viernes, 26 de diciembre de 2014

Navidad contextual

En una felicitación navideña que entregaba a los alumnos de mi tutoría de Bachiller, incluía la siguiente frase: “Hay dos tipos de Navidad: las que tienen en cuenta a Dios y las que lo excluyen”. Sirva este punto de partida para realizar un acercamiento a la Navidad que no se deslice por los derroteros de la ñoñería o lo espiritualmente correcto.

Llama la atención la frecuente dificultad que muchos hombres y mujeres contemporáneos tienen/tenemos para gestionar la Navidad. Cierto es que mucho de esto tiene que ver con el consumismo, con las complejas relaciones familiares, con la adicción al trabajo y otros muchos factores, pero todos ellos son, en mi opinión, secundarios y accidentales, respecto al único factor decisivo de la Navidad que no es otro que el espiritual y su conexión con el Absoluto, esto es, con Dios. Y esta situación conlleva tal profundidad que no sólo afecta a los creyentes sino que tampoco excluye a los ateos e increyentes, y de ahí la magnitud de este malestar.

Espiritualidad y Navidad, o espiritualidad navideña, como toda espiritualidad auténtica no es lo que a uno le gustaría que fuese sino lo que realmente es /lo cual, por cierto, no es fácil de discernir). Y es ahí donde aparece Dios o, mejor dicho, es a partir de ahí desde donde tenemos que empezar a rastrear las huellas de Dios en nuestras vidas. Visto o leído así, no es extraño que el hombre contemporáneo experimente tanta dificultad para vivir la Navidad. Es por ello que me parece urgente la recuperación de una propuesta navideña que sea contextual.

Y, ¿en qué puede radicar dicho contexto? Se me ocurren algunos enfoques pero, sin duda, el más universal es el antropológico, entendiendo por tal, el que es capaz de hacer que cada persona pueda verse reflejada en el espejo experiencial que se le ofrece en la propuesta navideña original. Dicha propuesta nos remite a la antropología bíblica y a situaciones tan humanas como los sueños, el conflicto entre los planes personales y los planes comunitarios, la riqueza de la sencillez, la importancia de las promesas y del sentido, la adoración como consecuencia del reconocimiento de algo grandioso, etc.

En esta Navidad 2014, mi reflexión y mi ejercicio espiritual es profundizar, rezar y vivir desde esta clave contextual del misterio navideño. Ojalá que los frutos de la misma sean como la estrella que guía los pasos hacia el objetivo último de la Navidad que es conectar con el otro gran misterio cristiano: la Pascua.

domingo, 13 de julio de 2014

La traición de las creencias

Apelando a la célebre distinción orteguiana entre ideas y creencias, de un modo superficial por querer ser más directo al precio de ser menos preciso, últimamente me llama la atención el daño que algunas creencias de la sociedad actual está causando en personas, hombres y mujeres de carne y hueso. Ortega nos avisa de que recurrir exclusiva y acríticamente a las creencias puede sobrellevarnos a un estado de alienación que degenera en una vida inauténtica (nombre que Ortega da al fracaso y a la inmoralidad).

El bombardeo absolutista al que nos someten ciertas ideologías dominantes hacen pagar un alto precio personal y existencial a personas, entre las que se incluyen gentes con formación y espíritu crítico, que pese a todo ceden al empuje teórico de la ideología aunque la obstinación de la realidad les lanza constantes señales de que la opción adoptada es errónea.

Traigo como ejemplo el caso de la maternidad/paternidad (más el de la maternidad, por razones contemporáneas patentes) y la inmensa cantidad de personas que han hipotecado o sacrificado su proyecto vital en aras de una visión ideológica que por muy atractiva y poderosa que se muestre en lo teórico, acaba haciendo aguas en lo práctico y estrictamente vital. Es cada vez más notorio el número de personas que se lamentan de esta situación: parejas o individuos que apuran sus opciones de ser padres/madres o personas que se encuentran solas o simplemente han sacrificado su vida personal en el altar de su vida profesional, son los casos más frecuentes.

Más allá de esta denuncia, que puede ilustrarse con otros muchos ejemplos, se proyecta otra más profunda que señala a aquellas víctimas de la ideología que de modo consciente o inconsciente, persisten en la defensa vehemente de sus creencias, erigiéndose en portavoces y colaboradores de la misma. Es este caso el ejemplo de la traición de las creencias, pero mucho peor aún, de la traición de uno mismo y de la verdad radical que, como diría Ortega, reside en la vida.

