viernes, 24 de junio de 2011

Corpus Christi religioso y Corpus Christi civil

Fiesta tradicional pero no exenta de polémica, la fiesta del Corpus Christi representa perfectamente la profunda relación que se da en muchas ocasiones entre lo religioso, lo cultural y lo político.

Si en el siglo XVI se propuso como fiesta que enseñaba la doctrina católica sobre la Eucaristía y que se manifestaba de modo preferencial a través del arte y de las procesiones, también se constituyó en elemento claramente diferenciador de lo católico respecto a las novedades doctrinales propuestas por las incipientes iglesias protestantes y por ello debidamente aprovechado por el poder civil.

Con el paso del tiempo, su presencia en el calendario litúrgico y festivo de España se fue consolidando como muestra el famoso dicho popular: “Tres jueves tiene el año que brillan más que el sol, Corpus Christi, Jueves Santo y el día de la Ascensión”. En algunas ciudades como Toledo y Granada, la fiesta obtuvo un valor excepcional y hoy en día se mantiene como festivo en la localidad. Sin embargo, en otras ciudades su lugar se fue desplazando litúrgicamente hasta el domingo siguiente.

La casualidad o la necesidad han provocado que en este año en la comunidad de Madrid, se haya vuelto a recurrir a esta fiesta como día no laborable, de tal forma que el jueves del Corpus ha sido fiesta civil pero no religiosa. Esta llamativa situación no ha pasado desapercibida para muchas personas, de modo que parece ser que algunos han denominado a la fiesta como “El Corpus de la Espe” (en clara alusión a la presidenta de la Comunidad de Madrid).

Lo que ha ocurrido en este año litúrgico podría compararse a una situación de una pareja en la cual uno de sus miembros cumple años en un día laborable. Entonces a su cónyuge se le suscita la duda de si ir a cenar ese mismo día laborable para celebrarlo o posponerlo para el siguiente fin de semana. Lo cierto es que la decisión no es tan trascendente aunque no está exenta de importancia pues refleja en cierta manera las prioridades y las escalas de valores de cada personas y de la influencia del entorno a la hora de atenderlas o reformularlas.

En la práctica religiosa y litúrgica católica hay una serie de pautas y normas enseñadas por la Iglesia, pero estas no son suficientes en sí ni por sí mismas. En la liturgia y en la espiritualidad no hay preceptos que se antepongan a la propia vivencia y experiencia cristiana y esto es una realidad (por suerte o por desgracia) que en mi opinión es positiva porque ayuda al discernimiento maduro y responsable de todo fiel cristiano para saber si atenderlos o no, y de quienes promulgan y defienden la norma para saber si procede conservarla o por el contrario revisarla. Una situación que, ¡oh casualidad!, puede darse tanto en el plano religioso como en el civil.

¿Qué ocurriría si algunos días de la Semana Santa se considerasen días laborables? La respuesta no puede venir sólo de lo normativo y de lo institucional, sino ante todo de la experiencia personal creyente y que se expresa en gestos y acciones concretas acordes con la fe vivida y profesada. Lo demás es importante sí, pero accesorio.

miércoles, 15 de junio de 2011

Donde está el Espíritu, está la libertad

La fiesta de Pentecostés nos vuelve a refrescar la presencia viva y vivificante del Espíritu Santo en nuestras vidas. Es una presencia actual y actualizadora ejercida en forma personal y en colegialidad con las otras dos personas de la Trinidad: el Padre y el Hijo.

En la segunda carta a los Corintios (2 Co 3, 17), San Pablo afirma con contundencia que “allí donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad”. No en vano, el Espíritu se asemeja mucho a la libertad pues es la persona de la Trinidad menos manipulable desde un punto de vista metafísico y racionalista o absolutamente idealista.

