevan décadas “valiendo” para todo tipo de cargos. Tanto el gran perdedor como el supuesto gran vencedor tenían en común un destino preclaro: su viaje electoral les llevaba sí o sí a plantearse una pregunta inquietante: ¿Y ahora qué? En el caso del perdedor, el reto está en explicarse más a sí mismo su extraña maniobra suicida que ni siquiera puede justificarse en pro de una romántica inmolación en nombre del partido. Para el ganador queda un horizonte de reflexión más apasionante, pero también más arriesgado: ¿será capaz de enderezar un rumbo que, como el mismo ha admitido, no parece disponer de la ayuda inmediata de otro “milagro”?

Pero como no entiendo de altas esferas, con lo que me quedo es que este elemento común también nos afecta a los ciudadanos de a pie, sufridos votantes que con nuestro voto nos hemos comprometido a actuar, trabajar y vivir de una determinada forma coherente con las ideas que los inspiraron. Ahora que parece que una mayoría del pueblo español se ha “sumado al cambio”, toca ponerse manos a la obra para contribuir a que eso puede llegar a materializarse, sin perjuicio de las legítimas discrepancias en torno a las simpatías y las antipatías hacia los medios que procuren tal fin. Cada uno tenemos nuestra responsabilidad y los “jerifaltes” una responsabilidad mucho mayor. Todo será más fácil si nuestros actos respaldan sus propuestas de cambio, pero por encima de eso, se me antoja más decisivo aún, que sus movimientos no defrauden las expectativas de un pueblo que merece algo mucho mejor de lo que ahora mismo tiene.

jueves, 17 de noviembre de 2011

¿A quién votar en las próximas elecciones?

Por si alguien no se había enterado, el domingo hay elecciones generales. Algunos ya han votado, pero la gran mayoría está acercándose a la jornada de reflexión de unas elecciones que, según los medios de comunicación parecen claramente decantadas, pero que tiene algún aliciente como, por ejemplo, ver la reacción del electorado a la novedad del movimiento de los llamados indignados (o 15-M) o el hecho, quizás de percepción más que subjetiva, de que da la impresión de que se habla más de programas que otras veces.

Como el otro día me llegó por internet un enlace a una página que, presuntamente, ofrece una comparativa de los principales puntos de los programas electorales. Aquí dejo el enlace por si a alguien pudiera servirle de contrastes o pauta de reflexión. ¡Al menos votaremos con un pizca más de conocimiento de causa!

Por mi parte, desde una óptica cristiana, sigo echando de menos una mayor presencia evangélica en los proyectos de los partidos. Y no se trata de un mero ideal, sino de una necesidad que toque aspectos de justicia y solidaridad-fraternidad que no se pueden confundir ni prostituir con etiquetas vacías como izquierda o derecha o pro-Iglesia o anti-Iglesia. Yo, al menos, me refiero a algo más propio del reino de Dios y su presencia salvífica entre los hombres.

Aparte de eso, mi condición de cristiano sólo me ofrece la posibilidad de santiguarme antes de depositar mi voto en las urnas. Eso sí, también tengo la satisfacción de que, pese a las deficiencias de nuestro sistema democrático, jornadas como las del próximo domingo deben servir para recordar que las cotas democráticas se ganan o se pierden un poco cada día y no sólo en los comicios.

Así que, pase lo que pase y le pese a quien le pese, ¡que ustedes lo voten bien!

lunes, 14 de noviembre de 2011

Jesús y Abundio

La técnica me ha jugado una mala pasada y el mero hecho de tener cosas más prioritarias que enfrentarme a ella, han conseguido que el ritmo de entradas de estas últimas semanas haya sido casi ínfimo. Pero, precisamente, esta cuestión de las prioridades aparece como un guión esencial de los evangelios que salpican los últimos domingos del año litúrgico que estamos a punto de cerrar.

Las llamadas a ser sabios, a permanecer vigilantes y a estar atentos a lo realmente importante de la vida son frecuentes pero no siempre bien escuchadas y atendidas por aquellos a quienes, a veces sin siquiera sospecharlo, podría venirle más que bien. Al fin y al cabo, ¿a quién no le viene bien un buen consejo? ¿A quién no le viene bien que se le interpele para aprovechar de verdad lo importante de la vida?

En esta línea, Jesús de Nazaret nos insiste en ser prudentes y no necios, en aprovechar nuestros talentos y en estar pendientes y atentos a las necesidades de los demás. Sin embargo, esta sabiduría tan honda no suele calar con la misma rapidez y eficacia que otros mensajes apoyados en campañas o recursos publicitarios y propagandísticos. Donde lo material, lo estrictamente económico, lo insustancial y lo colateral campan a sus anchas, debería ser el reino de lo espiritual, de la economía al servicio del hombre y de la ética y, por consiguiente, de lo realmente sustancial y central de la existencia humana.

Como quiera que las cosas o los aspectos más importantes y relevantes de la vida no pueden delegarse en esloganes y resplandores manipuladores, invito a escuchar (aunque sea de modo amplio) este mensaje de Jesús con la confianza de que estamos ante una pauta trascendental para nuestra existencia y nuestra felicidad. Si, por casualidad Jesús no fuese una referencia estimable, sugiero que se haga en nombre de la sabiduría popular pues no atender este tipo de solicitudes es de necios, por no decir de tontos. No vaya a ser que como dice un refrán o dicho, no vayamos a ser más tontos que Abundio, que vendió el coche para comprar la gasolina.

domingo, 30 de octubre de 2011

Fariseos

La cosa es sencilla: o lo que vivo tiene que ver con el plan de Dios o no, tiene que ver con la verdad o no, tiene que ver con quien realmente soy yo o no. Así de claro y concretito es el asunto de saber si lo que me traigo entre manos, si aquello de lo que va mi vida es algo de y con calidad o, simplemente, es pura hipocresía.

En el evangelio de este domingo, y en sintonía con el mensaje -también clarísimo del profeta Malaquías-, Jesús nos previene del fariseismo, de la hipocresía religiosa que tiene su cara másperversa y dañina en quienes teniendo puestos de responsabilidad religiosa se dedican a la falsedad de su vanidad en lugar de consagrarse a la verdad de Dios.

Se trata de un asunto tan antiguo como el ser humano y su condición de ser esencialmente religioso, así como de un tema de compleja solución teórica, pues en la práctica se resuelve con el paso del tiempo y con la sabiduría refranera que reza que el tiempo pone a cada uno en su lugar.

No obstante, lo que sí es preocupante es el hecho de que, mientras el tiempo desvela la falsedad farisea, mucha gente de bien pueda resultar perjudicada y engañada por la apariencia de una falsa religiosidad que eclipsa la auténtica experiencia de Dios y enseña la senda fácil del poder y del éxito inmediato que nada tiene que ver con la auténtica felicidad y la sencillez de la vida.