En esas encrucijadas vitales, tiene su frontera preferencial la gracia y en ellas ha de hacerse manifiesta su presencia en la acción evangelizadora de la Iglesia, tal y como ha preconizado la Doctrina Social de la Iglesia.

lunes, 23 de junio de 2014

Una visión idealista de Felipe VI

No hace falta ser un gran conocedor de la filosofía ni de la política para saber que su relación nunca ha sido fácil. Al contrario, ha sido una relación más bien tormentosa e incluso antagónica. De hecho, podría decirse que la filosofía vive de su amor por la sabiduría y por la verdad, mientras que, desgraciadamente, la política (“con minúsculas”, como diría Ortega, precisamente una de las víctimas más ilustres de esta relación) se nutre de la ignorancia y de la mentira. En definitiva, mientras la filosofía busca ahondar en el meollo más auténtico de la cuestión, la política se recrea en el recurso a las etiquetas y a los prejuicios equívocos.

Sin embargo, lo más apasionante de esta relación es que ambas dirimen sus fuerzas en el inefable terreno de la realidad, donde la política esgrime la potencia de su dialéctica mediática frente a la obstinación crítica y discrepante de la filosofía que, casi más por anciana que por sabia, es capaz de esperar pacientemente los frutos de su reflexión.

Precisamente, en el juego mediático propuesto a partir de las etiquetas republicana y monárquica, que trata de mantener a los ciudadanos distraidos y apasionados, surge un rayo de luz filosófico esbozado hace más de 2400 años por Platón, otro filósofo que fue víctima de sus escarceos con la política. ¿Quién hubiera podido sospechar que la teoría política de Platón podría contribuir varios siglos después a ofrecer una visión más serena, mejor dicho idealista -en honor a su pensamiento-, del acceso al trono del rey Felipe VI?

Sin duda, el rasgo más característico de la filosofía política platónica es su propuesta de una aristocracia intelectual. Si hay algo que Platón tenía claro desde su perspectiva idealista es que quien aspirase a ser el filósofo-rey no sólo había de ser capaz de serlo sino que había de involucrarse en un proceso formativo que garantizara y procurara tal capacidad. Así, en el ciclo educativo que tenía en mente el filósofo ateniense, el gobernante había de estar preparandose para su tarea durante treinta y cinco años que se desglosaban de la siguiente manera: los veinte primeros procuraban una formación elemental que recibían quienes formasen parte de la clase ciudadana y militar recibiendo una cultura física, moral e intelectual; los diez posteriores procurarían una selección de candidatos a gobernantes en función de materias como aritmética, logística, geometría, astronomía, entre otras; y, finalmente, los últimos cinco años concedían el auténtico poso de un gobernante en virtud del estudio de la dialéctica.

Este aspecto es decididamente relevante en la actualidad hasta tal punto que ni los detractores de la monarquía ignoran que es un factor diferencial respecto a los posibles candidatos a una supuesta presidencia republicana -pues ninguno de ellos podría avalar una preparación tan completa y adecuada para la función- ni los partidarios más afines a Felipe VI (como la infanta Critsitna y su marido Iñaki Urdangarín) e incluso el propio interesado han dejado de recordarnos que el único destino de la preparación a la que había consagrado su vida era llegar a desempeñar la función para la que había sido designado no sólo dinástica sino también constitucionalmente.


Pero ésta no es la única analogía con el pensamiento político de Platón, aunque sí la más directa. Otras son más colaterales, como la que habla de la condición mixta de la enseñanza y que en condiciones normales establecería de modo teórico el acceso de una mujer a la función gobernante, cosa que en el caso de nuestra monarquía parlamentaria se encarnará en la futura sucesión prevista.


Sin embargo, el último guiño platónico viene de la mano de la postura más idealista de Platón en su pensamiento político y que va asociada a su interpretación de la historia que en coherencia con su estilo de pensamiento considera que la historia va a peor y, dentro de ella, la política no es una excepción. Desencantado por su experiencia política con el tirano de Siracusa, Platón explica que todo sistema político pasa por un ciclo degenerativo que va desde una Edad de Oro a otras etapas o estados menos interesantes. De esa explicación podemos extraer dos detalles muy significativos. El primero es que aristocracia y monarquía van de la mano ya que entre los mejores, el monarca es el uno, el mejor. Si el monarca ejerce bien su gobierno, estará a la altura aristocrática de su función. De lo contrario, el ciclo degenerativo se pondrá en marcha y sobre él se cernirían serias amenazas que se han comprobado ciertas a lo largo de la historia. De todas ellas, hoy algunas se perciben indudablemente muy lejanas o irreales, pero hay otras que son más verosímiles. La principal, y probablemente la más cuestionada por Platón, es la que se muestra como una democracia que no es, en su opinión, sino el gobierno de los menos aptos en provecho de intereses particulares, razón por la que Aristóteles, el principal discípulo de Platón, denominó demagogia a la democracia que servía a los intereses ilegítimos en lugar de apostar por el bien común.


