sábado, 21 de febrero de 2009

“A este problema le faltan datos”


Ayer, a las tres de la tarde, falleció en Madrid el padre Fernando Burriel, dominico. Fue mi profesor de física y química en Bachillerato, al igual que de otros miles de jóvenes en el colegio Virgen de Atocha y en el CEU-Claudio Coello de Madrid. En mi biografía académica el padre Burriel supone el único caso en el que tuve que examinarme de una asignatura en septiembre antes de llegar a la universidad (donde otros muchos profesores se unieron masivamente al club). Bueno, tuve que examinarme yo y casi tres de las cuatro aulas que componían la línea de aquel 2º de BUP del curso 1988-89.

Al “galgo” del padre Burriel la casta le venía de su homónimo progenitor, F. Burriel, ilustre profesor de Química en la universidad Complutense y coautor (junto con Lucena) de un mítico libro de Química Analítica, y cuya leyenda universitaria cuenta que sólo pronunciar su nombre era suficiente para provocar temblores y suspiros en quienes sufrieron su terrible nivel de exigencia. ¡De exigencia sí, pero también de excelencia y enseñanza! Exigencia, excelencia y enseñanza eran palabras también importantes para el padre Burriel (¡quien fue suspendido por su propio padre en la carrera!). El paso del tiempo le dio la razón, pues más de un compañero me ha reconocido que sus apuntes de 2º de BUP le sirvieron para estudiar cosas de la carrera.

En nuestras clases de física y química nos entraba la risilla floja por asistir a una especie de espectáculo (no olvidemos que por problemas con su voz el padre Burriel daba clase con un micrófono peculiar) en el cual el protagonista se esforzaba por explicar aquella asignatura y los “otros” protagonistas, sus alumnos, nos esforzábamos por no perder los papeles y seguir el hilo de lo que se nos trataba de explicar. ¡Qué fácil decía ser todo para él y qué difícil se nos hacía todo a nosotros! Y, sin embargo, hoy desde la atalaya de alguien que se dedica a la enseñanza pienso: qué difícil para él complicarse la vida por defender esos valores y qué fácil para nosotros encontrar miles de excusas ad hoc.

Ayer por la tarde cuando le transmití la noticia a mi amigo José Ramón, fiel a su inagotable memoria, me recordó una frase mítica: “A este problema le falta datos”. José Ramón y yo pasamos un intenso verano (en todos los sentidos) estudiando física y química con la ayuda extra de una profesora de una academia. Clases en la academia y estudio por las mañanas y esparcimiento por las tardes (Perico Delgado en el Tour de Francia y pachangas de fútbol en el Retiro con un balón de playa) todo ello al ritmo de la canción del verano –“Aquí no hay playa” de Los Refrescos- y creando tendencias en la moda estival con nuestros incombustibles bermudas y chandals. Veranos como aquel forjan la intensidad de las cosas que siempre formarán parte de nuestra amistad y de nuestras vidas.

Cuando aquella profesora de la academia nos pedía ejercicios para resolver en clase, José Ramón y yo llevábamos los de nuestros exámenes del colegio y en más de una ocasión tras retorcerse incómodamente mientras leía el enunciado, se acababa rindiendo y nos decía: “A este problema le faltan datos”. Nosotros ya sabíamos que eso podía pasar, pero teníamos muy claro que ese ejercicio no sólo se podía hacer sino que se tenía que hacer para poder aprobar en septiembre. Codo con codo, entre los dos y después incluyendo en nuestra búsqueda a la profesora, desentrañamos los misterios de aquellos ejercicios de física y química, descubriendo que no faltaban datos sino que nosotros no sabíamos leerlos o interpretarlos y, por supuesto, acabamos reconociendo que el problema tenía solución.

A pocos minutos de salir para el funeral y el entierro del padre Burriel, vuelvo a pensar en los misterios de la vida. Nuestra existencia es un misterio, la propia vida es un misterio y así otras muchas cosas. Son “problemas” de los que podríamos pensar que le faltan datos, y por tanto podríamos rendirnos ante ellos, dejarlos para septiembre o bien afrontarlos con una actitud de convencimiento y conscientes del esfuerzo que va a suponer. Esta última opción es la de quien considera que no es que falten datos, sino que es muy posible que no sepamos leerlos o interpretarlos correctamente.

Ante el misterio de la muerte y de la resurrección aparentemente nos faltan muchos datos, pero yo hoy, gracias a lo que he aprendido de muchas personas, entre ellas el padre Burriel, sé que al final de los problemas siempre hay una respuesta y una solución. Como Marta, al contestar a Jesús ante el sepulcro de su hermano Lázaro, contesto: “ya sé que resucitará en la resurrección, el último día” (Jn 11,24).

Descanse en paz y brille la luz perpetua para fray Fernando Burriel OP y que Dios bendiga a todas las personas que viven la vida como búsqueda de la verdad, como búsqueda de las respuestas a un problema al que aparentemente le faltan datos, pero que con el paso del tiempo y la experiencia de la vida, descubrimos que sí tiene solución.

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, siempre nos faltarán datos, pero..."Dios bendiga a todas las personas que viven la vida como búsqueda de la verdad, como búsqueda de las respuestas a un problema al que aparentemente le faltan datos, pero que con el paso del tiempo y la experiencia de la vida, descubrimos que sí tiene solución".
    Tú estás entre esas personas.

    María

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  2. Querido Miguel: Gracias por el recuerdo a nuestro hermano Fernando Burriel op. Es cierto que a ciertos problemas la faltan datos... sí…, nuestros datos. Pero creo que después de que un tal Jesús de Nazaret fuera resucitado por su amor, hace que esos datos se vayan organizando como un puzzle y que nosotros vayamos encontrando esas piezas. Pero mi querido amigo caminante, tú lo sabes, hace falta moverse y entonces lo vas encontrando en cada paso. Es cantar al compás de sus pies. El que es rozado por su aliento, no se guarda caminando por la ribera, sino que tiende su vela intrépida al viento y cabalga sobre las olas turbulentas. Quien abre sus puertas de par en par y sale, recibe su saludo. Y no se para a contar su ganancia, ni a lamentar su ruina, sino que siente latir su corazón como tambor en marcha; porque él va siempre andando contigo, compañero caminante. Sigamos buscando la verdad, como bien dices, esa verdad que va dando respuesta y solución a esos datos. Tagore hablando sobre el encuentro con la muerte nos dice: "El niño cuando su madre le quita el seno derecho, se echa a llorar; pero al punto encuentra en el izquierdo su consuelo". Creo es una buena respuesta a esa falta de datos… ¿no crees amigo compañero caminante?
    Javi Espinosa op

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