Hoy mi oración va por los sencillos que quieren rastrear las huellas de Dios y han de hacerlo con la dificultad de poder encontrarse con personajes que lejos de ayudarles a seguirlas les confunden con los humos de sus hogueras de vanidades. Sin embargo, en el lado positivo pesa mucho más la insistencia de un Dios que sigue esperando lo mejor del ser humano, tanto de los que le buscan sinceramente y de corazón, como de los que se descarrían por caminos secundarios o indeseables. Para esos sencillos queda el respaldo de un Dios que espera lo mejor de ellos, porque no sólo basta con conseguirlo, sino que han de lograrlo tendiendo la mano de la fraternidad a los fariseos, haciendo lo que ellos dicen pero no haciendo lo que ellos hacen. Apasionante, ¿no?

miércoles, 12 de octubre de 2011

La verdad del sacramento

El proceso de secularización que vive la sociedad actual hace que muchas personas tengan serios problemas para conectar y comprender la simbología y la eficacia de los sacramentos. Podríamos decir que si estos se definen como encuentros con Dios o como signos visibles de la presencia de Jesucristo en la vida, hay personas que no terminan ni de encontrase con Dios ni de visibilizar la presencia de Jesucristo en sus vidas a través de los sacramentos. Pero, ¿entonces podrían decir estas personas que los sacramentos son ineficaces o falsos?

En mi opinión los cortocircuitos espirituales que se producen entre algunas personas y los sacramentos, dejando a un lado las limitaciones de la Iglesia y sus ministros para hacerlos más evidentes, son de tres tipos: históricos, simbólicos y teológicos. El primero se refiere a la tendencia a soñar con vivir en un eterno presente que olvida el pasado y relativiza el futuro. El segundo evoca la planicie de muchos sujetos contemporáneos para hacer lecturas profundas de la realidad y que la comparten ámbitos como el religioso o el artístico. Y, finalmente, el tercero sufre el peaje de los dos anteriores pues sobre él recae la responsabilidad de hacer inteligible la conexión del sacramento con su historia personal y colectiva mediante la fuerza expresiva del símbolo referida a momentos, personas y gestos concretos.

Es en este último ámbito donde se puede plantear de modo más sublime la verdad del sacramento. Aflora así la experiencia personal, la de Dios y la del mundo y la vida que el sujeto posee y conforme a ella se hace la aproximación al sacramento.

Un ejemplo claro de esto es lo que en la tradición católica se ha entendido como validez o eficacia del sacramento ex opere operato. Es decir, por muy corrupta o inadecuada que haya sido la mediación humana y ministerial que ha procurado el sacramento, la voluntad libre y consciente del creyente que recibe el sacramento le sitúa de modo incuestionable ante Dios y la gracia que Éste le proporciona. De este modo, la relación estrecha y profunda entre Dios y el creyente no elimina sino que redefine la mediación eclesial y ministerial al lugar exacto que le corresponde, permitiendo que quede así subrayado el nivel fundamental de verdad del sacramento: la fe que vincula al creyente con Jesucristo.

Si esto estuviera medianamente claro en la mente y el corazón de muchas personas, nos evitaríamos anécdotas como las de un párroco que atendiendo por teléfono al padre de un niño al que bautizar, cansado de disquisiciones y pegas sobre los modos del mismo, le espetó claramente: “Ya sé que no me va a engañar a mí, y lo que es más importante, a su hijo tampoco”. Y es que la verdad del sacramento se basa en algo fundamental y que sabemos desde muy pequeños: se puede lograr engañar a los demás, pero no a uno mismo. Y todo esto, ex opere operato, por no hablar de las nulas posibilidades de engañar a Dios.

jueves, 6 de octubre de 2011

La aventura de casarse

Si la vida en sí misma es una gran aventura, entre sus partes más apasionantes se puede incluir sin ningún género de dudas la aventura de casarse. Como tal, cualquier intento de imaginarlo, proyectarlo o controlarlo es nimio en comparación con la espectacularidad de su auténtica dimensión.

A ello se une que cuando un buen proyecto de pareja desemboca en un buen proyecto matrimonial la potencialidad del mismo se multiplica por muchísimos enteros. Casarse no es sólo una experiencia humana fundante (y para muchos fundamental) sino que en mi caso personal ha supuesto dar valor a cosas que uno ya había incorporado en su vida, a la vez que ha dinamitado definitivamente prejuicios erróneos que el ruido mediático vierte acrítica e irresponsablemente sobre el matrimonio.

Donde se vende la imagen de una relación marcada por los desencuentros y las dificultades, el paso del noviazgo al matrimonio supone un salto de calidad que sólo puede experimentarse cuando uno lo hace por sí mismo y en compañía de la persona amada.

Donde se duda sobre tradiciones, liturgias y ritos porque presuntamente atenazan la libertad de los individuos, allí, precisamente ahí, he encontrado la fuerza, el aliento y la libertad que da sentido al matrimonio.

Donde se insinúa que la gente acude sin preparación ni concienciación al matrimonio, me he encontrado gente honesta que acude a cursillos y charlas preparatorias con el corazón en la mano y las ganas de compartir en pareja y con los demás las ilusiones y los temores que tal paso les plantea.

Donde esperaba encontrar cariño, generosidad y presencia, he encontrado familiares, amigos y conocidos que han superado superlativamente las expectativas creadas y me han regalado una gran dosis de afecto que me invita a devolverlo con la misma gratuidad con la que lo he recibido. ¡Qué alegría saber de primera mano que la gente de siempre estará a tu lado siempre!

Donde esperaba recibir el aliento de Dios, no sólo lo he encontrado sino que he experimentado su gracia con una intensidad tal, que hoy puedo expresar mejor lo que supone un sacramento entendido como signo visible de la presencia de Jesucristo en mi vida o como encuentro con Dios.

Y, lo mejor de todo, es que la aventura de casarse no ha hecho si no empezar y el gran gozo es saber que cada instante y cada experiencia del camino la vas a compartir con alguien muy especial. Con esa sensación indescriptible, uno puede sentirse ilusionado con los regalos que le tenga preparada la vida y sentirse preparado para las adversidades.

Por si no ha quedado explicado claramente, me permito ayudarme de este vídeo que os invito a mirar.

martes, 27 de septiembre de 2011

La España alcoholizada

Imagino que cuando Ortega y Gasset escribió La España invertebrada, no esperaba ni por asomo que años después y constatada la decepción de la República real respecto de la ideal que él soñó y apoyó, diría aquella famosa sentencia: “no es eso, no es eso”.

En un paralelismo lejano, aunque quizás no tanto, la decepción entre lo que realmente ofrecemos a los jóvenes en realidad y lo que deberíamos ofrecerles, se me escapa un lamento idéntico al orteguiano: “no es eso, no es eso”.

Como muestra me ceñiré al escandaloso ejemplo que nos ofrece el consumo de alcohol entre un amplio sector de la población juvenil española. "Balconing", botellones incívicos, consumo incontrolado, o suciedad intolerable son sólo algunos reflejos de lo que esta realidad esconde. Y algo de lo que se esconde en este fenómeno alcoholizante es la soledad, la impersonalidad o la incultura.

La primera se refleja en el abandono y la soledad que experimentan muchos jóvenes para quienes sus progenitores no tienen mucho más que ofrecerles que bienestar, que en ocasiones financia el carísimo vicio de gastarse decenas de euros semanales en alcohol. La impersonalidad se manifiesta fundamentalmente en expresiones como “sin beber no soy capaz de divertirme ni de expresarme tal y como soy”. La nueva fachada de la apariencia es la cortina de alcohol tras la que algunos jóvenes necesitan esconder su auténtico rostro del que seguramente no tienen por qué avergonzarse sino que más bien han de mostrarlo a los demás. Finalmente, la incultura se plasma en la incapacidad de un país en transmitir su cultura, que incluye el amor y el cuidado de un buen consumo de alcohol, especialmente de los vinos, y que se ha resignado a que esta cuestión se aproxime más a la barbarie que a la conciencia de saber lo que uno se trae entre manos.