De todo ello, se establece una condición filosófica que no sólo Platón sino cualquier ciudadano establecería como elemental para asumir la función de un Jefe de Estado democrático: velar en fondo y forma por el bien común de los españoles no es sólo un ideal sino un compromiso que le permita realizar su vocación monárquica al tiempo que desterrar debates y planteamientos interesados que obstaculicen el desarrollo de la legitimidad constitucional que, por imperfecta que pueda ser, está llamada a generar estabilidad y prosperidad a todos los ciudadanos.

Quizás por ello, más allá de esta condición, trascendiendo los ruidos políticos y mediáticos, sobresale una última precisión platónica que no sólo parece atinada para un gobernante sino para todos los ciudadanos libres que participan en debates y especialmente en el proceso de ejercer su propia libertad y su propio destino político. Platón, en su diálogo Menón, dice así: “El lenguaje impreciso no es sólo un error; implanta el mal en las almas de los hombres”.

martes, 10 de junio de 2014

Otoño en primavera

Una buena noticia me anuncia el sentido de una primavera que trae siempre cosas nuevas a nuestra existencia. Como un brote de sabiduría espiritual, psicológica y sobre todo, teológica, mi buen amigo Jose Chamorro acaba de publicar su segundo libro “Hojas de otoño”(Credo Ediciones).

Y es este contraste entre lo primaveral y lo otoñal el que permite tomar conciencia de los contrastes y los claroscuros que acontecen en el día a día, en la vida cotidiana de cualquier persona. Al plantearlo como unas hojas de otoño que caen del calendario, con una reflexión para cada día de la estación, estoy convencido de que el estilo característico de los escritos de Jose lograrán conectar con la realidad más íntima.

¡Esperamos tenerlo pronto en nuestras manos para disfrutarlo! ¿Quizás para el próximo otoño?

lunes, 19 de mayo de 2014

Fe + trabajo = la fórmula de la gracia

“Si se cree y se trabaja, se puede”. Con estas palabras tan directas, un entrenador de fútbol conmueve a una masa de aficionados apoyado, entre otros argumentos, en la experiencia directa y común de quien lo ha vivido y compartido en su vida cotidiana. Es la versión mediática, actual y futbolera de lo que un viejo refrán castellano expresa como “A Dios rogando y con el mazo dando”. Pero, ¿qué enjundia teologal esconden estos tres momentos?

1) La FE. Se dice, y no con poca razón, que el primer paso de un gran proyecto es el más difícil. Traducido al discurso que nos ocupa, se puede decir que no siempre es fácil creer en la viabilidad de un proyecto, ¡ni siquiera incluso cuando se supone que Dios está detrás de nosotros apoyando! Y es que la fe es un arte de equilibrio dinámico entre extremos perniciosos como la credulidad, el fatalismo, el realismo y otros muchos que ponen las cosas muy difíciles al creyente. No obstante, el sentido bíblico más genuino de la fe ofrece un criterio discriminador casi infalible: en la Biblia la fe no se opone a la increencia, sino que se opone al miedo. Mientras que éste paraliza, la fe moviliza y pone en camino tras las huellas de Dios. Así pues, tener fe es no tener miedo y hacer nuestras las palabras del arcángel: “No temas, para Dios nada hay imposible”.

2) El TRABAJO. El componente trabajo es un aspecto esencial de la humanidad, Hasta tal punto que posiciones tan alejadas como marxismo y cristianismo, encuentran en su auténtica dimensión un medio preferencial de realización del hombre. En cristiano, el trabajo es una forma especial de encarnar la fe y de implicarse en el proyecto salvífico que Dios tiene para cada persona. Trabajar es actuar por, desde y en el Reino de Dios y por ello es un acto cómplice de la humanidad que busca el horizonte divino que hay detrás de toda empresa humana.

3) La GRACIA. Pero tras la fe y el trabajo viene el paso más sofisticado: dejarse empapar por la gracia. Si la fe y el trabajo nos estimulan a la acción humana, la gracia demanda una actitud más pasiva en el sentido de dejarse hacer y de dejar a Dios ser Dios. Su dificultad radica en que una vez que uno ha dado pasos de gigante, al creyente le corresponde hacerse más pequeño que nunca para que, en contra de la racionalidad humana, los últimos sea los primeros y los primeros últimos, hacerse niño y comprender al máximo eso de que “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co 12, 10).

Así pues, mi enhorabuena a todos aquellos que han sido capaces de llegar hasta el nivel de experimentar exitosamente la gracia. Más allá de su fe inquebrantable y de su trabajo ejemplar, estoy convencido de que queda el legado de una experiencia espiritual capaz de marcar la vida en un antes y en un después. ¡Acaso puede esperarse de la gracia algo más maravilloso?

lunes, 7 de abril de 2014

Solidaridad con amenazados de muerte en Colombia

A través de la ONG Acción Verapaz, me llega una petición para solidarizarme con las comunidades de Trujillo (Colombia), donde algunas personas están amenazadas de muerte por defender la justicia y los Derechos Humanos en la región.

