martes, 24 de febrero de 2009

Cuaresma – Pascua: Atrévete a vivir

A veces es difícil entender las cosas cuando se las saca de su contexto o simplemente llegan a nosotros fragmentadas. Algo de esto ocurre con la Cuaresma y con la Pascua. Tomarlas o vivirlas aisladamente no tiene ningún sentido, si bien la segunda destaca porque da sentido y cumplimiento a la primera.

Me gustaría significar la unidad de ambos tiempos a través de dos actitudes que se expresan en un lema: “atrévete a vivir”. Atrevimiento y coraje para aprovechar la cuaresma y llegar a la Pascua sin miedo a vivir. Para mucha gente ver que el lema de una cuaresma sea “atrévete a vivir” puede resultarle chocante o incluso desacertado. Pero, ¿por qué proponer un lema vitalista a un tiempo que confusamente se asocia a una concepción rancia de la ascética y del sacrificio?

La Cuaresma ha de entenderse en función de la Pascua, el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte. Por eso como leitmotif de este tiempo de Cuaresma, preparatorio –insisto- para la Pascua, propongo una canción vitalista: “Vive ya” (traducida como “Vivere” en italiano y “Dare to live” -Atrévete a vivir- en inglés), interpretada por Laura Pausini y Andrea Bocelli. Su mensaje puede ayudarnos a percibir el trasfondo de la cuaresma que, como sabemos, nos propone tres medios básicos para llevar a buen término esa preparación: oración, ayuno y limosna.

Orar es hablar con Dios de los demás para poder luego hablar a y con los demás de Dios. Pero sabemos que orar no es fácil. Se trata de una experiencia que puede resultar muy gratificante pero también muy exigente, pues requiere capacidad de escucha, sinceridad, honestidad, empatía, y muchas más cosas. Hablar con Dios es peligroso porque puede contestarnos. Eso sí, después de ejercitarnos espiritualmente en la Cuaresma, deberíamos ser capaces de comprender algo que nos dice la canción: después de Dios está sólo Dios.

En una ocasión una amiga me dijo que había tomado conciencia de que tener a Dios como lo más importante de la vida tiene sus consecuencias. ¡Es cierto! Poner a Dios en el centro de la vida es la clave para evitar caer en la tentación de perderse en lo superfluo y en lo banal (representado en el evangelio por lo material, el poder y la falsa gloria). Ante ello, Jesús nos muestra el camino: retirarse al desierto para sumergirnos en la profundidad de nuestro corazón (primer domingo de Cuaresma) y también subir a la montaña –al monte Tabor- para experimentar que al transfigurarse Dios en lo humano, se nos expresa que lo humano está llamado a trascenderse hasta Dios (segundo domingo).

El ayuno es, sin duda, la más controvertida e incomprendida de las propuestas cuaresmales. Ayuno de qué y para qué, se pregunta el hombre contemporáneo, cada vez más ajeno a la palabra ‘sacrificio’ (= entrega, donación). Pues ayuno de aquello que colma engañosamente el hambre de felicidad y la sed espiritual. Ayuno de lo falso como los templos de la religión de las piedras que no expresan la que sí es la verdadera religiosidad, la de las personas (“Destruid este templo y en tres días lo restauraré”, nos dirá Jesús en el tercer domingo). Y, sobre todo, ayuno de todo lo que nos hace mal y nos sume en la tiniebla sin dejarnos ver la verdadera luz (cuarto domingo). Dice la canción que no se puede vivir sin un pasado. Todos sabemos que no podemos vivir ni entendernos sin nuestro pasado, pero ese pasado no puede ser un lastre que hipoteque nuestro presente ni nuestro futuro. La luz de la misericordia infinita de Dios habrá de brillar en nuestro ser para poder mirar hacia delante, al final de la Cuaresma, en la Pascua, en el paso de la tiniebla a la luz, de la muerte a la vida: ¡atrevámonos a vivir!

Pero de nada sirven la oración y el ayuno si se quedan en meros ejercicios de culto a nuestro ‘yo’ y a nuestra vanidad. Por eso la Cuaresma nos propone la práctica de la limosna, la práctica de la más pura acción evangelizadora: el mandamiento del amor. Dialogar con Dios y desprendernos de lo que nos sobra deben ser caminos rectos que nos pongan en camino al encuentro de nuestros hermanos, al encuentro de los demás. Y no hay recetas mágicas, sólo sabemos lo que Jesús nos dice: “si el grano de trigo no muere en la tierra es imposible que nazca fruto, pero si muere da mucho fruto” (quinto domingo). El que ama una vez, ama siempre y por eso el amor no admite medias tintas, sino entrega y donación total.

Y eso nos lleva, tras asumir nuestra llamada a subir a Jerusalén (domingo de Ramos), a la tarde de Jueves Santo, pero eso ya lo trataremos en su momento. Os invito a escuchar la canción y a meditar con ella. Ojalá que esta Cuaresma nos lleve más allá de las falsas apariencias a la búsqueda del amor verdadero y nos estimule a poner en juego lo que verdaderamente poseemos: nuestra persona y nuestra vida.

¡Vivamos ya! ¡Atrevámonos a vivir!


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1 comentario:

  1. Francamente un resumen buenísmo de la liturgia de estos domingos cuaresmales y su implicación profunda para la vida.
    El "lema" muy sugestivo: ATREVETE A VIVIR
    En eso estamos.
    maría

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