No todo está perdido, ni mucho menos. Empezando por que no son pocos los jóvenes que no entran por la dictadura de este cliché alcoholizante ni tampoco son pocas las personas que no están de acuerdo con esta versión de la España alcoholizada. Veo que por la tele promocionan una campaña para sensibilizar de que el consumo de alcohol tiene sus riesgos. Algo es algo, pero de nuevo me temo que se echa de menos un mensaje más positivo: se trata de transmitir con pasión lo bueno de la vida y no de dejarlo a la inercia de la ignorancia y la dejadez. No es difícil, aunque el pudor de la sociedad por re-encauzar esta cuestión me avisa de que tampoco es cosa baladí. Mientras las instituciones públicas siguen moviendo ficha, lo mejor será que cada uno hagamos lo posible y lo imposible por cambiar esta versión indigna del consumo de alcohol. ¡Brindo por ello!

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Los curas y las curas

Un amable lector me hace un comentario que, pese a su concisión, me recuerda que el Evangelio se puede leer bien en clave eclesiástica o bien en clave eclesial. Dicho en castizo, se puede leer como si estuviera escrito para los curas o como si estuviera escrito para las curas, esto es, para sanar. Sobra aclarar que, sin descartar totalmente la primera opción, uno está mucho más cercano a la segunda. Eso sin olvidarnos de que Jesús, único y sumo sacerdote, no fue cura pero sí sanador.

Esta sencilla reflexión, que deriva de un principio religioso fundamental que reza que la religión es incompatible con la falta de libertad y con la ausencia de sentido, me vuelve a recordar a la pasada JMJ. Si la interpretamos como un acontecimiento de curas, no deja de tener su relevancia, pero si la contemplamos como un acontecimiento de curación su brillo es mucho más intenso. Y prueba de ello es que somos muchos los que hemos encontrado en ellas una cura de humildad. Seamos curas o no, como cristianos hemos sido invitados a renovar nuestro compromiso de vivir el Evangelio y de transmitírselo a los demás. Vamos, que en clave evangélica, los curas -siendo muy importantes- son secundarios respecto a las curas y no al revés.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El escándalo de la JMJ

Pasados unos días tras la conclusión de la JMJ, es más fácil hacer balance sin caer en exageraciones tanto de índole positiva como negativa. En mi caso, la sensación es bastante positiva, pero cada cual tendrá su opinión. Hoy escribo por otro motivo más sugerente.

En estos días me viene a la memoria que hace meses alguien implicado en la organización de la JMJ andaba preocupado por un rumor que afirmaba que algún medio de comunicación tendría preparadas noticias que podrían destapar escándalos en la Iglesia. A día de hoy, lo cierto es que ese rumor no se ha confirmado y que la información sobre la JMJ ha sido más sana de lo habitual. ¡Supongo que a ello ha contribuido su escandaloso éxito como acontecimiento mediático! (más aún en un mes más escaso de noticias como agosto).

Sin embargo, hay un escándalo que sí debe preocupar a la Iglesia tras la JMJ. Y este no es otro que la posibilidad de defraudar las grandes expectativas que a muchas personas, especialmente a los jóvenes, se le han suscitado o reactivado tras este acontecimiento. Este tipo de eventos suelen provocar un subidón emocional y personal, pero siempre queda por concretar el modo en que esa potente experiencia se puede traducir en algo más cotidiano y perdurable. La Iglesia tiene en este punto una grandísima oportunidad pero también un reto gigantesco.

Mi deseo hoy es que todos los que formamos la Iglesia sepamos leer el mensaje que esta JMJ nos deja y evitemos así incurrir en el escándalo de defraudar a la juventud que quiere comprometerse con el Evangelio que, mira por dónde, nos instruye en este aspecto: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18, 6)

jueves, 18 de agosto de 2011

Promotores y detractores de la JMJ 2011

Comenzaré admitiendo sin remilgos que me incluyo entre el grupo de católicos que se muestra escéptico acerca de la fecundidad de macroencuentros del tipo JMJ, si bien algunos detalles me han hecho ver que es cierto que el Espíritu sopla donde y cuando quiere.

Pero no escribo para hablar de si apoyo o no a la JMJ (que la apoyo y la critico desde mi condición de miembro de la Iglesia) sino de la paradoja que se produce en las formas de proceder de sus promotores y sus detractores, aconteciendo que en muchas de las acciones de los primeros se perjudica al objetivo primordial de la JMJ y más de lo mismo ocurre entre sus detractores ya que cuantas más fuerzas dedican a boicotearlas, más la promocionan.

En el caso de los promotores se suceden cosas como que la propia organización se contradiga a sí misma cuando afirma que se trata de un encuentro entre los jóvenes y se empeña en venderlo principalmente como un encuentro de los jóvenes con el papa. También se perciben detalles extraños a partir de actividades concretas, pues de nuevo brillan más las anécdotas como la recepción del pontífice por una embajada de jóvenes prestos al “peloteo”, por un grupo de encantadores pipiolos disfrazados de guardias suizos y un espectáculo de caballos jerezanos. Finalmente, la JMJ pone manifiesto que los planes diocesanos siguen siendo un empecinamiento episcopal de promover a los movimientos y dejar un tanto de lado a la vida religiosa. Prueba de ello es que sin la generosidad de las órdenes y las congregaciones religiosas, al menos en la infraestructura, la JMJ habría tenido serios problemas de acogida de jóvenes.

Sin embargo, el balance es mucho más generoso en cantidad de despropósitos en el bando de los detractores. Un caso muy evidente es el de la hipocresía mediática y empresarial. Ni los grandes almacenes ni las multinacionales de bebidas publicitan la JMJ porque sean, en primera instancia, entidades católicas por excelencia, sino porque el evento como tal es lo suficientemente importante como para ofrecer a Madrid y a esas empresas mucho más de lo que requiere de ellas. Eso sí, más delicado es el caso de grupos mediáticos que por un lado “dan palos” a la JMJ y por otro se sirven de ella para promocionar sus productos. Esto ocurre cuando alguien es propietario de un diario hostil a la Iglesia a la vez que de una editorial que vende miles de libres de texto a los colegios de ideario católico.

Otros casos curiosos son los del movimiento laicista y el de los grupos eclesiales de base. Ambos se erigen, sin quererlo pero con gran éxito, en los principales promotores de la Iglesia institucional y jerárquica al convertir sus criticas en un gran altavoz que retroalimenta lo que sólo puede diluirse si se le quita la importancia que no tiene (dice el refrán que “no hay peor desprecio que no hacer aprecio”). En el caso de los grupos eclesiales, denotan falta de tacto y reafirman a la institución en un sentido rancio, porque más vale mala estructura institucional que tener que convertirse en una “jaula de grillos”.

El último caso es quizás el más conmovedor y consiste en el grupo de personas que dicen, sin pudor, que este tipo de eventos les lleva a apostatar o a renunciar a su fe católica. De esta forma, y de nuevo sin querer, alimentan la fe y los argumentos teológicos que sostienen la auténtica fe en Jesucristo, los cuales no pueden depender en primera ni en única instancia de signos externos ni de meras personas.