Dejo aquí un enlace a la web de la ONG, para que los que estén interesados se informen del caso y, si así lo deciden, puedan enviar una carta solidaria de petición de ayuda y justicia para estas comunidades.

¡Ánimo a toda la gente de Trujillo!

jueves, 3 de abril de 2014

Una Cuaresma con San Agustín (y III): limosna salvadora

Tras la oración y el perdón, la Cuaresma nos ofrece la vía del ayuno y, especialmente, de la limosna para acceder a la salvación que nos promete. Precisamente, esta dimensión ascética y práctica de la Cuaresma es la que más se diluye en los tópicos cuaresmales inculcados a fuego en las catequesis antiguas en el formato simplista de “no comer carne los viernes de Cuaresma”. Pero San Agustín puede aportar aquí una visión más genuinamente tradicional que ilumine su riqueza teologal.

Dos enfoques son los que me interesa destacar: la importancia de los medios y sus detalles y, en segundo lugar, la necesidad de proporcionar la relación entre lo que se ofrece y lo que se espera.

El primer enfoque es una llamada a la auténtica introspección sobre lo que realmente supone el ayuno en nuestras vidas. Y no es otra cosa que la humildad, en el sentido teresiano, de reconocer la verdad. Cuando el creyente ayuna es más capaz de reconocer la auténtica dimensión de sus anhelos personales y espirituales, ¡y por ello es capaz de asumir su coste ascético! Y no todo queda ahí, pues ese ejercicio de humildad también le permite conocer mejor a Dios y a los demás. En ese juego relacional, el creyente aprende a poner nombre a su realidad y entre ellas a las realidades (cosas y situaciones) que le impiden crecer espiritualmente. Así, desaparece la opción de la comparación con los demás y la vanidad de confundir el efecto espiritual de la limosna con su resultado . “Ellos dan la décima parte; si tú dieses la centésima, te jactarías ya de ejecutar una proeza. Porque atiendes a los que otro no hace, no a lo que Dios te manda hacer. Te mides por comparación con otro peor, no con lo que manda otro mejor. No porque el otro no haga nada ya has hecho tú algo grande (…) No miráis a cuántos pobres dejásteis atrás: queréis superar a los más ricos. En cambio, en la limosna se defiende el modo” (Serm. 9, 19).

El segundo enfoque nos exhorta a darlo todo si es que realmente aquello a lo que aspiramos también es todo. Se abre así el juego de perder la vida para poder ganarla. Y no ganarla sólo en su momento final, sino también en todo su trayecto, aligerando la carga estéril de nuestra existencia y aligerando el espíritu para vivir como realmente aspiramos a vivir. Por eso, nuestra mejor limosna no es la de los bienes materiales sino la entrega de la vida de uno mismo por el Reino. Dicho en palabras de San Agustín: “No te extrañes si alguna vez el justo padece hambre mientras se ve al inicuo eructar indigesto. El primero es probado, el segundo condenado. Es probado el que en la indigencia alaba a Dios y es condenado el que en la abundancia le ofende. (…) ¿De dónde procede tu gemido, ¡oh, rico!? ¿De qué no tienes dónde colocar tu carga? Hay un lugar. No quiero verte gemir. Mira al hambriento y ya tienes dónde colocarla. ¿Temes perderla? Al contrario, es entonces cuando no la pierdes (Sermón 107 A).

martes, 25 de marzo de 2014

Una Cuaresma con San Agustín (II)

La dinámica de conversión propia de la Cuaresma nos permite analizar lo que estamos haciendo bien y lo que podemos cambiar y mejorar en nuestra vida. Querer cambiar y no poder es una limitación, pero poder cambiar y no querer es un error, un pecado en terminología religiosa, que pese a su estupidez, sí que tiene el perdón de quien no se cansa nunca de apelar a la misericordia en pro de la redención. Y es que si uno no es capaz de percibirse a sí mismo con misericordia, es posible que tenga hermanos cerca que lo hagan y, en el terrible caso de que tampoco los haya, siempre queda la incondicional presencia de Dios.

En el perdón cristiano suele ser relevantes la mirada del prójimo, la intimidad de Dios y, especialmente, la propia conciencia. Cuando San Agustín nos enseñó aquello de que Dios nos es más íntimo que nuestra propia intimidad, conectó de modo entrañable la verdad, con la conciencia y con la salvación. Por eso, el perdón es una cuestión de verdad, de conciencia y de salvación.