El Espíritu Santo, en su procedencia del Padre y del Hijo es nuestra máxima garantía de que la divinidad cristiana es relacional y no se reduce a un mero concepto o un ejercicio deísta de mera creencia por la razón. El Espíritu es presencia omnipresente (permítaseme la redundancia) de Dios en nuestras vidas. Como le ocurre al ser humano con la libertad, del mismo modo le ocurre al cristiano con el Espíritu: igual que no es posible sin ser libres, el cristiano no puede abstraerse a la presencia amorosa del Espíritu y mejor hará en tenerla en cuenta que en ignorarle.

Ignoro a qué tipo de libertad se refería San Pablo en su epístola corintia, pero la acción del Espíritu en la vida y en la historia de la humanidad me recuerda en cierta manera al concepto de libertad kantiana que se resume en la posibilidad de introducir una nueva causalidad en nuestras acciones y decisiones. Nada está determinado y por ello nada está perdido ni ganado, sino que todo está por hacer porque todo se puede hacer.

Y esta profunda convicción humana y también cristiana, en definitiva, evangélica es un rasgo definitorio de la experiencia fundante que los discípulos de Jesús tuvieron el día de Pentecostés y les llevó a entregarse en cuerpo y alma a poner en práctica las enseñanzas de su maestro. Igualmente, para todos hoy la presencia del Espíritu es una muestra incontrolable de libertad y una invitación a vivir la libertad que Jesús nos enseñó: la libertad de la verdad y del amor compasivo por el prójimo.

domingo, 12 de junio de 2011

¡Suerte Perú!

En estos tiempos de protestas y revoluciones civiles para, supuestamente, aspirar a mayores cotas de democracia real, Perú ha elegido presidente. Y hablo de este precioso país porque, una vez más, me vuelve a resultar especialmente llamativo que los nombres de muchos candidatos a la presidencia suenen como desacreditados por sus andanzas del pasado, otros condicionados por sus relaciones familiares o comerciales y, finalmente, otros estigmatizados por unas tendencias ideológicas que no terminan de generar confianza en el escenario internacional.

Desde la distancia, me vuelve a quedar la sensación de que los peruanos han tenido que votar en la segunda vuelta eligiendo entre una opción muy mala y otra peor. Y sin embargo, más allá de todo eso me sigue quedando como trasfondo importante la riqueza del pueblo peruano que se merece, sin lugar a dudas, unos gobernantes mucho mejores.

Parece ser que no soy el único que lo piensa. Al día siguiente de las elecciones, la bolsa peruana sufrió una durísima bajada, pero afortunadamente las afirmaciones del nuevo presidente aclarando sus intenciones hicieron que las cosas se equilibraran. Quizás esta sea el reflejo de lo que realmente merecen los peruanos, poder tener por gobernante a alguien que les permita canalizar y poner en juego sus muchos valores. Esto es lo que deseo para el pueblo peruano, desde la selva amazónica hasta el lago Titicaca, pasando por Aguas Calientes, el Cusco y llegando a la capital, Lima.

Con mis mejores deseos para el Perú, especialmente para aquellos a quienes conozco y quienes leen este humilde blog: ¡Suerte Perú!

miércoles, 8 de junio de 2011

Solución a la cuestión de la entrada anterior

Pues sí, muchos siglos después la fórmula de Platón para esquivar los fraudes de la información sigue estando vigente. Para evitar la manipulación, hay que obtener la mejor formación posible, conocer bien y saber más que los posibles agentes de manipulación y conocer el contexto de la misma.

En el caso del ejemplo elegido en la entrada anterior, se pueden observar las siguientes situaciones:

a) Entre la desinformación y la información, la formación. Tan importante como manejar datos relevantes es tener la capacidad de entenderlos e interpretarlos correctamente. Las sombras de la caverna del mito platónico nos advierte no sólo que las apariencias no coinciden con la realidad, sino que además resulta determinante el interés y el afán por conocer verdaderamente cuál es la fuente de tales sombras. En el caso del artículo propuesto, el ejemplo es muy claro: no es lo mismo la asignatura de Educación para la ciudadanía (que se cursa en Primaria y ESO) que la de Filosofía y ciudadanía (que se estudia en Bachillerato). ¿Lo sabía el periodista? Eso no es tan relevante. Lo realmente importante es si lo sabía el lector del periódico.

b) Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Ya lo dije al final de la entrada anterior: “quien sabe mucho, escucha; quien sabe mucho pregunta”. El manipulador no deja de ser un listillo que se considera a sí mismo capaz de jugar con la inteligencia de sus interlocutores. Es decir, se cree superior a sus lectores y/u oyentes. En el ejemplo del artículo, la presentación de una teoría como explicación definitiva y absoluta de una cuestión expresa bien a las claras no sólo el desconocimiento de lo que es y supone una teoría científica sino también que las teorías permanecen vigentes en función de sus argumentos racionales y no de los ataques ad hominem y de los prejuicios facilones en contra de sus detractores. La teoría de Darwin no es más fiable porque sus críticos sean más o menos patéticos, sino por si resiste la crítica científica propuesta a partir de otras teorías o correcciones científicas.

c) La confusión entre el fin y los medios. Quien deambula sin sentido entre los fines y los medios puede llegar a comulgar con el tentador pero peligroso principio del “todo vale”. He aquí una profunda sima que se abre entre los dominios de la política, la ideología y los intereses económicos respecto a los de la filosofía y la verdad. Las primeras generan cierta corrupción y no poca dependencia, las segundas sólo pueden conducirse por el camino de la honestidad. Hoy, en el mundo periodístico lo monetario es más influyente que lo ideológico y las noticias contienen un halo de interés oculto que trata de camuflarse con la ayuda del abrazo de una aparente postura política.

Siglos después, Platón vuelve a rescatarnos de las sombras de la caverna que no pretenden mostrarnos la realidad tal y como es, sino la realidad tal y como nos gustaría que fuera. El filósofo sabe que la verdad es mucho más que el afán por querer tener la razón. En ese mismo dilema se mueve la prensa y sus lectores como los encadenados de aquella caverna, deberán optar entre permanecer anclados en sus seguridades o aventurarse a conocer la verdad cueste lo que cueste.

miércoles, 1 de junio de 2011

Platón y la prensa

A través de los diálogos platónicos hemos podido aprender que para algunos filósofos griegos, mucho peor que ser ignorante en una materia es desconocer incluso que realmente se ignora lo que uno cree que sabe o domina.

Un caso paradigmático lo constituye hoy la prensa. En una profesión como ésta la existencia de profesionales que sepan hacer bien su trabajo es una cuestión de honor y de mucho esfuerzo. Digo esto último porque ser periodista, como ser actor o filósofo (incluso teólogo) es una cuestión de mucha responsabilidad porque exige alcanzar ciertos niveles de conocimiento que no son fáciles de adquirir. El actor ha de manejar los registros personales y contextuales del tema que quiere interpretar en la película. Por su parte, el filósofo ha de conocer tan bien o mejor que la filosofía toda información científica que le permita esquivar el ridículo y atinar el disparo de su arco epistemológico hacia la diana de la verdad. ¿Qué ocurre con el periodista? Pues que los hay muy buenos, buenos, regulares y malos. El periodista también coquetea con la verdad de los hechos y si no está bien engalanado para ella, corre el riesgo de ser rechazado y de convertirse en un llanto y crujir de dientes para sí mismo y para la sociedad que tanto espera de este sector mediático tan influyente en las sociedades democráticas.

El periodismo en la sociedad democrática está llamado a jugar un papel relevante casi decisivo. Sin embargo, también vivimos en la sociedad del conocimiento y en ella, si abundan casos como el que voy a citar, también se puede incurrir en el esperpento.

Propongo a los lectores que, sin mayor intención que analizar lo que sugiero sin entrar en terrenos personales, eche un vistazo a este articulito aparecido en El País hace unos días. Dejando pues a su autora y su “gloria” a un lado, el reto es encontrar tres errores de manual (en el contenido del artículo) y controlar la risa o el llanto. Mientras los encuentran, dejo aquí una célebre sentencia que viene al caso:

Quien sabe mucho, escucha;
Quien sabe poco, habla;
Quien sabe mucho, pregunta;
Quien sabe poco, sentencia.