He aquí algunas paradojas asociadas a la JMJ, pero la principal de ella es que la experiencia de Dios que pueda suscitarse mediada por ella no será en ningún caso concordante ni controlable con los patrones ni de sus promotores ni de sus detractores. ¡No es maravilloso? Feliz JMJ 2011.

lunes, 8 de agosto de 2011

El árbol de Santo Domingo

Quienes viven y conocen lo que es la Familia Dominicana (expresión amplia y menos legalista de la Orden de Predicadores) la suelen expresar como un árbol frondoso cuya raíz es Jesucristo, su tronco común es su fundador Santo Domingo de Guzmán y sus ramas son las diferentes formas de pertenencia a esta realidad expresiva de la variedad y riqueza del carisma dominicano: las monjas contemplativas, los frailes, los seglares, las hermanas de vida apostólica y, por último, las fraternidades sacerdotales; sin perder de vista otros brotes que a su manera dan frutos modestos pero valiosos.

En algunos lugares del mundo, el árbol dominicano tiene buena salud y sus ramas son más frondosas, obteniendo frutos más jugosos. Sin embargo, en otras partes, las ramas presentan un aspecto más enfermizo y sus frutos en general poco jugosos con ciertos síntomas de podredumbre.

Extrapolando ambas realidades y haciendo una lectura teológica, podemos deducir que se puede dar por hecho que la raíz y el tronco del árbol no son el problema pues su salud vigente está fuera de toda duda. ¿Quién duda de que el Evangelio y el carisma dominicano tienen mucho que ofrecer al mundo?

Por ello, es bastante probable que el problema esté en la conexión entre la raíz y el tronco con las ramas. La historia del carisma dominicano, más visible y patente desde el siglo XIII, nos enseña que en las instituciones y los individuos en los que brillaron y predominaron los más excelsos valores dominicanos los frutos fueron cuantiosos y de calidad. Entre otras muchos, predicación, estudio, comunidad, oración, mendicancia, itinerancia, compasión y, sobre todo, mucha misericordia son la savia revitalizadora que garantizan la presencia activa y significativa del carisma de Domingo, el carisma de la predicación en medio del mundo.

Hoy, en el siglo XXI, el trasfondo de la vigencia y la pertinencia del carisma dominicano no es tan distinto ni más complejo de lo que era en el siglo XIII o en otros muchos momentos de la historia. Y para no caer en derrotismos simplistas, quizás deberíamos recordar no sólo que el grano disperso da fruto y amontonado se pudre, sino también que el grano ha de morir para dar buen fruto. Seamos miembros sanos o podridos del árbol dominicano, nuestro último destino, en nombre de la misericordia de Dios y de nuestros hermanos, es común: ser examinados por el fruto aportado para la instauración del Reino de Dios.

lunes, 1 de agosto de 2011

Y, de repente, Stiglitz

En boca cerrada no entran moscas y en la mía, nada más señalar que lo del 15-M estaba paradito pues resulta que resucitan las marchas, las acampadas y las asambleas. ¡Me alegro por ello y espero que sea para bien!

En algunas de esas asambleas ha resultado llamativa la presencia de una figura mundial como la del premio Nobel de Economía, J. Stiglitz. He de confesar que esta presencia ha suscitado en mí ciertas inquietudes que pueden resumirse en lo siguiente:

1. ¿Un Nobel de economía? Indudablemente el eco mediático y el apoyo moral que supone la simpatía de un premio Nobel de Economía por el movimiento 15-M es impagable, pero contiene algunas espinas. La primera es la jerarquía que el citado movimiento quiera dar a la economía y a la política. Entiendo que el 15-M aboga por un mayor protagonismo de la política por encima del determinismo económico que rige el modelo neoliberal, luego entonces, ¿por qué recurrir a un especialista en economía? La segunda consiste en que por muy válida que sea la postura de todo un premio Nobel de Economía, no podemos olvidar que la verdad de la economía es una verdad científica y que por tanto esta sujeta a los valores por los que se rigen los economistas que la propugnan. ¿Coinciden los valores fundamentales de Stiglitz con los del movimiento 15-M? Más abajo hablaremos de ello.

2. “Yo a ti te conozco”. Stiglitz es un personaje célebre. Lo suficiente como para conocer sus méritos pero también otros aspectos de su biografía intelectual (la personal, obviamente la dejamos para su intimidad). Personalmente no sabría explicar muy bien el resumen del trabajo que le llevaron a merecer el Premio Nobel, pero sí conozco algo de sus críticas al modelo neoliberal y a sus proyecciones nefastamente globalizadoras. Y puedo decir que, en general, estoy de acuerdo con ellas. Sin embargo, la figura de Stiglitz es también conocida por otras actividades. De hecho es probable que mucha gente le conozca por su relación de colaboración con el PSOE, especialmente a través de la Fundación Ideas, vinculada al partido. Lógicamente, las preguntas vuelven a suscitarse: ¿para Stiglitz ha de primar la política sobre la economía o viceversa?; ¿se puede estar de acuerdo en los puntos más fundamentales con las dos partes de un litigio, léase partido en el gobierno y movimiento de indignados?

Dejo las posibles respuestas a juicio de cada cual y al paso del tiempo que, seguramente, nos ofrecerá nuevas claves de interpretación. No obstante, con Stiglitz o sin él, me atrevo a sugerir un desafío que el movimiento 15-M debe considerar cuanto antes. No existe denuncia honrada sin asumir el riesgo a proponer un anuncio alternativo a lo que se está denunciando.

Así pues, sería deseable conocer una propuesta lo más concreta posible de lo que el movimiento 15-M ofrece a la democracia española. Y para ello sería conveniente que reconsidere su postura acerca de ofrecer un cauce político que permita al pueblo español pronunciarse sobre la aceptación que obtiene dicha propuesta. ¿Veremos en breve una opción política que incluya en un programa electoral básico una serie de aspectos propugnados por el 15-M y deseados por muchos españoles, condicionada al único plazo de la puesta en ejecución de las mismas? Estaría bien, no sólo por su interés político, sino también porque no hacerlo es marear la perdiz y en estos tiempos de confusión y depresión los españoles no estamos para más bandazos.

lunes, 25 de julio de 2011

15 días en agosto

Como adelanté en la entrada anterior, en esta ofrezco una perla que no por ser muy conocida deja de tener valor para reflexionar sobre las prioridades de cada cual en la vida. En el caso del mundo del trabajo y la economía, el dilema suele resumirse en trabajar para vivir o vivir para trabajar, como tan bien expresó el jesuita Anthony de Mello en su cuento El pescador satisfecho.

Pero la perlita a la que me refería es un ingenioso vídeo que explica tal dilema narrándolo, en línea con el evangelio de este domingo -"das a entender las cosas importantes a los sencillos"- desde la óptica de un niño que no entiende los desvelos de sus mayores por el trabajo y el dinero. El vídeo producido por tropofilms se titula 15 días en agosto y su autor es Edu González. Espero que lo disfrutéis.

lunes, 18 de julio de 2011

15-M: ¿cerrado por vacaciones?

No es posible hablar del movimiento 15-M sin generalizar, pues en torno a él se agrupan muchísimas personas de bien con nobles ideales pero también algunas con ideas o intenciones que no benefician al objetivo fundamental de dicho movimiento.