Esta intuición es refrendada por San Agustín en otra ocasión con las siguientes palabras: "Tú estás seguro, has pesado bien los pros y los contrae, estás seguro de que es él quien ha pecado contra ti y no tú contra él. «Si dices, estoy seguro». Que tu conciencia descanse tranquila en esta certeza. No vayas a buscar a tu hermano que ha pecado contra ti, para pedirle perdón; te basta con estar presto a perdonar de corazón. Si estás dispuesto a perdonar, ya has perdonado. Te queda todavia pedir a Dios por tu hermano". (SAN AGUSTIN, Sermón 211, sobre la concordia fraterna).

Sirva esta propuesta agustiniana para reafirmar nuestro anhelo cuaresmal de querer cambiar nuestra vida a mejor. Nuestra disposición y nuestra voluntad son esenciales, pero ello no puede ser obstáculo para tener como objetivo último experimentar la gracia divina. Es por ello que el perdón nos invita a abrirnos a los demás y entre ello, el gesto hacia uno mismo ,hacia los hermanos y hacia Dios es fundamental. Hoy, subrayo este último, los otros son el siguiente punto de reflexión cuaresmal.

lunes, 17 de marzo de 2014

Una Cuaresma con San Agustín (I)

La lectura de algunos extractos de los Sermones de San Agustín me inspiran una visión concreta para la Cuaresma. Siguiendo los parámetros de la oración, la penitencia y el ayuno-limosna, se nos propone un itinerario espiritual y concreto para la Cuaresma.

Comenzaremos con la oración, apoyándonos en la experiencia gozosa y amorosa que de Dios tiene, a través de la misma, el santo de Hipona. ¿Cómo lo explicaría hoy San Agustín?

En primer lugar, la oración es el sonido de Dios en nuestra intimidad. Si bien esta resonancia es un doble eco pues, como es sabido, para Agustín, Dios es más íntimo para nosotros mismos que nuestra propia intimidad. Es por ello, que la Cuaresma nos ofrece un tiempo propicio para escuchar lo que verdaderamente tiene un poso en nuestros corazones, de modo que podamos mantener lo bueno y cambiar lo menos bueno.

También, la oración es comunicación del aliento divino, en forma de fuerza espiritual y de gracia para afrontar los retos de nuestra existencia. En este sentido, Agustín hace una recomendación precisa: "Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas" (Sermón 43). Oración y gracia son así dos polos de una corriente continua entre el creyente y Dios que nos impulsa, más allá de las tentaciones, al encuentro de la salvación.

Finalmente, la oración es expresión gozosa de acción de gracias por la vida. Ello no obsta para que en ocasiones la oración pueda ser de petición ante situaciones difíciles y dolorosas, pero el trasfondo es un contexto de alegría existencia por saber que uno no está solo y que Dios siempre nos acompaña en todo momento. De esta forma, podemos entender la famosa sentencia agustiniana: “El que canta, ora dos veces”. Es el canto orante de quien se sabe en sintonía con uno mismo y con el plan salvífico de Dios.

Este último pensamiento me remite al hecho de que ocurre igual para todos los creyentes y por eso muchas veces es deseable unirse a la oración comunitaria. Todas las oraciones conforman así una plegaría en concierto que expone la vida de la comunidad ante los brazos acogedores de Dios. Orando, cantando, viviendo... vamos mostrando nuestro anhelo de caminar al encuentro de Dios.

Para ilustrar este sentimiento, he querido recordar la canción Yo canto de Laura Pausini, que dejo aquí en vídeo adjunto en su versión del concierto en el estadio de San Siro en Milán. Quizás verlo cantando su estribillo, pueda ser una forma de profundizar en el objetivo pascual que rige la Cuaresma: “Yo Canto / La vida entera canto / La primavera canto / Rezando tambíen canto /Alguien me escuchará / Quiero cantarle / Siempre cantarle”.

lunes, 10 de marzo de 2014

La hipocresía del deporte femenino

Al hilo del eco del manido 8 de marzo, me atrevo a tocar el tema de la mujer empujado por una ristra de ejemplos hipócritas especialmente protagonizados por nuestro ente público RTVE que, para horror de Aristóteles, no tiene afinidad para con el término medio (o hace las cosas muy bien o las hace muy mal). Para no perderme en las formas, me serviré del tema del deporte.

El caso, para mí, comienza en los Juegos Olímpicos de Londres, donde el número de medallas obtenidas
por España es notablemente mayor en el equipo femenino que en el masculino, por lo que de modo paralelo a los resultados se empieza a esgrimir un discurso facilón de que el deporte femenino por aquí y el deporte femenino por allá, que si son un ejemplo, que si tiene más mérito, que no tienen el apoyo que debieran y bla, bla, bla. Todo ello conforman una serie de datos discutibles pero con mayor tendencia a ser ciertos que a ser falsos.

Acaban los Juegos, y el silencio y el desierto para el deporte en general y para el femenino en particular es brutal. Sirva de muestra que se tiene que desmantelar el equipo de baloncesto que en esa misma temporada se proclama campeón de Europa – en ese momento bajo el nombre de Ros Casares- o que a una campeona olímpica de natación le cuesta Dios y ayuda encontrar un club en el que poder nadar.

En estos meses, la casualidad ha hecho que mis contados accesos a RTVE se hayan saldado con hechos como: una vanidosa jactancia de que es el único medio que se ocupa de deportes minoritarios (sic); una catedrática de pedagogía molesta por que en los colegios se han sustituido jardines por campos de deporte (más sic aún); y, el colmo del colmo, un lamento el día 8 de marzo sobre el ninguneo que experimenta el fútbol femenino en España (requete sic).

Entiendo que los ejemplos hablan por sí solos, pero a modo de sugerencia constructiva, y sin acritud, se me ocurren las siguientes sugerencias:
  1. Replantear las noticias deportivas en los informativos ofreciendo especial atención a los acontecimientos relevantes por su significatividad deportiva y no aparentemente mediática. Y hacerlo de modo especial con el deporte minoritario y por razones de justicia lo cual redundará en el deporte femenino porque se lo merezca (que se lo gana y bien a pulso) y no por migajas ideológicas.
  2. Situar al frente de los programas deportivos, reporteras y presentadoras que realmente amen y dominen los deportes de los que nos hablan. Hay casos que lo cumplen y otros que responden a otros criterios que desconozco pero que no es el que yo sugiero.
  3. Debatir sobre la relación mujer-deporte de modo profundo y maduro, superando algunos clichés y estereotipos que, paradójicamente, incluso desnudan los discursos de supuestos portavoces feministas o de la igualdad. Y si puede ser sin parecer un lavado de cara, emitiéndolo en La 1 y no en La 2 y con representación política de primera magnitud, mejor que mejor.
  4. Y, el más práctico y sencillo, redimensionar la parrilla de retransmisiones deportivas ofreciendo una ventana pública y educativa a eventos deportivos que no son menos interesantes o importantes que otros que ya gozan de esta posibilidad (por ejemplo, partidos de fútbol de 2ª división masculina).
Sé perfectamente, que esta reflexión no sirve para nada, salvo para ejercer la crítica filosófica consciente de que en este tema de la mujer (como en todos los temas importantes), la revolución empieza por lo pequeño y no requiere de grandes discursos ideológicos que se pierden en la noche de la teoría abstracta y la falsa compasión.

¡Ah! También me sirve para acordarme de todas las mujeres deportistas a las que conozco y eso me hace sonreir y sentirme orgulloso de ellas.

lunes, 3 de marzo de 2014

El plumero de los políticos

En ocasiones les comento a mis alumnos que para explicar las falacias lógicas no formales, mejor que cualquier libro de texto es la televisión y, en especial, cuando trata sobre la política. Saco aquí un ejemplo al que me remito por su actualidad y por los temas tan delicados a los que se refiere, pero desgraciadamente es aplicable a la inmensa mayoría de políticos.

En una comparecencia parlamentaria, una diputada arguye ante un ministro que se preocupa más de la vida de los no nacidos que de la vida de los inmigrantes extranjeros que se juegan -y para vergüenza de todos, la pierden en muchas ocasiones- la vida en aguas españolas. Esta falacia ad hominem, que ataca a quien dice el argumento pero no ataca al argumento en sí mismo, es uno de los medios que posibilita el todo vale en la política nacional. Y lo hace hasta tal punto que no hay pudor en dejar en evidencia que el argumento que utilizas para minar a tu oponente político pone de manifiesto que ese mismo argumento es reversible y utilizable para avergonzar a quien lo esgrime.

Y lo cierto es que ni la vergüenza ni la defensa seria y responsable de medidas que permitan acometer las problemáticas tan serias como el aborto y la inmigración masiva, con las suficientes garantías para todas las partes afectadas, acaban de ganar peso específico en el panorama político español (porque la solución no es ni la A ni la B). Y es que a nuestros políticos se les ve el plumero con demasiada frecuencia y, sobre todo, con excesiva facilidad.