De los primeros podría decirse que han supuesto una bocanada de aire fresco para la vida política y social de nuestro país, aunque corren el serrio peligro de ser engullidos por la rutina, su excesivo idealismo y cierta alergia a proponer cauces más concretos a sus propuestas y reivindicaciones.

De los segundos sólo puede decirse que por sus obras los conoceréis y lo cierto es que algunas manifestaciones o expresiones del movimiento 15-M que han sido protagonizadas por sus representantes más impresentables nos llevan a abrazarnos al consuelo de que nuestra democracia es muy mejorable pero sigue siendo el menos malo de los sistemas políticos. Precisamente un triste consuelo por el que los promotores del movimiento trataban de incordiarnos para dinamizar a nuestra democracia.

Pero hay una cosa en la que tanto un tipo de representantes del movimiento como el otro coinciden: su marcha de las plazas públicas en las que simbolizaron el grito de sus demandas. Con el paso del tiempo y la llegada del calor, muchos indignados se retiraron a sus casas y a sus sedes. Es quizás un signo de lo que realmente se cuece en nuestras sociedades y que también se le ha escapado a este movimiento: en las sociedades del siglo XXI, especialmente las occidentales, no se indigna uno por la ética ni por la política (eso sería demasiado noble y desgraciadamente queda relegado para el arte de los individuos en su intimidad) , sino por la economía.

Es duro asumirlo pero tiene parte de verdad. Las indignaciones políticas están supeditadas a las económicas y cuando llega la hora de la verdad las prioridades son económicas y de corte liberal, lo cual incluye las vacaciones y otros derechos (a veces privilegios) que nuestro sistema nos inocula desde que nacemos y nos educamos en ella,

Quizás antes de seguir adelante, el movimiento 15-M debería preguntarse si su nombre es correcto o debería cambiárselo por el de movimiento 15-A (de agosto, claro). ¿Predomina lo económico ante lo ético y lo político o viceversa? Como no sé si lo van a hacer, dejo esta pregunta-reflexión para mí mismo y para ti, querido lector, por si nos pudiera hacer bien. Y si os parece bien, en la próxima entrada dejaré otra pildorita al respecto.

miércoles, 6 de julio de 2011

Nuevos inquilinos en el monasterio de Yuste

Navegando por la red, me encuentro con la noticia de que el ilustre monasterio de Yuste, perteneciente a Patrimonio Nacional y lugar de retiro y muerte del emperador Carlos I de España y V de Alemania, se encuentra de mudanza en lo que a sus inquilinos se refiere. Como ya informó en abril la Diócesis de Plasencia, se marcha la comunidad de monjes jerónimos y llega otra de monjes paulinos (Orden de San Pablo Eremita). Este relevo me suscita tres reflexiones fundamentales:

1. La importancia de la historia requiere custodios dignos. El hecho de que la crisis vocacional afecte no sólo a la Orden de San Jerónimo sino también a su misión y presencia se pueden entender mejor cuando nos enteramos, por ejemplo, que un lugar tan relevante históricamente como el monasterio de Yuste se ve implicado en el lance. Son muchos los lugares, las poblaciones y los patrimonios que le deben mucho a la Iglesia en general y a las órdenes religiosas en particular. Las órdenes contemplativas no sólo no son una excepción sino que suelen ser protagonistas en esta noble tarea de velar por la memoria de un lugar y de custodiar parte de su patrimonio. El hecho de que la noticia de la marcha de una comunidad suela generar desazón entre los vecinos y los conocidos del lugar deja entrever que fueron o son unos custodios dignos, lo cual no es cuestión baladí porque “el que es de fiar en lo pequeño también lo es en lo importante” (Lc 16). Desde la distancia, me da la sensación de que los jerónimos pueden marcharse tranquilos porque han sido unos custodios de Yuste muy dignos.

2. Las instituciones y las personas pasan pero los carismas persisten. Los jerónimos fueron muy numerosos en siglos pasados (s. XVI y XVII), como prueban documentos escritos e incluso pictóricos (ej.- Zurbarán), pero su larga historia seguramente les permite entender mejor que a nadie que las etapas favorables y desfavorables se suceden. Si tras la desamortización de Mendizábal, la Orden llegó prácticamente a desaparecer, hoy su presencia está reducida a mínimos que se han congregado en el monasterio segoviano de Santa María del Parral. Si después de aquel bache vocacional, la Orden supo y pudo restaurarse, no hay que descartar la posibilidad de que otro ciclo de la historia les vuelva a ser favorable. Pero si finalmente no fuera así, su principal consuelo será haber sido fieles a su carisma y saber que éste continúa vivo y vivificado por el Espíritu aunque, desgraciadamente, no en las formas y modos que los jerónimos quizás hubieran soñado pues "del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre" (Mt 24, 36; Mc 13, 32)


3. La generosidad es clave en la transmisión del Evangelio. La propia dinámica del Evangelio y la historia de la Iglesia nos muestran que la generosidad y la entrega son imprescindibles para la evangelización. A la generosidad de los monjes jerónimos les ha de suceder ahora la generosidad de los monjes paulinos que viven un momento de mayor esplendor (motivado por su fuerte presencia en la vigorosamente católica Polonia) y pueden hacer una ofrenda para continuar con esta misión evangelizadora. No faltarán las dificultades y la dudas (empezando por la de si es la solución más adecuada), pero mientras se despejan, uno de los principios que ha de primar es el de “dar gratis lo que habéis recibido gratis” (Mt 10, 8).

Se cierra una etapa en el monasterio de Yuste, al tiempo que se abre otro episodio histórico entre sus muros. Gracias a los monjes jerónimos y que la gracia de Dios ilumine a los monjes paulinos.

viernes, 1 de julio de 2011

Récord de tiempo de vida como monja

Una de las noticias de la jornada, obviamente por su sensacionalismo superficial en vez de por su interés integral, es el presunto récord de tiempo viviendo como monja de una mujer, que responde al nombre religioso de Sor Teresita, quien ha pasado los últimos 84 de los 103 años de su longeva vida en el monasterio cisterciense de Buenafuente de Sistal (Guadalajara).

La noticia aparte de sensacionalista es, en cierta medida, un termómetro de lo que realmente piensa la gente más allá de los tópicos sobre el tema. Y es que luego nos dirán que no es más importante la calidad que la cantidad, o que no resulta llamativa o curiosa la vida religiosa.

Es cierto que la vida de esta religiosa ya había sido divulgada en un libro recopilatorio de testimonios de monjas hablando de las bondades que las llevaron a abrazar el estilo de vida que las hace felices. Pero no nos engañemos que el modo de presentar este tipo de biografías o de estilo de vida no deja de ser muy mejorable tanto por parte de sus detractores como por sus defensores.

Y es que ya antes de Cristo, Aristóteles nos propuso aprender a distinguir entre lo sustancial y lo accidental, consejo que por desgracia no se ha tenido en cuenta en esta presentación por la noticia.