Ante ello, otras voces, con las que uno puede estar más o menos de acuerdo, y entre las cuales cito de manera explícita a la Iglesia católica, oponen criterios, argumentos y medidas que en ocasiones están basadas en la experiencia de siglos y que buscan con honestidad ofrecer luz y esperanza a los temas más candentes de nuestra realidad. Por ello, si la opinión pública no es capaz de discernir qué argumentos son más ajustados a lo que realmente nos traemos entre manos, será porque nuestro propio plumero es tan grande que no nos permite ver el llamativo plumero de los políticos. Vamos, en versión Jesús de Nazaret, sería aquello de la paja y la viga.

lunes, 17 de febrero de 2014

Misión Madrid en los colegios

Hoy ha comenzado la Misión Madrid en los colegios que se prolongará desde el 17 al 21 de febrero bajo el lema “Para que el mundo crea que Tú me has enviado”. Se trata de un momento extraordinario de motivación de la acción evangelizadora que consiste en actividades realizadas en los colegios, actividades abiertas para alumnos de otros colegios y un festival-eucaristía en la Catedral de la Almudena.

Como ocurre con este tipo de macroeventos no debe exagerarse su importancia ni desvinvularla de la vida cotidiana de la Iglesia madrileña, pero sí es un estímulo para hacer más presente el Evangelio vivido y anunciado a todas las gentes y en este caso, de modo especial, a los alumnos de los colegios madrileños. Y todo ello desde la experiencia contagiosa de vivir lo que se cree y creer lo que se vive.

En el caso de mi centro, la actividad será una Mesa Redonda vocacional donde tendremos la oportunidad de escuchar testimonios de vocaciones a la vida laical, religiosa y sacerdotal. ¡Ojalá salga todo estupendamente!

jueves, 13 de febrero de 2014

La chica del baloncesto

Paseando por la calle Játiva en Valencia, me sorprendió la figura de una mujer que hablaba por teléfono intentando contactar con un centro deportivo donde presuntamente daba algún tipo de clinic o campamento para niños y jóvenes. Sin embargo, más aún me sorprendió su manera de presentarse o identificarse: “Soy Amaya, la chica del baloncesto”. En ese momento reconocí su voz y supe que se trataba de la mejor jugadora española de baloncesto de todos los tiempos (ganadora en varias ocasiones de la WNBA) que con la misma sencillez con la que paseaba entre la multitud por la calle, se presentaba ante un desconocido por teléfono, como mostrando a quien quiera, pueda o sepa verlo, que la sencillez es antesala de la gloria, cosa que no está garantizado que ocurra al revés.

El final del año 2013 nos ha dejado la noticia de que Amaya Valdemoro se retira del baloncesto. Parece ser que a la triste noticia para este juego se contrapone la alegre noticia de que seguirá vinculada al baloncesto a través de los medios de comunicación. Si hoy traigo aquí su historia no es por su palmarés deportivo sino por esta humilde enseñanza que sirve para abrirse a la gracia: la sencillez es la puerta a la salvación. ¡Ahí va esa pelota! Y quien no la coja a la primera, que procuré estar muy atento al rebote.

lunes, 3 de febrero de 2014

La última lección de Luis Aragonés

Una de las características que, en mi opinión, mejor refleja el salto entre generaciones radica en la ingenua manía de muchos jóvenes de tomarse muchas cosas a broma, no sólo demasiadas, sino también algunas absolutamente improcedentes. En ello hay otros dos factores que tampoco me despiertan mucho entusiasmo: uno me dice que a través de un humor simple y rancio se venden mensajes e ideas absurdas o incluso nocivas que se aceptan de modo aséptico; la otra me dice que no necesariamente la generación más adulta goza de un peor sentido del humor, lo cual es, como mínimo, digno de reflexión.

A pocas horas de la muerte de Luis Aragonés, persona y personaje con el que he simpatizado por razones diversas desde muy joven, y tratando de superar la hipocresía y la exageración con la que se ha informado durante estos días de su vida y milagros, me ha venido a la memoria un suceso de ejemplarizante recuerdo sobre aquellas cosas que se pierden entre risas enlatadas de un espectáculo televisivo y la frágil memoria de quien ni quiere ni puede acordarse. Pues bien, sirva esta breve ilustración para recordar y recordarme que lo importante ni es motivo de broma ni es digno de ser olvidado.

Veamos el escenario de la realidad y la apariencia o de la seriedad y la broma: cuando el asunto consistía en afrontar con seriedad y profesionalidad un proyecto que, el tiempo mostró que era muy importante para la sociedad, el presunto humorista procede a la facilona tentación de hacer sangre de una situación ventajosa e incidiendo en la falacia ad populum de hacer parecer gracioso lo que no es sino falso, inmoral y dañino (anteponer la vanidosa y mediática voluntad de un futbolista caprichoso frente al proyecto colectivo de un grupo humano liderado por alguien que sabía y decía saber lo que había que hacer para conseguirlo). Y, mira por donde, el tiempo y el logro del objetivo valioso demostró que la bromita pasa y lo importante permanece, si bien podría haber ocurrido en sentido inverso y ni siquiera hoy acordarnos de ello. Para ilustrarlo, aquí adjunto vídeos del suceso (Vídeo 1) (Vídeo 2).