Quizás lo que sí sea de récord no sólo es el tiempo que ha pasado desde aquel consejo de Aristóteles sino el tiempo que nos queda por esperar hasta que mucha gente quiera entender que en el estilo de vida monacal, la clausura es accidental y la contemplación sustancial.

viernes, 24 de junio de 2011

Corpus Christi religioso y Corpus Christi civil

Fiesta tradicional pero no exenta de polémica, la fiesta del Corpus Christi representa perfectamente la profunda relación que se da en muchas ocasiones entre lo religioso, lo cultural y lo político.

Si en el siglo XVI se propuso como fiesta que enseñaba la doctrina católica sobre la Eucaristía y que se manifestaba de modo preferencial a través del arte y de las procesiones, también se constituyó en elemento claramente diferenciador de lo católico respecto a las novedades doctrinales propuestas por las incipientes iglesias protestantes y por ello debidamente aprovechado por el poder civil.

Con el paso del tiempo, su presencia en el calendario litúrgico y festivo de España se fue consolidando como muestra el famoso dicho popular: “Tres jueves tiene el año que brillan más que el sol, Corpus Christi, Jueves Santo y el día de la Ascensión”. En algunas ciudades como Toledo y Granada, la fiesta obtuvo un valor excepcional y hoy en día se mantiene como festivo en la localidad. Sin embargo, en otras ciudades su lugar se fue desplazando litúrgicamente hasta el domingo siguiente.

La casualidad o la necesidad han provocado que en este año en la comunidad de Madrid, se haya vuelto a recurrir a esta fiesta como día no laborable, de tal forma que el jueves del Corpus ha sido fiesta civil pero no religiosa. Esta llamativa situación no ha pasado desapercibida para muchas personas, de modo que parece ser que algunos han denominado a la fiesta como “El Corpus de la Espe” (en clara alusión a la presidenta de la Comunidad de Madrid).

Lo que ha ocurrido en este año litúrgico podría compararse a una situación de una pareja en la cual uno de sus miembros cumple años en un día laborable. Entonces a su cónyuge se le suscita la duda de si ir a cenar ese mismo día laborable para celebrarlo o posponerlo para el siguiente fin de semana. Lo cierto es que la decisión no es tan trascendente aunque no está exenta de importancia pues refleja en cierta manera las prioridades y las escalas de valores de cada personas y de la influencia del entorno a la hora de atenderlas o reformularlas.

En la práctica religiosa y litúrgica católica hay una serie de pautas y normas enseñadas por la Iglesia, pero estas no son suficientes en sí ni por sí mismas. En la liturgia y en la espiritualidad no hay preceptos que se antepongan a la propia vivencia y experiencia cristiana y esto es una realidad (por suerte o por desgracia) que en mi opinión es positiva porque ayuda al discernimiento maduro y responsable de todo fiel cristiano para saber si atenderlos o no, y de quienes promulgan y defienden la norma para saber si procede conservarla o por el contrario revisarla. Una situación que, ¡oh casualidad!, puede darse tanto en el plano religioso como en el civil.

¿Qué ocurriría si algunos días de la Semana Santa se considerasen días laborables? La respuesta no puede venir sólo de lo normativo y de lo institucional, sino ante todo de la experiencia personal creyente y que se expresa en gestos y acciones concretas acordes con la fe vivida y profesada. Lo demás es importante sí, pero accesorio.

miércoles, 15 de junio de 2011

Donde está el Espíritu, está la libertad

La fiesta de Pentecostés nos vuelve a refrescar la presencia viva y vivificante del Espíritu Santo en nuestras vidas. Es una presencia actual y actualizadora ejercida en forma personal y en colegialidad con las otras dos personas de la Trinidad: el Padre y el Hijo.

En la segunda carta a los Corintios (2 Co 3, 17), San Pablo afirma con contundencia que “allí donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad”. No en vano, el Espíritu se asemeja mucho a la libertad pues es la persona de la Trinidad menos manipulable desde un punto de vista metafísico y racionalista o absolutamente idealista.

El Espíritu Santo, en su procedencia del Padre y del Hijo es nuestra máxima garantía de que la divinidad cristiana es relacional y no se reduce a un mero concepto o un ejercicio deísta de mera creencia por la razón. El Espíritu es presencia omnipresente (permítaseme la redundancia) de Dios en nuestras vidas. Como le ocurre al ser humano con la libertad, del mismo modo le ocurre al cristiano con el Espíritu: igual que no es posible sin ser libres, el cristiano no puede abstraerse a la presencia amorosa del Espíritu y mejor hará en tenerla en cuenta que en ignorarle.

Ignoro a qué tipo de libertad se refería San Pablo en su epístola corintia, pero la acción del Espíritu en la vida y en la historia de la humanidad me recuerda en cierta manera al concepto de libertad kantiana que se resume en la posibilidad de introducir una nueva causalidad en nuestras acciones y decisiones. Nada está determinado y por ello nada está perdido ni ganado, sino que todo está por hacer porque todo se puede hacer.

Y esta profunda convicción humana y también cristiana, en definitiva, evangélica es un rasgo definitorio de la experiencia fundante que los discípulos de Jesús tuvieron el día de Pentecostés y les llevó a entregarse en cuerpo y alma a poner en práctica las enseñanzas de su maestro. Igualmente, para todos hoy la presencia del Espíritu es una muestra incontrolable de libertad y una invitación a vivir la libertad que Jesús nos enseñó: la libertad de la verdad y del amor compasivo por el prójimo.

domingo, 12 de junio de 2011

¡Suerte Perú!

En estos tiempos de protestas y revoluciones civiles para, supuestamente, aspirar a mayores cotas de democracia real, Perú ha elegido presidente. Y hablo de este precioso país porque, una vez más, me vuelve a resultar especialmente llamativo que los nombres de muchos candidatos a la presidencia suenen como desacreditados por sus andanzas del pasado, otros condicionados por sus relaciones familiares o comerciales y, finalmente, otros estigmatizados por unas tendencias ideológicas que no terminan de generar confianza en el escenario internacional.

Desde la distancia, me vuelve a quedar la sensación de que los peruanos han tenido que votar en la segunda vuelta eligiendo entre una opción muy mala y otra peor. Y sin embargo, más allá de todo eso me sigue quedando como trasfondo importante la riqueza del pueblo peruano que se merece, sin lugar a dudas, unos gobernantes mucho mejores.

Parece ser que no soy el único que lo piensa. Al día siguiente de las elecciones, la bolsa peruana sufrió una durísima bajada, pero afortunadamente las afirmaciones del nuevo presidente aclarando sus intenciones hicieron que las cosas se equilibraran. Quizás esta sea el reflejo de lo que realmente merecen los peruanos, poder tener por gobernante a alguien que les permita canalizar y poner en juego sus muchos valores. Esto es lo que deseo para el pueblo peruano, desde la selva amazónica hasta el lago Titicaca, pasando por Aguas Calientes, el Cusco y llegando a la capital, Lima.

Con mis mejores deseos para el Perú, especialmente para aquellos a quienes conozco y quienes leen este humilde blog: ¡Suerte Perú!

miércoles, 8 de junio de 2011

Solución a la cuestión de la entrada anterior

Pues sí, muchos siglos después la fórmula de Platón para esquivar los fraudes de la información sigue estando vigente. Para evitar la manipulación, hay que obtener la mejor formación posible, conocer bien y saber más que los posibles agentes de manipulación y conocer el contexto de la misma.