Alguien pensará que me he puesto muy criticón, pero esta última lección de Luis Aragonés no la voy a dejar pasar en balde. Lo importante se defiende ante y contra todo, con veracidad, yendo de frente, aguantando mecha pero sin desfallecer en el aliento de recordarse a uno mismo que se puede y que es tu deber luchar por sacar adelante aquello que crees importante. Y hoy, recordando la semblanza de Luis Aragonés me satisface pensarlo y escribirlo, pero sobre todo recordármelo a mí mismo para que, por si acaso, se me iba a olvidar, ya no se me olvide nunca jamás. ¡Gracias, Luis!

lunes, 20 de enero de 2014

¿Es que Cristo está dividido? (1 Co 1, 1-17)

Esta pregunta de San Pablo a los cristianos de la comunidad de Corinto sigue siendo una pregunta desafiante y estimulante para todos los cristianos en general, y para cada una de las iglesias en particular.

En el comienzo de su carta escrita ante las divisiones y los partidismos de los cristianos corintios, Pablo alude a la unidad del Bautismo que hemos recibido de Cristo y que nos conduce a la salvación por la que Él entregó su vida. En en este contexto de división y de discordias entre los corintios cuando Pablo dirige su hermoso himno al amor (que nos hemos acostumbrado a arrinconar en las lecturas de las bodas) al que de modo previo antecede una exhortación inequívoca: “a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre vosotros y viváis en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir” (1 Co 1, 10).

En medio de una nueva semana ecuménica de oración por la unidad de los cristianos, tenemos una buena oportunidad para cuestionarnos qué fundamento espiritual es el que dinamiza nuestra fe cristiana. Y no me refiero sólo a las filias y fobias que he señalado en la entrada anterior, sino sobre todo a la capacidad de trascender nuestras sensibilidades e ideologías eclesiales para que no impidan percibir la luz de Cristo que nos exhorta a ir más allá y a vivir en este mundo sin ser de este mundo. Sé que se trata de un desafío casi tan gigantesco como el proyecto ecuménico (¡aunque San Pablo fue capaz de experimentarlo y vivirlo!) pero su vigencia es tan evidente que la traigo aquí como un termómetro de fe y de experiencia de Dios que en caso de orientarnos puede aportar mucha energía evangélica no sólo a la cuestión ecuménica en particular, sino a todas las misiones evangélicas en general.

lunes, 13 de enero de 2014

Lo que nos deja el Año de la Fe

Con perspectiva obligada por la falta de tiempo, la fiesta del Bautismo del Señor es la última excusa a la que agarrarme para hablar de algunas consecuencias eclesiales que nos ha dejado el Año de la Fe convocado por Benedicto XVI y que concluyó junto con el pasado año litúrgico. Algunas de las conclusiones pueden resultar repetitivas, pero lo hago a modo de énfasis y en ningún caso en tono cansino:

1. ¿En quién/qué se basa mi fe? Sin duda, lo más llamativo de este Año de la Fe ha sido que, como ocurrió con el concilio Vaticano II, fue convocado por un papa y culminado y clausurado por otro. En este intervalo de tiempo, muchas cosas han ocurrido y algunos creyentes se han mostrado confusos acerca de los talantes de ambos pontífices como si en el fondo su fe dependiera de ellos. Y, precisamente el mayor regalo de gracia que nos deja este Año de la Fe es una preciosa oportunidad de experimentar la cimentación de nuestra fe en Cristo más allá de avatares y circunstancias temporales y contingentes de la Iglesia. Así pues, el Año de la Fe ha sido una experiencia de maduración en la fe que debemos seguir aprovechando ahora y siempre.

2. Un fe de todos, con todos y para todos. En segundo lugar, tanto la intención de Benedicto XVI al convocar el Año de la Fe como de Francisco al impulsar muchos de sus gestos pontificales evocan la importancia de la fe como vínculo de unidad en torno a Cristo. Es esa referencia a Cristo la que nos estimula a profesar y vivir una fe que anuncia la salvación de todos, con todos y para todos.

3. Dar razón de nuestra esperanza (1 Pe 3, 15). En último lugar, el Año de la Fe insiste en una verdad teologal y salvífica central de la fe: hay que vivir lo que se cree. Si la fe es una gracia que ilumina nuestra existencia, no puede quedarse en algo inerte o accesorio sino que su expresión vital es señal del fundamento de nuestra esperanza. Vivir con fe da sentido a mi vida y por eso lo ejerzo en cada aspecto de la misma que acontece.

Por todo ello, me uno a la acción de gracias de toda la Iglesia por este Año de la Fe que, como mínimo, ha puesto ante nuestra vida cristiana el reto de vivir aún con mayor intensidad el apasionante reto de ser seguidor de Jesús en el siglo XXI.