En el caso del ejemplo elegido en la entrada anterior, se pueden observar las siguientes situaciones:

a) Entre la desinformación y la información, la formación. Tan importante como manejar datos relevantes es tener la capacidad de entenderlos e interpretarlos correctamente. Las sombras de la caverna del mito platónico nos advierte no sólo que las apariencias no coinciden con la realidad, sino que además resulta determinante el interés y el afán por conocer verdaderamente cuál es la fuente de tales sombras. En el caso del artículo propuesto, el ejemplo es muy claro: no es lo mismo la asignatura de Educación para la ciudadanía (que se cursa en Primaria y ESO) que la de Filosofía y ciudadanía (que se estudia en Bachillerato). ¿Lo sabía el periodista? Eso no es tan relevante. Lo realmente importante es si lo sabía el lector del periódico.

b) Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Ya lo dije al final de la entrada anterior: “quien sabe mucho, escucha; quien sabe mucho pregunta”. El manipulador no deja de ser un listillo que se considera a sí mismo capaz de jugar con la inteligencia de sus interlocutores. Es decir, se cree superior a sus lectores y/u oyentes. En el ejemplo del artículo, la presentación de una teoría como explicación definitiva y absoluta de una cuestión expresa bien a las claras no sólo el desconocimiento de lo que es y supone una teoría científica sino también que las teorías permanecen vigentes en función de sus argumentos racionales y no de los ataques ad hominem y de los prejuicios facilones en contra de sus detractores. La teoría de Darwin no es más fiable porque sus críticos sean más o menos patéticos, sino por si resiste la crítica científica propuesta a partir de otras teorías o correcciones científicas.

c) La confusión entre el fin y los medios. Quien deambula sin sentido entre los fines y los medios puede llegar a comulgar con el tentador pero peligroso principio del “todo vale”. He aquí una profunda sima que se abre entre los dominios de la política, la ideología y los intereses económicos respecto a los de la filosofía y la verdad. Las primeras generan cierta corrupción y no poca dependencia, las segundas sólo pueden conducirse por el camino de la honestidad. Hoy, en el mundo periodístico lo monetario es más influyente que lo ideológico y las noticias contienen un halo de interés oculto que trata de camuflarse con la ayuda del abrazo de una aparente postura política.

Siglos después, Platón vuelve a rescatarnos de las sombras de la caverna que no pretenden mostrarnos la realidad tal y como es, sino la realidad tal y como nos gustaría que fuera. El filósofo sabe que la verdad es mucho más que el afán por querer tener la razón. En ese mismo dilema se mueve la prensa y sus lectores como los encadenados de aquella caverna, deberán optar entre permanecer anclados en sus seguridades o aventurarse a conocer la verdad cueste lo que cueste.

miércoles, 1 de junio de 2011

Platón y la prensa

A través de los diálogos platónicos hemos podido aprender que para algunos filósofos griegos, mucho peor que ser ignorante en una materia es desconocer incluso que realmente se ignora lo que uno cree que sabe o domina.

Un caso paradigmático lo constituye hoy la prensa. En una profesión como ésta la existencia de profesionales que sepan hacer bien su trabajo es una cuestión de honor y de mucho esfuerzo. Digo esto último porque ser periodista, como ser actor o filósofo (incluso teólogo) es una cuestión de mucha responsabilidad porque exige alcanzar ciertos niveles de conocimiento que no son fáciles de adquirir. El actor ha de manejar los registros personales y contextuales del tema que quiere interpretar en la película. Por su parte, el filósofo ha de conocer tan bien o mejor que la filosofía toda información científica que le permita esquivar el ridículo y atinar el disparo de su arco epistemológico hacia la diana de la verdad. ¿Qué ocurre con el periodista? Pues que los hay muy buenos, buenos, regulares y malos. El periodista también coquetea con la verdad de los hechos y si no está bien engalanado para ella, corre el riesgo de ser rechazado y de convertirse en un llanto y crujir de dientes para sí mismo y para la sociedad que tanto espera de este sector mediático tan influyente en las sociedades democráticas.

El periodismo en la sociedad democrática está llamado a jugar un papel relevante casi decisivo. Sin embargo, también vivimos en la sociedad del conocimiento y en ella, si abundan casos como el que voy a citar, también se puede incurrir en el esperpento.

Propongo a los lectores que, sin mayor intención que analizar lo que sugiero sin entrar en terrenos personales, eche un vistazo a este articulito aparecido en El País hace unos días. Dejando pues a su autora y su “gloria” a un lado, el reto es encontrar tres errores de manual (en el contenido del artículo) y controlar la risa o el llanto. Mientras los encuentran, dejo aquí una célebre sentencia que viene al caso:

Quien sabe mucho, escucha;
Quien sabe poco, habla;
Quien sabe mucho, pregunta;
Quien sabe poco, sentencia.

martes, 24 de mayo de 2011

Santo Domingo, el yo y sus circunstancias

Leyendo una entrevista al director de cine, Roland Joffé (con motivo de la promoción de su última película Encontrarás dragones), me encontré con una sugerencia que no me gustaría que pasara desapercibida en lo que se refiere al conocimiento y aprovechamiento del ejemplo de los santos. Dice Joffé: “Si hacemos que el santo sea el centro de la película, entonces podemos perder de vista el mundo que le rodea, que es el lugar donde expresaba su santidad”.

Hoy en la fiesta de la Traslación de Santo Domingo, al releer esta sugerente idea, me viene a la mente el ejemplo de los grandes santos de la Iglesia que, más allá de las exageraciones literarias de las hagiografías, han logrado trascender la falsa apariencia de su hornacina y su aureola mediática para dejarnos en herencia una forma peculiar y original de seguir a Jesucristo.

Tomando como ejemplo al propio Domingo de Guzmán (aunque bien podríamos fijarnos en otros santos ilustres como Francisco de Asís), se puede ver hasta qué punto esta intuición de Joffé resulta decisiva, pues en la vida de los santos lo importante nunca fue su ego sino la compasión y la insistencia por entregarse al mundo que les rodeaba.

Así pues, al igual que el santo no es nada sin sus circunstancias y, sobre todo, sin quien es la única Circunstancia eterna de su vida, los miembros y los integrantes de las familias religiosas fundadas por santos tienen en este consejo una pista por la que guiar sus huellas al estilo de sus fundadores sin perder de vista la única referencia válida por sí misma y capaz de dar sentido al mundo que les rodea: Jesucristo y su Evangelio.

Resulta curioso como años y siglos después, por encima de campañas de marketing y desvelos y disputas alejadas del espíritu evangélico, la mejor manera de vivir el seguimiento de Jesús desde la fidelidad a un carisma sigue radicando en desprenderse de lo prescindible (incluyendo el propio ego) para darse uno mismo y darlo todo a los demás, aspirando así al noble ideal de perderlo todo a cambio de la Nada que es capaz de saciar las ansias de plenitud y felicidad del ser humano.

Hoy, igual que en los orígenes del cristianismo, ser santo significa ser feliz. Y no hay otra forma de ser feliz que haciendo felices a los demás. Mirando el ejemplo de Domingo de Guzmán me resulta más fácil aplicarlo a mi propia vida. ¡Ojalá sea así para todos!

sábado, 14 de mayo de 2011

Los detalles salvan parejas

Un ejercicio muy sano (¡y muy divertido!) es leer periódicos pasadas unas semanas, meses o incluso años. En esas lecturas “a toro pasado” uno se da cuenta de la distancia que hay entre lo que se pretendía y lo que se logró finalmente. Pero también uno se encuentra con titulares o declaraciones que aunque en el día en que se leyeron causaron cierto impacto, al releerlas un tiempo después lo hacen con una intensidad mayor. Veamos un ejemplo.

“Los detalles salvan parejas”, afirma la actriz francesa Juliette Binoche. Y pese a su profesión, su afirmación me llega a las entrañas con la autoridad de algo que se dice no para vivir un amor de cine, sino un amor real y cotidiano pero que tiene que sentirse con pasión y entrega en cada día de convivencia.

Sí, los detalles no sólo salvan parejas sino que seguramente salvan al mundo porque, con los años, uno se va dando cuenta de que es en las pequeñas batallitas de cada día donde uno puede hacer su gran aportación para lograr la victoria definitiva: la felicidad o, en teología cristiana, la salvación.

Como todos, seguramente, hemos tenido la dicha de haber sido sorprendidos con detalles llenos de ternura y afecto, sabemos la importancia de su fuerza expresiva y simbólica para traer a la superficie de lo cotidiano la profundidad de lo eterno. Tener un detalle con una persona especial es la oportunidad de expresarse uno mismo como necesitado y capaz de amar a la vez que se le recuerda a la otra persona que es alguien muy especial para quien tiene el detalle con ella.

En tiempos donde algunos profetas de calamidades se ríen de los amores eternos y donde muchos se dejan embaucar por mensajes superficiales de amores vividos con calculadora y miedo al compromiso, hoy me aplico este consejo de Juliette Binoche y me invito a mí mismo, y a quien se apunte, a ejercitar con más frecuencia el romántico y sano deporte del detalle: conocerse cada día más a uno mismo, al otro y a ambos como pareja.

Hoy, pues no lo dejaré para mañana, habrá un detalle para alguien especial. Yo sé que ella lo es, pero la ayuda de este gesto me permitirá recordárselo y asegurarme de que ella así lo siente. Hay mucha gente a la que quiero y que es importante para mí, pero con el detalle queda claro que tú eres muy especial.

Con mis mejores deseos para todas las parejas y mi felicitación especial, para las que ya viven su relación desde la sabiduría del detalle.

lunes, 9 de mayo de 2011

Severiano Ballesteros o qué implica tener talento en España

Dice el sabio refrán: “El día que te cases saldrán tus faltas y el día que te mueras tus alabanzas”. No diría que en el caso del gran golfista español Severiano Ballesteros haya sido exactamente así, pero tampoco anda desorientado este refrán pues aunque el reconocimiento que obtuvo a lo largo de su vida fue notable, eso no fue óbice para que su trayectoria no estuviera salpicada de dificultades y algunos desencantos.

Por ejemplo, me vienen a la mente los lamentos que el deportista cántabro profesaba ante el periodista José María García porque no se había contado con él para ser portador de la antorcha olímpica cuando ésta pasaba por la puerta de su casa en su Cantabría natal.

Ballesteros fue un pionero y un profeta del golf que, como tal, tuvo muchísimo más éxito lejos de su tierra que en la suya propia. Las reseñas de obituarios en la prensa internacional son un buen ejemplo de ello. Es fácil, aplaudir a un grande cuando está en la cresta de la ola, pero el mérito de Seve es haber sido capaz de desarrollar su inmenso talento en un contexto adverso y todo ello sin dejar de creer en sí mismo y en disfrutar de su gran pasión consciente de que no sólo le beneficiaba a sí mismo sino también a mucha gente que le encantaba verle jugar. Quizás por eso declaró en una ocasión que su mayor éxito fue convertir el golf en un deporte popular.

En estos días de homenaje a Severiano Ballesteros, me han venido a la mente dos cosas: la primera, las imágenes jubilosas y geniales de sus golpes geniales en grandes torneos como el Open Británico y el Masters de Augusta (que mucho vimos de niños por televisión a altas horas de la madrugada); y, la segunda es el paralelismo de su vida y logros con los de otros grandes talentos de nuestro país. En concreto, me acuerdo de Ramón y Cajal y su libro Los tónicos de la voluntad, en el que expresa de forma apasionada su convicción de que es posible encauzar el talento en España y que éste depende más de la voluntad del propio sujeto que de las zancadillas y las excusas que uno pueda encontrarse.

No nos engañemos, en ocasiones nuestras querida España es país de envidias, cuchicheos y patetismo intelectual y cultural, pero la voluntad y la pasión del auténtico talento no son fáciles de frenar. Y si no, miremos el caso de Ballesteros: érase una vez un joven de Pedreña que se empeñó en vivir pegado a los palos de golf, llegando a lograr no sólo grandes triunfos sino a revolucionar el modo en que Europa entendía este deporte. El resto de su historia, convertida en leyenda, ya la conocemos y frente a ella todas las demás circunstancias, especialmente las negativas, son peccata minuta.


viernes, 29 de abril de 2011

Ordenar la celda interior

La fiesta de Santa Catalina de Siena (29 de abril) es motivo de alegría no sólo para la Orden Dominicana y para la Iglesia, sino para mucha gente de bien (especialmente de Italia, país del que es patrona).

La vida y obras de Catalina son elogiables, más aún, teniendo en cuenta su condición de analfabeta, lo cual no le impidió (seguramente con ayuda de amanuenses) alcanzar las mayores cotas de la mística cristiana y ésta expresada de forma genial.

De entre sus muchas enseñanzas místicas, quizás una de las más aprovechables sea la que nos habla de la “celda interior”, ya que en ella el alma vive para Dios, discierne la verdad, crece en el amor, o se conoce a sí misma...

A caballo entre la comprensión agustiniana y la tomista de la verdad y de la experiencia de Dios, Catalina ofrece una vía mística profunda pero al mismo tiempo fecundamente cotidiana y reflejada como un mundo interior de gran potencia espiritual. Al igual que la celda monástica es y puede llegar a ser el mundo en el que el contemplativo se recoge para desplegarse con mayor preparación a los avatares de la vida., la celda interior es para el creyente un lugar preferencial de encuentro con Dios, con uno mismo y, como consecuencia inequívoca de lo anterior, con el resto de la humanidad.

Es posible que ofrecer la vía de la celda interior cateriniana pueda resultar aparentemente ridículo para algunos ya que ni el silencio, ni el encuentro místico con la divinidad, ni la meditación, ni la experiencia de vulnerabilidad y la servicialidad, son valores ni pautas que predominen en nuestras sociedades. Sin embargo, la celda interior de Catalina no es un curso de relajación ni un “spa espiritual”, sino la predicación sabia de una realidad mística sin la cual el hombre difícilmente puede llegar a atisbar el horizonte de su plenitud.

Es por eso que al recordarla hoy me atrevo a sugerirme a mí y a quienes lean estas líneas o cualquier escrito de o sobre Catalina, que pongamos entre las prioridades de nuestra vida cotidiana el objetivo de ordenar nuestra celda interior. Hace años, Karl Rahner dijo que “el cristiano del siglo XXI o sería místico o simplemente no será”. Pues bien, estoy convencido de que, en esa tarea de ser auténticos cristianos de nuestro tiempo, la sabiduría de Catalina de Siena es una bendición para iluminarnos en el camino.